Misterios en torno al hallazgo de una supuesta obra de Da Vinci en Suiza

La policía italiana incautó ayer, antes de que fuera vendido por 150 millones de euros, un retrato de la marquesa Isabella d’Este desaparecido hace 500 años.

Mirada enigmática, labios, manos y cabellera estilo Gioconda. Aunque nadie aún puede asegurarlo al ciento por ciento, habría sido recuperada en una caja fuerte de un banco suizo una pintura de valor inestimable: el retrato de Isabella d’Este, que se atribuye al gran maestro del Renacimiento italiano Leonardo da Vinci (1452-1519). La pintura estaba por venderse en unos 150 millones de euros a compradores árabes. Se encontraba en Lugano, Suiza, y fue secuestrada ayer por la policía financiera italiana después de largas investigaciones que se habían iniciado tras el hallazgo de una carta en la que se pedía vender la obra a un intermediario. La nota indicaba un precio: no menos de 95 millones de euros. Pero los carabinieri del patrimonio artístico de la ciudad de Ancona y la policía financiera de Pesaro -centro de Italia- lo impidieron. Fueron ellos quienes ayer secuestraron la pintura, que había sido exportada ilegalmente a Suiza y que ahora volverá a Italia para ser sometida a diversos peritajes y que pueda verificarse su autenticidad. ¿Precursor de laMonna Lisa? Para muchos, este óleo sobre tela, de 61 x 46,5 centímetros, es obra de Leonardo da Vinci y precursor de la famosa (y muy parecida, en cierto sentido) Gioconda o Monna Lisa, de acuerdo con peritajes técnicos que lo convierten en plenamente compatible, en cuanto a datación, con la pintura de las primeras décadas del siglo XVI. En octubre de 2013, una nota publicada en la revista del Corriere della Sera había dado cuenta del hallazgo de esta pintura en una caja fuerte de un banco privado suizo después de 500 años. El descubrimiento, casi de casualidad, tuvo lugar entre unas 400 piezas de la colección privada de una familia italiana que vive entre Italia y Suiza. El profesor Carlo Pedretti, máxima autoridad en Leonardo, no dudó entonces en confirmar la autenticidad del lienzo, sin embargo, fue puesta en duda por otros expertos. Es que el retrato de Isabella d’Este siempre fue una obra envuelta en el misterio. Centenares de historiadores del arte la buscaron durante décadas, llegando a pensar que nunca había sido realizada. El enigma se remonta a diciembre de 1499, cuando Milán, en manos del duque Ludovico Sforza – «el Moro»-, mecenas de Da Vinci, que allí pintó la Última cena, fue invadida por los franceses. Leonardo huyó de la ciudad y se refugió en la corte de los Gonzaga, en Mantua, una de las más prestigiosas de la época. Allí fue huésped de Isabella d’Este, mujer de Francesco Gonzaga y hermana de Beatrice, mujer de «el Moro». La marquesa d’Este, que desde antes conocía al gran pintor y no ocultaba su fascinación por sus dotes artísticas -admiraba la belleza del cuadro que le había hecho a Cecilia Gallarini, la famosa Dama del Armiño-, le pidió entonces un retrato. Y Leonardo accedió: luego de dibujarlo con carbonilla -esa pieza se encuentra en el museo del Louvre- le prometió, según lo testimonian cartas y relatos diversos, «hacerla de color». Para el profesor Pedretti, Leonardo cumplió esa promesa en sus últimos años, antes de realizar la célebre Gioconda, cuando fue hospedado en el Vaticano, invitado por Giuliano de’Medici, hermano del papa, y con la ayuda de algunos discípulos. Además, en ese mismo período, en 1514, Isabella d’Este había estado viviendo en Roma, también invitada por el pontífice y por Giuliano. Habría sido en ese momento el encuentro que quedó inmortalizado en el óleo encontrado ahora, después de cinco siglos y en el cual, según Pedretti, puede notarse la mano de Leonardo, especialmente en el rostro de la mujer. El retrato de Isabella d’Este representaría un estudio precursor de la Gioconda y, en cierto sentido, complementario. «Una suerte de álter ego», escribió en la revista del Corriere della Sera, en octubre de 2013, Verónica Artioli, al destacar «la ambigua elección de la pose, la inédita posición de las manos, y, sobre todo, la intensa y profunda mirada lanzada más allá del campo visual, más allá del corte de perfil, querido por la marquesa, que no amaba enfrentar el difícil diálogo de los ojos en los ojos». Una obra seguramente maravillosa ha vuelto a ver la luz. Habrá que esperar ahora ulteriores análisis para saber, rotundamente, si es éste el misterioso retrato que le hizo Leonardo a Isabella d’Este, reaparecido después de 500 años. por Elisabetta Piqué Fuente: 

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Diario La Nación 11/2/2015

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