Lou Andreas-Salomé 1861-1937

Nacida Luiza Gustavovna, del matrimonio formado por un general del ejército ruso y doña Salomé, dama recatada y acorde con su época, vio luz cuando ocurre en Rusia el movimiento de emancipación de los siervos de la gleba, que ocasionaría importantes cambios políticos en ese país.

Foto Página/12

Penetrar en la vida de esta mujer es tan difícil como nadar al borde de una catarata. Lou pertenecía al seno de una familia aristocrática, galardón devenido del poder del zar a su papá, por su actuación militar en la insurrección polaca de 1830. Este señor fallece cuando Lou cumple 17 años y nunca se repondrá de ese desconsuelo.

El telón de fondo de la tragicomedia que es la vida de la escritora se extiende desde la Revolución Rusa hasta el surgimiento del nazismo, que ella conocerá por estar ya en Alemania.

Esta criatura crece entre hombres. Siendo muy joven elige (siempre será ella quien elija) a un preceptor destacado en ciencia psicológica y filosofía: el holandés Hendrick Guillot, veinticinco años mayor que ella, casado y con hijos. Deslumbrado por la personalidad de su discípula, le ofrece divorciarse con el fin de casarse con ella; Lou no acepta y, ante los desaforados aprontes del señor, viaja junto a su mamá a Roma. Es el año 1880 y la tuberculosis es un mal corriente, como hoy lo es un resfriado. Ella viaja a Roma portando además del bacilo de Koch, un bagaje de conocimientos devenidos del maestro, de historia de las religiones, sociedades primitivas, simbolismo, lógica y metafísica. Justo es recordar que Lou concurrió a la Universidad de Zurich antes de su viaje a Italia. En 1882 resuelve conocer y manipular a Malwida von Meysenbug e invitar a unas reuniones culturales a Pau Rèe, intelectual notable; luego, este grupo convoca a Nietzsche. Integran un cuarteto desopilante, donde el único sorprendido es Nietzsche; la peor víctima será Rèe, que se suicida. Diré, resucitando un minuto a Rèe, que todos enloquecían de amor por Lou, y que ella aparecía indiferente salvo en cuanto a Malwida. Pero en la existencia de la escritora nada fue definitivo. Puede comparársela con un matador español en el ruedo asesinando toros.

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Nietzsche, después de la ruptura con Lou, se esconderá en una habitación monjil; advierte este infeliz enamorado que no es misógino, y que sólo le hacía falta alguien como Lou para desbarrancarse; cree morir de dolor de ausencia, trata de suicidarse como Rèe, y cambia de idea escribiendo uno de los poemas más bellos del mundo: Zarathustra, personaje que habla de esta manera: el verdadero hombre quiere dos cosas, el peligro y el juego. Pero ama a la mujer; el más peligroso de los juegos. Lou mantenía relaciones íntimas con muchos hombres evitando estancarse con alguno; huyendo del romance fragoroso que ata y obliga. En 1888 se casa con Fredich Andreas, profesor del Instituto de Lenguas Vivas de Berlín con la condición impuesta por ella de no mantener relaciones íntimas. Esta extraña esposa durante cuarenta y ocho años saltará cercados ajenos, y Andreas, consciente siempre la recibió.

En 1894, Lou conoce a Riené Rilke y le cambia el nombre por Rainer Maria Rilke. La relación con el poeta es sin duda profunda y la obra del mismo va teñida de Lou Andreas-Salomé. En 1911 participa de un congreso de psicoanálisis y conoce a Freud. Fue la primera mujer que accedió a su círculo. La obra más importante de esta escritora-psicoanalista es Compendio de algunos recuerdos de vida, un anecdotario sin literatura lineal. La directora Liliana Cavani, en su película Más allá del bien y del mal se inspira en los altibajos, aventuras y caprichos de esta inquietante dama de avanzada.

por Aurora Venturini

Fuente: 

Diario Página/12 11/6/2010


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