Malvinas: por qué se perdió la guerra

“Ha quedado demostrada la falta de preparación y organización del país para una guerra”, sentencia el histórico Informe que evaluó las responsabilidades que llevaron a la derrota con Gran Bretaña.

 Improvisación, falta de planificación y preparación adecuadas, Fuerzas Armadas no preparadas para un conflicto de esas características y magnitud, ausencia de una conducción conjunta. El Informe Rattenbach analiza exhaustivamente las causas que llevaron a la derrota en la guerra de Malvinas, además de ser lapidario respecto de las responsabilidades de la Junta Militar que gobernaba el país, encabezada por el general Leopoldo Fortunato Galtieri. “Ha quedado demostrada la falta de preparación y organización del país para una guerra” , sentencia el histórico informe que fue difundido por el Gobierno de manera completa ayer, luego de que la presidenta Cristina Kirchner ordenara su desclasificación el 7 de febrero pasado, en este año en que se cumple el 30° aniversario de la guerra. Concluido el conflicto con Gran Bretaña, la última Junta Militar dispuso en 1982 constituir la Comisión de Análisis y Evaluación de las Responsabilidades del Conflicto del Atlántico Sur, que estuvo integrada por seis altos jefes militares retirados (dos por cada fuerza) y presidida por el teniente general (R) Benjamín Rattenbach. Este documento había permanecido con clasificación de “secreto” aunque el primero de sus 17 tomos -el “Informe” propiamente dicho- ya en los años 80 fue filtrado y publicado, aunque con algunos párrafos adulterados para ocultar responsabilidades como las del ex represor Alfredo Astiz, un personaje notorio de la “guerra sucia” pero que se rindió en las Georgias del Sur sin combatir, y para quien la Comisión Rattenbach pidió la apertura de un sumario militar. Como sea, y aun en los aspectos que sí eran conocidos, el Informe y sus conclusiones adquirieron ahora carácter oficial . Galtieri era el tercer presidente de facto de la dictadura instaurada en 1976. Retenía el cargo de comandante en jefe del Ejército, y completaban la Junta Militar el almirante Jorge Isaac Anaya y el brigadier Basilio Lami Dozo. La represión ilegal con sus miles de asesinados y desaparecidos estaba prácticamente consumada y acuciada por la crisis económica tras implantar un modelo de valorización financiera, endeudamiento y desindustrialización, la dictadura a la que notorios generales imaginaban continuidad hasta el año 2000, ya agotada, buscaba correr hacia adelante explotando la causa nacional de Malvinas. Pero la caída de Puerto Argentino el 14 de junio implicó el final de la dictadura, ya fracasada en el terreno político, con el llamado a elecciones democráticas en 1983. “Las causas de la derrota” en Malvinas dan título a uno de los capítulos del Informe. Rattenbach y los otros cinco altos jefes militares enumeran fallas de orden político, en el planeamiento, en la conducción, y en la oportunidad elegida “libremente” para recuperar las Islas. En este sentido señalan que el país estaba “postrado” por la crisis socioeconómica, mal parado en el frente externo entre otras causas “por el problema de los derechos humanos” y porque al “adelantarse” la “Operación Azul” (la toma de Puerto Argentino, luego llamada “Operación Rosario”) no se había completado el equipamiento de las FF.AA. ni su preparación, y era “el peor momento del año” en cuanto a condiciones climáticas. El Informe cuestiona “lo erróneo” de los dos supuestos que “condicionaron la concepción política y estratégica de la Junta Militar: que Gran Bretaña no reaccionaría militarmente y que los EE.UU. no permitirían una escalada militar”. En cuanto al planeamiento, “cubrió básicamente sólo la etapa de la ocupación de las islas”. Y por falta de planificación se dio lugar a que “las operaciones posteriores se fueran improvisando y ordenando sobre la marcha”, señala una frase destacada en mayúsculas en el original, tipeado a máquina de escribir de la época. “Los procedimientos adoptados por la Junta Militar condujeron a la Nación a la guerra sin una adecuada preparación, contradiciendo normas esenciales de planificación y engendrando así , errores y omisiones fundamentales”, concluye. El Informe señala que “no existió” una conducción conjunta, lo que constituyó una “debilidad decisiva para nuestras FF.AA.” en la confrontación “con un enemigo altamente capacitado”. También cuestionó que “no fueron acertadas” las medidas para defender las Islas, que no hubo “acción conjunta” y que parte de las tropas evidenciaron “falta de espíritu de lucha” y “desmoralización”, aunque elogió la conducta de varios comandos y unidades. La Comisión evaluó que resultó “e vidente la inferioridad técnica de nuestras tropas con respecto al enemigo” . Resaltó las deficiencias sobre todo en el Ejército por el “muy breve tiempo de capacitación” de sus tropas y que la improvisación en el campo logístico hizo que muchos medios técnicos y equipos no pudieran llegar a destino. Rattenbach encuadró la conducta de la Junta dentro de la pena de muerte Puso el desempeño de Galtieri y otros en las penas más graves del Código Militar. La dureza con que la comisión Rattenbach evaluó las responsabilidades individuales, tanto las políticas como las militares, en el conflicto del Atlántico Sur, ayuda a entender por qué la dictadura mantuvo el carácter secreto sobre este documento, y también luego por muchos años -aún en democracia- hubo trabas para su difusión. Aunque su análisis no era vinculante , la comisión estableció que el desempeño de los tres miembros de la Junta Militar que había gobernado el país y llevado a la guerra encuadraba en artículos del entonces vigente Código de Justicia Militar (que fue derogado recién en 2008) que preveían las más graves penas, como los artículos 737, 740, 747 y 839. Para el caso del general Leopoldo Galtieri y del almirante Jorge Isaac Anaya, desde la reclusión por tiempo indeterminado a la pena de muerte; y para el brigadier Basilio Arturo Ignacio Lami Dozo, desde la destitución a la reclusión o prisión mayor. De acuerdo con sus pares militares de la comisión encabezada por el general Rattenbach, los tres miembros de la Junta habían sido responsables de “conducir la Nación a la guerra con Gran Bretaña, sin estar debidamente preparada para un enfrentamiento de estas características y magnitud, con las consecuencias conocidas de no lograr el                                         General Rattenbach objetivo político y de haber colocado al país en una crítica situación política, económica y social”. A Galtieri, en particular, lo responsabiliza por “ confundir un objetivo circunstancial de política interna (necesidad de revitalizar el Proceso de Reorganización Nacional) con una gesta de legítima reivindicación histórica, y dar lugar a que se interpretara que pretendía capitalizar para sí el rédito político , en caso de una solución favorable”. El análisis también fue implacable respecto del canciller Nicanor Costa Méndez, de quien se consideró que tuvo una actuación “relevante y vital” durante la etapa de negociaciones diplomáticas. Entre otras cosas se lo responsabilizó de “no apreciar debidamente la reacción internacional ” que ocurriría con la ocupación de las Islas, en particular la reacción de Gran Bretaña y de los EE.UU., que no permaneció neutral sino que prestó apoyo político y logístico a su aliado histórico. La Comisión estableció también responsabilidades individuales en lo penal militar y en lo disciplinario militar de otra docena de altos mandos durante el conflicto. Respecto del comandante y gobernador militar de las Islas, el general Mario Benjamín Menéndez, también encuadró su desempeño dentro de los artículos del CJM que establecían las más duras penas. El entonces teniente de navío Alfredo Astiz figura en ese listado y la Comisión recomendó la instrucción de un sumario por haberse rendido en las islas Georgias sin combatir.  por Guido Braslavsky  «La Argentina nunca va a obtener la soberanía» de MalvinasPor Marcelo Larraquy, enviado especial Lo dijo Dick Sawle, uno de los duros consejeros del gobierno de las islas. «Queremos seguir bajo soberanía inglesa. Estamos contentos con eso». Duro. Intransigente. Un halcón. Dick Sawle (58), uno de los ocho consejeros isleños que conforman el gobierno local, es uno delos férreos defensores de la postura inglesa sobre Malvinas. No duda cuando Clarín.com le pregunta por el tema: «La Argentina nunca va a obtener la soberanía» de las islas. Sawle, nacido en Inglaterra, fue electo en el 2009. Llegó a las islas Malvinas en 1986 como profesor de español y fundó una compañía de pesca que vendió hace dos años. Entonces, se presentó como candidato a consejero y obtuvo el 74% de los votos en Puerto «Stanley». Hizo su campaña electoral en el supermercado West Store, sobre la Ross Road, la calle principal de la isla Soledad que recorre la bahía. «Todo el mundo te conoce. Tengo una página de Facebook, te llaman a casa, estamos en el foco de la comunidad. No es necesario poner un afiche para una campaña electoral. Cada persona que se candidatea tiene la posibilidad de colocar 200 palabras con su mensaje en el periódico» Penguin News, el único que se edita en las islas, comentó Sawle. Sobre los reclamos argentinos de soberanía, y como era de esperar, Sawle se mantiene alineado con la posición de los isleños: «Nosotros, como pueblo y como país, estamos 100% de acuerdo con la posición británica; tenemos autodeterminación y eso significa respetar los deseos del pueblos, que son seguir bajo soberanía inglesa. Estamos contentos con eso». Sawle, que indicó que el gobierno local no recibió por escrito ninguna propuesta para los tres vuelos semanales que propuso Cristina Fernandez de Kirchner a principios de marzo, rechazó esa posibilidad tal como lo hiciera en su momento el gobernador británico del archipiélago, Nigel Haywood http://www.clarin.com/politica/gobernador-Malvinas-descarto-propuesta-Cr… . Durante la entrevista con Clarín.com habló sobre los recursos naturales de Malvinas, uno de los ejes en la disputa por la soberanía de las islas. «En nuestra Constitución, todos los recursos naturales de este país pertenecen al gobierno de las Falklands y todo lo que se puede sacar como beneficios de recursos naturales pertenecen a la Falkland Island Goverment. Por eso tenemos todas las decisiones sobre cualquier tipo de permiso de petróleo y pesca».  Galtieri creía que EE.UU. iba a ser neutral y dudaba de ChilePor Natasha Niebeskikwiat En su declaración dijo estar convencido de que Reagan no iba a apoyar a Londres. Que el Gobierno argentino tuvo desde el primer momento datos precisos de que Estados Unidos apoyaría a Gran Bretaña en el caso de desatarse el conflicto armado con el Reino Unido es uno de los puntos más destacados del Informe Rattenbach en su frondoso abordaje de las fallas en materia de política exterior, tanto de Leopoldo Fortunato Galtieri como de su canciller, Nicanor Costa Méndez. Con todo, las apreciaciones del dictador sobre su ¿ingenua? confianza en los Estados Unidos resultan desopilantes al lector. También llama la atención la naturalidad con que el general contempla la posibilidad de encarar dos frentes bélicos en el Sur al mismo tiempo, uno con el Reino Unido y el otro con Chile. Esta parte del relato comienza cuando en su interrogatorio para el Informe, el 19 de abril de 1983, se le pregunta porqué le causaba “asombro” a su “gobierno” la actitud probritánica de EE.UU. “América para los americanos”, empieza diciendo Galtieri. “la doctrina americana Monroe, los tratados existentes”, especifica. “Sí pensaba yo que -no obstante esa información- la actitud de Estados Unidos debería ser más equilibrada y distante”. Vale recordar que Galtieri pensaba también que el apoyo de Washington compensaría el envío de oficiales argentinos a Centroamérica en respaldo a la guerra sucia contra el comunismo que EE.UU. libraba allí. Pero después de haber ofrecido hasta “tres banderas” en las islas para resolver el conflicto el general Haig advirtió a los argentinos: “Señores, nosotros nos ofrecemos para negociar; pero cuidado, si la negociación fracasa y hay conflicto, en ese caso Estados Unidos va a estar del lado de Gran Bretaña”. El interrogador de Galtieri insiste si “no se creyó” en esa posibilidad, a lo que el fallecido general apunta: “No, en términos absolutos”. Un tramo más adelante se le pregunta si la Brigada de Corrientes enviada a la Patagonia para la protección de fronteras era “adecuada” para Malvinas. “Estaba previsto su empleo en el caso Chile, en la zona del Teatro de Operaciones Sur; no recuerdo si era la zona de Turbio-Natales o más al centro del dispositivo. Es decir estaba equipada en infantería para los rigores del clima donde iba a actuar. Y latitud de las Malvinas y Río Gallegos es similar”, comienza diciendo. Le insisten con que si la vestimenta y la instrucción de la tropa (ambas paupérrimas) eran para dicha misión. Y concluye que “era la disponible”. Ello era así, remarca, “ considerando que no era conveniente desguarnecer la frontera oeste por la información que se tenía de Chile , es decir que no se podía retirar unidades de montaña, era la infantería que se disponía: la Brigada X pura, de la provincia de Buenos Aires y la Brigada III, dado que tenía previsión el empleo en ese lugar”. Le cuestionan si sabiendo aún antes de la guerra en Malvinas que Gran Bretaña ya contaba con el apoyo de EE.UU., la OTAN, y la comunidad europea se iba a poder sostener la guerra en dos frentes, contra Chile, por un lado y con el Reino Unido por el otro. Y responde el hombre inmortalizado con su vaso de whisky en la mano: “No. La podíamos, enfrentar pero sin éxito” .  Pidieron sumariar a Astiz por rendirse en Georgias sin pelearPor Daniel Santoro La versión oficial del informe Rattenbach critica el accionar del represor en la guerra. La comisión Rattenbach lo había pedido con todas las letras: abrir un sumario contra el entonces teniente de navío Alfredo Astiz por haberse rendido sin combatir en Puerto Leith, ubicado en las islas Georgias. “El Angel Rubio” había sido mandado al frente un grupo de “lagartos” (comandos) con la intención de limpiar su Astiz, de unifirme y barba, firmando la rendición, en 1982 – Fotografìa Diario Clarín carrera, luego de su sangriento paso como agente encubierto de la ESMA en las Madres de Plaza de Mayo. Pero el 17 de mayo de 1982, un joven Astiz de barba firmó el acta de rendición a bordo del buque británico Plymouth (ver foto). En ese momento, Suecia y Francia pedían la extradición del marino por las desapariciones de la joven Dagmar Hagelin y las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Domon. Pero luego Gran Bretaña lo devolvió a la Argentina como prisionero de guerra. Este pedido de un sumario para un delito militar grave como rendirse sin combatir había sido borrado de la versión del informe que se publicó en 1983 en la revista “Siete Días” y había merecido, más tarde, una queja del propio Rattenbach. A fojas 277 se puede leer que Astiz “ rindió su tropa al enemigo, sin efectuar la debida resistencia . No se tiene conocimiento de que, en forma similar a lo indicado (con su colega el teniente Luna que estaba a cargo de otro grupo de comandos), el comando en jefe de la Armada haya ordenado la instrucción de un sumario”. El accionar de Astiz fue informado por el capitán de navío César Trombeta. El diferente tratamiento que tuvo Luna muestra una protección política desde la cúpula de la Armada quien, a pesar de este antecedente, siguió ascendiendo de grado hasta fines del gobierno del presidente Carlos Menem. La participación de Astiz en el conflicto había comenzado el 2 de abril cuando la fragata “Guerrico” llevó a sus comandos a las Georgias porque 22 marines y 13 civiles británicos estaban hostigando a los obreros argentinos que habían izado una bandera argentina en Georgias donde estaban desmantelando instalaciones balleneras. Este episodio desencadenó la guerra. El desembarco de los militares argentinos dejó un saldo de 3 muertos y 7 heridos. Luego se mandó al teniente Luna con 40 hombres a custodiar Grytviken y a Astiz y 10 hombres a Puerto Leith, junto con los obreros argentinos contratados por el empresario Constantino Davidoff. Más tarde la “Guerrico” y el “Bahía Paraíso” regresaron al continente con los 35 británicos que se habían rendido. Ambos se rindieron sin combatir y así se dejó asentado en el informe final. Pero en 1983, Rattenbach se enteró que la versión publicada faltaban las páginas referidas a Astiz y otros jefes militares y se quejó ante sus superiores. Por el faltante de estas hojas, tanto el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y luego la Cámara Federal porteño no condenaron a Astiz por su actuación en Malvinas. Recién el año pasado, el tribunal oral federal 5 condenó a Astiz a prisión perpetua pero por crímenes de lesa humanidad como miembro del grupo de tareas de la ESMA.                     Fuente: 

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 Diario Clarín 24/3/2012

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