«Misión cumplida»

Hoy se publica por última vez .La periodista, de 91 años, heredó de su marido la columna diaria. Y desde 1957 la escribió con un estilo inconfundible.

Fue un faro, una guía, una luz, una lucecita si quieren, de esas que casi ni se notan pero que se hacen sentir cuando iluminan, y siempre iluminan; fue café de trasnochados, almohada de insomnes, paño de lágrimas, cobijo de amores, consuelo de desdichas, refugio de esperanzas; creó lazos, enalteció valores, distinguió a postergados, rescató del olvido, olvidó a los irrescatables, forjó amistades, cantó en prosa, cantó en verso, en sonetos y alejandrinos, cantó coplas anónimas, célebres, contundentes, sencillas y limpias, cantó siempre; hizo camino al andar, como quería Machado; fue una biblia pagana, prosaica, tanguera y universal; tenía adjudicada una porteñidad que ya no era, que se identificaba con todo el país y con los argentinos que vivían fuera el drama de los exilios o el albur de la aventura y de la nostalgia; fue, en muchos casos, la primera plana de este diario porque miles de lectores empezaban el día por ese recuadrito de contratapa que hoy, triste domingo, deja de aparecer.

Se va Clarín Porteño. Para siempre. No hay retorno. Su madre y amante, la pluma que lo escribió día por día a lo largo de los últimos cincuenta y siete años, está cansada. Cora Cané, periodista de alma, obsesiva y fervorosa, vasta en su cultura como en su mano extendida, es quien está cansada. Tiene 91 años (“Aunque parezco de noventa…”) cree que todo debe tener un fin. Y nos deja huecos, solos, desangelados. Ya no puedo escribir a máquina porque estoy operada de la vista, me ayuda mi nieta Cecilia en la computadora; tampoco tendría fuerzas para escribir a máquina y han sido cincuenta y siete años. Clarín Porteño ha sido una prisión, una prisión agradable, pero una prisión. Me han achacado algunos males y pasé por algunos quirófanos; en la terapia intensiva pensaba en la sección. Cuando quería relajarme un poco y adelantaba una semana, ya a los tres días tenía que retomar porque ya se fueron tres días de adelanto… Y yo no he hecho una columna fría, de oficio; ha sido muy personal, de mucho afecto, muy familiar con los lectores. Yo creo que todo cumple un ciclo en la vida. Mi cansancio es físico, no intelectual; tengo EPOC porque fumé como una bestia, aunque hace ya treinta y cuatro años que no fumo, me fatigo si tengo que caminar. Creo de verdad que el ciclo está cumplido. Y se divide en dos: mi profesión de periodista y mi vocación por la literatura: tengo catorce libros publicados, pero la literatura nunca me dio de comer; nadie come de la literatura, salvo Borges, ahora María Kodama, García Márquez, unos pocos. Y he tenido la suerte enorme  de poder tener esta sección que ha sido como un diarito dentro del diario, en la que escribí siempre con total libertad. Creo que ya es necesario respirar. Cora Cané es Cora María Bertole de Cané. Casada con el escritor Luis Cané, uno de los periodistas fundadores de Clarín, que se echó al hombro la tarea de escribir Clarín Porteño y alimentar esperanzas cuando todavía humeaba en el aire la estela de las armas atómicas y los millones de muertos de la Europa de posguerra. Cané murió en marzo de 1957 después de pelear contra el cáncer un año, año en el que Cora llevó adelante la sección. Dos meses después de morir Luis, me llamó Roberto Noble y me dijo: “Corita, la sección es suya”. Y me la dejó con todos los beneficios que tenía Luis: sueldo, categoría antigüedad… Tomá aquí tenés el primero que publiqué. (ver en la página siguiente) Es del 29 de mayo de 1957. Desde entonces, Cora y Clarín Porteño han sido uno solo. Durante más de medio siglo fue un atalaya desde el que su autora nos vio y nos retrató, aunque casi sin dejarse ver, mientras era testigo de las profundas transformaciones del país y del mundo. Vi pasar todos los ciclos, los gobiernos, subidas y caídas; los que parecían que no se iban a ir nunca, caían estrepitosamente. Vi caer montañas siempre con una idea fundamental: no herir al otro; no usar un medio público para crearle al otro una situación incómoda. Eso no significa que he estado fuera de la realidad, pero siempre traté de dejar una puerta abierta para que el tipo que me lee a la mañana no se deprima. Después, Clarín Porteño no ha tenido receta. Si me pongo densa y filosófica al principio, tengo tendencia, va lo ligero: el saber popular, una coplita… ¿Cuántos “Lo importante” escribí? Sacá la cuenta: cincuenta y siete años, todos los días… Deben ser cerca de veintiún mil. Y, para mí, hoy, lo más importante es no perder la energía y la esperanza. Un periodista no debería nunca decir adiós. Los huecos se llenan, pero los espacios, no. Y el espacio en blanco que deja la decisión temeraria de Cora es irreemplazable porque nació irreemplazable. Por supuesto  que hay pena. Uno se arranca cincuenta años de su vida de golpe. Porque en esa sección pasó la vida: la mía y la de los otros. Lo único que puedo decir en este caso es “misión cumplida”. Hice bien mi trabajo, he creado grandes afectos y así me lo demostraron el otro día, cuando me hicieron esa foto en el diario. No siento que me voy de Clarín, no siento una ruptura. Voy a mantener los vínculos, no pienso alejarme del diario. Me voy porque tengo que escuchar una voz muy importante que es la de mi propio cuerpo. Y mi propio cuerpo me dice: “Cora, tenés 91 años, pará un poquito”. Cora, hermana nuestra del Clarín Porteño, te vamos a extrañar. por Alberto Amato Fuente: 

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Diario Clarín 14/12/2014

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