Marie Curie, una vida dedicada a los descubrimientos

En 1911, Marie Curie recibía su segundo Premio Nobel. Esta segunda vez, lo ganó sola y fue el de Química, “en recomiendo por sus servicios para el avance de la química con el descubrimiento de elemento radio y polonio, por el aislamiento del radio y el estudio de la naturaleza y los componentes de ese elemento remarcable”, según argumentó el jurado.

La científica, que había nacido en 1867 en Varsovia (la actual capital de Polonia), forma parte del exclusivo grupo de mujeres galardonadas con el Nobel de Química. Desde 1901 hasta ahora, entre 159 premiados, sólo hubo cuatro mujeres. La segunda mujer en conseguirlo fue su hija, Irene Joliot-Curie, quien lo compartió con su marido Frédéric Joliot, en 1935. Marie Curie no tuvo una vida fácil. A los 11 años, su madre murió de tuberculosis y su hermana mayor, por fiebre tifoidea. A los 24 se fue a París, Francia, para estudiar matemática y física en la Universidad de la Sorbona. Allí conoció a quien luego se convirtió en su marido, Pierre Curie, con quien compartió su primer Premio Nobel: el de Física en 1903. Enviudó tres años después. Días atrás, se conoció gran parte de la correspondencia entre Marie Curie y sus hijas, a través de un libro que acaba de publicar su nieta y física, Hélene Langevin-Jolliot.

En 1911, Marie Curie tuvo que enfrentar brulotes xenófobos y racistas desde los medios franceses. Pero ella siguió en el laboratorio y con sus clases. Al estallar la Primera Guerra Mundial, con Irene ya entrenada, armó unidades radiológicas móviles y capacitó a 200 técnicas para los puestos fijos en el frente.

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Marie Curie junto a su esposo.

Fuente: 

Diario Clarín 22/2/2011

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