«Los sobrevivientes pactaron una versión oficial que no es la real»

Editado por Aguilar, el libro es una minuciosa investigación periodística sobre lo que ocurrió antes, durante y después del 23 de enero de 1989, cuando un grupo del MTP tomó el Regimiento de Infantería Mecanizada 3.

Fueron necesarias más de 70 entrevistas y un trabajo de archivo minucioso para lograr 300 páginas que, por primera vez, sistematizan gran parte de lo que hasta ahora fue un rumor, una idea difusa, una historia deshilachada. El resultado es La Tablada (a vencer o morir/la última batalla de la guerrilla argentina). Editada por Aguilar, se trata de una investigación periodística de Felipe Celesia y Pablo Waisberg que indaga lo ocurrido antes, durante y después del 23 de enero de 1989. Esa mañana, un grupo de militantes y dirigentes del Movimiento Todos por la Patria (MTP) tomó el Regimiento de Infantería Mecanizada 3. Según la versión oficial del MTP, que el libro desmiente, se trató de un asalto en defensa de la democracia ante la posibilidad de un nuevo golpe militar. El enfrentamiento dejó, entre los guerrilleros, un saldo de 29 muertos, varios heridos y cuatro personas que aún permanecen desaparecidas, de acuerdo a las cifras que manejan los periodistas. Los sucesos de La Tablada abrieron, entre otros, un debate sobre el uso de la violencia con fines políticos en la tensa transición democrática de la época. A 25 años de esos hechos, este libro resulta revelador no sólo porque propone revisar lo ocurrido sino porque, en muchos casos, sus protagonistas acceden a hablar por primera vez.  –¿Cómo surgió esta investigación? Felipe Celesia: –En 2007 publicamos la Biografía de Rodolfo Ortega Peña y en 2010, Firmenich. La historia jamás contada del jefe montonero. Este último trabajo requirió, por un tema de contexto, explicar en pocos párrafos qué había ocurrido en La Tablada. Y ahí encontramos una dificultad porque había una cosa insuficiente, oscura, donde nunca se terminaba de saber bien lo que pasó. Entonces nos dimos cuenta de que había un tema para investigar. Pablo Waisberg: –Nuestros libros suelen ser incómodos porque tocan temas pesados para sus protagonistas. De ahí la necesidad de tomarnos al menos tres años en cada uno. Porque si alguien –lo que en periodismo denominamos «fuentes»– tiene que abrirse a contar algo que le genera dolor, desconfianza o lo que sea, es necesario insistir pero a la vez, esperar. El tiempo te permite mostrarle a esa persona que tu libro va a salir sí o sí y avanzar en una maduración interna que le permita al otro decidir si la historia se contará con o sin su voz. Además, en nosotros también se tiene que ir asentando lo que vamos investigando. Por ejemplo, para este trabajo relevamos los 53 cuerpos de la causa más los 12 cuerpos de las actas desgrabadas del juicio. Todo ese material está en el juzgado de Morón. Esa información te permite hablar con tus fuentes desde una zona de conocimiento, algo fundamental cuando se abordan temas complejos. –El libro tiene dos grandes líneas. Por un lado, vuelve una y otra vez a lo ocurrido el 23 de enero incorporando distintos ángulos. De manera paralela, construye la historia del MTP y el camino que determinó la toma de La Tablada.  FC: –Sí, es una historia circular en ese sentido, que empieza y termina en el mismo lugar pero que en cada versión va brindando los distintos puntos de vista tanto de los militantes como de los militares y los detalles de lo que pasó. Nos interesó eso porque en general las versiones de lo ocurrido son muy sesgadas. Una investigación periodística debe aportar algo nuevo a lo ya sabido y en nuestro caso había varios detalles de lo ocurrido en el Regimiento de Infantería que no se habían contado hasta ahora. Además, no se entiende La Tablada sin la historia del MTP y viceversa. De ahí esta línea paralela. –¿Cómo caracterizan al MTP? PW: –Es un movimiento que arranca consustanciado con la nueva etapa democrática. Lo que intenta es captar a los cuadros políticos que salían de la cárcel o volvían del exilio, pertenecientes a la izquierda revolucionaria que habían sobrevivido en los setenta, en especial del PRT-ERP. Paralelamente, Enrique Gorriarán Merlo, con el sandinismo triunfante y luego de protagonizar la ejecución del dictador Anastasio Somoza, convoca con discreción a un grupo de militantes a Nicaragua para entrenamiento. Él buscaba hacer política sin desestimar el uso de las armas. Aquí, mientras tanto, la mayoría entraba a militar porque era un opción real de la izquierda en esta nueva Argentina, que ya era democrática, en un contexto de mucho debate sobre lo que había pasado durante la dictadura. Inicialmente se sumaron sectores dispares, desde la juventud vinculada al Partido Intransigente hasta Pablo Ramos (padre), que venía de participar en la ruptura con la conducción de Montoneros en abril de 1980. Incluso se sumó Pablo Díaz. Él recorría el país con La Noche de los Lápices, que era otra forma de ampliar el proyecto e incorporar militantes de distintas provincias. A ellos se suma una pata cristiana y una pata en las organizaciones con trabajo territorial y de base. Así convocan, por ejemplo, a Juan Antonio Puigjané. Empiezan a trabajar con algunos recursos que provenían de recuperaciones de secuestros en distintos lugares del mundo y también de los vínculos de Gorriarán con las redes de inteligencia cubana. Nicaragua no estaba en condiciones de poner dinero pero sí aportaba otros elementos logísticos, como pasajes aéreos. –En diciembre de 1987 se reúne la Mesa Nacional y se termina produciendo una ruptura ya anunciada por una serie de discusiones internas que incluían, entre otros temas, la formalización de Gorriarán al frente del MTP.  FC: –En ese momento, confluyen dos cosas. Una, que los militares avanzaban en sus planteos con el alzamiento de Semana Santa primero y luego en el caso de Monte Caseros y Villa Martelli. Ahora sabemos que los grupos de Aldo Rico y Seineldín no tenían margen para romper el orden constitucional pero sí para exigir reivindicaciones concretas como mejores salarios y el freno a los procesos judiciales por los crímenes de la dictadura. Además estaban dirimiendo una interna entre el viejo generalato, responsable de la represión ilegal, y los nuevos oficiales, que eran más «profesionalistas». Por otro lado, el MTP participa en las elecciones de medio término y nos les va todo lo que bien que ellos suponían. Ahí empieza un cambio de política porque Gorriarán entendía que con los modos de participación que estaban teniendo hasta entonces, la toma del poder quedaba lejos.  PW: –A partir de ahí el MTP abandona el frentismo, lanza su nueva línea política como partido de vanguardia y comienza a agitar el planteo de que se venía el golpe. Por eso decimos que el MTP prepara su toma desde un año antes. –¿Qué rol cumple Gorriarán en ese proceso? FC: –Ninguno de los que estaban en el MTP ignoraba que Gorriarán estaba adentro. El asunto era cuál sería su rol y su grado de visibilidad. En él anidaba la idea de avanzada política a través de la operación militar, algo que le había dado sus galones cuando protagonizó el asesinato de Somoza. Tampoco vamos a decir que nació de un repollo. Es heredero de una manera de construcción política de toda una etapa de Argentina y de toda una etapa de la izquierda. Era parte de una generación que abrazó las armas como un camino lógico y legítimo en un contexto político específico. Además, no olvidemos que por esa época, seguía clandestino. Así que tenía una percepción de la realidad argentina muy mediatizada por sus dirigentes. Desde ahí organiza el asalto.  –¿Por qué se elige La Tablada como punto de ocupación? PW: –Porque tenía vieja tradición carapintada y porque ahí estaba uno de los hijos de Videla, un capitán también llamado Rafael. Simbólicamente era un cuartel importante por lo revulsivo. A eso se suman los alzamientos previos, que los militantes interpretan como los límites de la democracia a defender. La estrategia era enmascararse detrás de Rico y Seineldín como forma de tomar el Regimiento, tal como evidencian los panfletos escritos a máquina que se encontraron en la mochila de uno de los dirigentes asesinados, Roberto Sánchez, que arrojaron apenas iniciaron la acción. –¿Qué ocurrió con los juicios? FC: –En todos los juicios orales hay dos relatos que se confrontan, el de inocencia y culpabilidad. Acá se arranca con una idea de culpabilidad probada. Estaba muy clara la voluntad de juzgarlos rápido y de manera ejemplificadora para que a nadie se le ocurriera volver a hacer algo así. En mayo empiezan los juicios que alcanzan a los 13 sobrevivientes del asalto, los seis del grupo de agitación y a Puigjané. Y en tres meses están condenados con las mismas penas que le habían dado a la junta militar. Por ejemplo, a Roberto Felicetti, uno de los principales cuadros del MTP le dan la misma pena que a Videla; a Puigjané, que Agosti.  PW: –El juzgamiento se enmarcó en la Ley de Defensa de la Democracia que apenas asumido el alfonsinismo había aprobado el Congreso para disuadir a los militares de hacer un golpe. Era una ley muy dura. Y terminan aplicándola por primera vez a militantes de la izquierda revolucionaria.  –Ustedes plantean que si esta historia permaneció silenciada es en gran medida por decisión de sus protagonistas.  PW: –Sí, los grandes responsables de ese silencio fueron los sobrevivientes del MTP que pactaron una versión oficial que no se condice con la realidad. En su momento ellos dijeron que había una amenaza de golpe y que habían hecho el asalto en defensa de la democracia. Eso no es cierto. Ellos fueron a hacer una insurrección, a exigir cambios de fondo y a intervenir en el gobierno de Alfonsín. Después, cuando salieron de la cárcel, Gorriarán se opuso a que dieran esta discusión de cara a la sociedad. Un grupo quedó abroquelado en ese mandato y al día de hoy insiste con que había amenaza de golpe. Hay otros interesados en que se empiece a discutir qué pasó realmente. Ellos fueron quienes en su mayoría accedieron a hablar con nosotros y a perforar un silencio de años. por Ivana Romero Fuente: 

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Diario Tiempo Argentino 5/3/2014

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