Monumentos porteños maltratados

El rico y abundante patrimonio escultórico de Buenos Aires se encuentra en peligro por falta de cuidados.

Uno de los muchos libros que documentan en forma fehaciente la riqueza y variedad del patrimonio escultórico urbano porteño es Buenos Aires en piedra y bronce . Desde artistas mundialmente célebres hasta ignotos artesanos han contribuido a acrecentar ese patrimonio al compás del crecimiento de la ciudad, y ese conjunto es uno de los motivos de atracción para el turismo. Sin embargo, no se lo preserva en la medida adecuada ni es cuidado con la dedicación que merece.

Abundan los ejemplos. La despreciativa ignorancia de unos cuantos desubicados agrede de manera impiadosa a los monumentos y a las estatuas, reiteradas e indefensas víctimas de leyendas de todo tipo e improvisadas carteleras en las cuales son malamente expresadas las más diversas aspiraciones políticas.

Ha sido el caso, por ejemplo, del monumento a los Dos Congresos, que en el extremo oeste de la plaza del Congreso paga caro su pecado de alzarse frente al palacio legislativo. Nunca está del todo a salvo de la agresividad irresponsable, incluso ahora que ha sido protegido mediante una antiestética, pero imprescindible, verja.

Las ofensivas pintadas de las que fue objeto impusieron, por la fuerza, lavarlo una y otra vez, ejercicio que ha terminado por dejar hondas huellas de desgaste en la superficie de su imponente estructura, en la cual se extraña la grandiosidad de sus juegos de agua.

Los vecinos de la plaza Alemania, en uno de los sitios más lindos de la amplia extensión del parque Tres de Febrero, están inquietos porque sigue paralizada desde hace más de un año la fuente denominada «Riqueza agropecuaria argentina», donada por la colectividad alemana en ocasión de los festejos del Centenario.

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Según testimonios, en lugar de permitir que los transeúntes se regodeen con su espléndida fisonomía, la fuente duerme un sueño de agua estancada.

Peor suerte ha corrido, sin duda, la estatua de Bernardo de Irigoyen, emplazada en el ángulo sudoeste de la plaza Rodríguez Peña, en Callao y Paraguay. Tras la eliminación de las irrespetuosas leyendas que desmerecían a esa obra de arte, es evidente que alguien se olvidó de ella. Hoy en día, una generosa capa de mugre obra a modo de oscura pátina, debajo de la cual se adivinan los rastros de la casi desaparecida blancura de la imagen erguida de aquel hombre público.

Apenas tres muestras de un irreflexivo presente, en que el maltrato inferido a las obras de arte que deberían realzar nuestras plazas y paseos es una hiriente demostración de la pésima educación cívica de muchos y desaprensivos vecinos, y, asimismo, de la escasa vocación preservacionista de los funcionarios locales.

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Fuente: 

 

Diario La Nación 12/4/2010

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