Los papeles que guardan el secreto de la conservación del cuerpo de Eva Perón

A las 8:25 del 26 de julio de 1952, tal como lo anunció en aquel momento el locutor radial con voz solemne, Eva Perón «entró a la inmortalidad». La frase distaba mucho de ser una expresión burocrática de circunstancia. Tampoco se trataba de una metáfora, sino que tenía un sentido literal. A 60 años de su muerte, Eva «es eterna en el alma de su pueblo» y su cuerpo, que luego del ’55 se convirtió en un botín de guerra, fue arrancado de la inevitable corrupción del tiempo gracias a la intervención de dos hombres que lo mantuvieron para siempre en los 33 años que tenía cuando el cáncer, celebrado por la oligarquía, le arrancó la vida. Esos hombres fueron Pedro Ara y Domingo Tellechea. Inmediatamente después de la muerte de Eva, Ara lo acondicionó para que fuera incorruptible y pudiera ser expuesto durante varios días ante el pueblo que lloraba su pérdida. Él vio este cuerpo por última vez en Puerta de Hierro en 1971. Tellechea lo restauró en 1974 por pedido de Oscar Ivanissevich, porque el largo periplo que, robado y desaparecido, realizara como botín de guerra, lo había deteriorado al punto de poner en peligro su conservación. Ara había muerto el año anterior, en 1973. Perón acababa de morir en 1974.

Tellechea, que vive en Brasil pero que viaja asiduamente a la Argentina, es un hombre inquieto que considera que aún tiene aportes que hacer a la historia argentina. Él tiene en su poder valiosos documentos manuscritos de Ara, pero entiende que deben formar parte del patrimonio público. Estos escritos narran con todo tipo de detalles de la técnica de conservación empleada por Ara con cada uno de los órganos. Además de su valor histórico, constituyen un material imprescindible si hubiera que volver a restaurar el cuerpo alguna vez. La intención de Tellechea es entregarle esos papeles en mano a la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, porque está seguro de que será ella la que sabrá encontrar un buen destino para esos documentos que no está dispuesto a entregarle a ningún otro funcionario. Los papeles, perfectamente conservados y clasificados, están a la espera de que la entrevista se produzca. En su último viaje a Argentina, Tellechea volvió a dialogar con Tiempo Argentino como ya lo había hecho en febrero de 2011 para explicar cuál es el valor de esos documentos, por qué están en su poder y por qué considera que la presidenta debe ser la depositaria exclusiva de ellos.  –¿Cuál es, concretamente, el material que usted tiene en su poder y que quiere entregarle personalmente a la presidenta? –Son los métodos que utilizaba Ara para la conservación de material de quirófano. –¿Están relacionados con la conservación del cuerpo de Eva Perón? –Por supuesto, porque fueron redactados específicamente para los hermanos Finochietto para explicar las técnicas utilizadas.  –¿Y qué relación tenían los Finochietto con Ara? ¿Por qué Ara debía informarles acerca de las técnicas de conservación que estaba empleando? –Porque eran sus jefes. Los Finochietto fueron tres médicos excelentes. Aunque Ara ya había realizado muchos trabajos de conservación, era bastante nuevo y, de alguna manera, aquellos informes eran una especie de examen que le tomaban los Finochietto que tenían conocimientos que dudo que tuvieran otras personas en aquella época. Los tres fueron fantásticos. Lo que yo tengo de Ara es un borrador, un manuscrito que necesariamente debió de haber pasado en limpio para que fuera leído por los Finochietto. En ellos explicaba cómo era la conservación de cada uno de los órganos de un cuerpo. Lo hizo a pedido de uno de los hermanos Finochietto que trabajaba con Ara en Córdoba. También yo tuve que hacer algo parecido en el momento en que me llamaron para restaurar el cadáver de Eva Perón que él había conservado. Todo eso lo cuento en La era de los golpes. Restauración del cadáver de Eva Perón, un libro que usted conoce y que aún no tiene editor. El material que tengo no sólo está manuscrito por Ara, sino que, además, algunos de sus páginas están escritas sobre el recetario de los Finochietto. Es muy importante por eso, porque permite ver claramente la procedencia.  –¿Cómo llegó a usted ese material? –Me lo entregó un alumno, Jorge Arias. Fue así: el primer depositario fue Expedito Toppa, tío de la persona que me entregó esos papeles, es decir, de Arias. –¿Y Expedito Toppa por qué tenía ese material en su poder? –Porque trabajaba en Córdoba junto con Ara. Era médico y su sobrino era estudiante de Medicina y luego fue docente. Cuarenta años atrás Toppa se los entregó a Arias, quien los tuvo en su poder diez años más. Arias era docente y se desempeñaba en la Escuela Nº 7 Esteban Echeverría. El primer depositario, por supuesto, no vive. Había nacido en Italia y luego estudió en la Facultad de Medicina de Córdoba. Oscar Ivanissevich, que era muy amigo mío, era uno de los mayores estudiosos de esas técnicas. Fue él el que me llamó a mí, prácticamente me intimó, a llevar a cabo la restauración del cuerpo de Eva Perón. Él había sido el médico personal de Eva. Yo también pasé, sin saberlo en ese momento, por la misma instancia de Ara. Describí todo lo que hice sobre el cuerpo de Eva. Ivanissevich me instó a hacer el trabajo en una semana, y yo más o menos cumplí, a pesar de que fue sumamente complicado. Trabajé día y noche, no es que sólo trabajaba de día. En mi libro hay fotografías de las partes dañadas que yo había trabajado en la morgue judicial y conocía muy bien cómo se hacía lo que me habían encargado. Aún conservo una pieza relacionada con los traumatismos craneanos que pienso donar al museo policial. Entre el material que tengo de Ara hay también unas páginas de revista muy viejas donde aparecen documentos de sus estudios tanto en España como aquí. Aquí, antes de hacer la tarea de conservación del cuerpo de Eva, también había realizado otros trabajos.   –¿Por qué cree que Arias le entregó esos papeles a usted? –Porque tenían que ver con lo que yo había hecho, dado que me los entregó con posterioridad al trabajo de restauración que yo hice sobre el cuerpo de Eva Perón.  –¿Cuál es el volumen de esos papeles escritos por Ara? –No sé cuántas páginas son porque no las he contado, pero son varias, como tendrá oportunidad de comprobarlo usted misma.  –Usted tiene la intención de donar esos papeles al Estado Nacional, ¿no es así? –Sí, exactamente. Creo son documentos que forman parte de la historia de los argentinos. –Pero sólo está dispuesto a entregárselos personalmente a la presidenta. ¿Por qué? –En un viaje anterior fui a visitar el Museo del Bicentenario y pude comprobar en qué había quedado el trabajo nuestro del descubrimiento de las partes del Fuerte (ver recuadro), me asusté, porque lo que han hecho es una barbaridad. Creo que nadie sabe los desastres que se habían hecho en términos de conservación porque prácticamente no queda nada. Cuando yo, como director del Museo de la Casa de Gobierno, descubrí la entrada del Fuerte, había llegado a determinar cuáles eran los ladrillos que se habían hecho aquí y cuáles los que se habían hecho en España, habíamos hecho un trabajo importante. Cuando yo me voy del Museo de la Casa de Gobierno, se produce el golpe militar y no quedó nada. El mayor historiador argentino que trabajó sobre la época de la conquista fue Enrique De Gandía, quien era quien nos asesoraba a nosotros, incluso sin cobrar, por puro placer personal. Creo que si hoy pudiera ver lo que quedó de todo aquello, se sentiría muy mal. Lamentablemente, De Gandía murió hace tiempo, creo que en el año 2000. De la documentación que había sobre el trabajo hecho en el Fuerte de Buenos Aires nadie sabe nada. Viendo lo que sucedió, me pregunto a quién podría confiarle yo los documentos de Ara si no es a la presidenta. Mucha de la gente en la que yo confiaba ha muerto. Jorge Ernesto Garrido y Oscar Invanissevich ya no están. Tampoco está Miguel Unamuno, que fue director del Archivo General de la Nación. Yo sé que la presidenta va a saber darles a estos documentos el lugar adecuado. Además, tengo también algún documento del General Perón que no tiene nada que ver con lo de Ara, pero que es importante.  –¿Qué es exactamente? –Una de las cartas que él enviaba desde Puerta de Hierro con directivas para los compañeros.  –¿Y esa carta cómo llegó a sus manos? –Esa carta se la compré a un hombre que había conservado varios documentos. Todos estos objetos son muy importantes para mí. Me siento depositario de algo importante, que tiene que ver con la historia argentina, por eso no puedo dejarlo en manos de quienes no supieron conservar cosas importantes de la historia. La única persona de esa época en quien yo tengo total confianza y que aún vive es José María Castiñeira de Dios. Con él éramos carne y uña. Es una persona fantástica, pero ya no tengo relación con él. Por eso, confío en que la presidenta me reciba alguna vez como para poder entregarle en mano todo este material. Domingo Tellechea Nació en Mendoza en 1935 y abandonó el país luego del golpe de 1976. Actualmente vive en Brasil, pero viaja constantemente a su país natal al que ansía volver de manera definitiva. Su labor como restaurador es reconocida internacionalmente. Convocado por los museos de todo el mundo, ha restaurado y continúa restaurando obras de arte de los artistas más prestigiosos, de Van Gogh a Modigliani. Fue el fundador del Primer Centro de Restauradores de Sudamérica, del Instituto Técnico de Restauración de Buenos Aires y del Instituto Técnico de Restauro de San Pablo, ciudad en la que vive desde que se fue del país luego del golpe militar de 1976. Fundó, además, el Museo Histórico de Cera de la Boca. Fue docente, publicó numerosos trabajos y obtuvo diversas distinciones en Brasil por su contribución a la conservación de parte de su patrimonio histórico. Durante 1974 restauró el cuerpo de Eva Perón, tal como lo cuenta en la nota publicada en Tiempo Argentino en febrero de 2011. Mientras dirigió el Museo de la Casa de Gobierno de Buenos Aires, se llevaron a cabo bajo su supervisión trabajos arqueológicos relacionados con el Fuerte de Buenos Aires. Esos trabajos fueron minuciosamente documentados y publicados en un medio especializado (“Los descubrimientos arqueológicos, el viejo Fuerte de Buenos Aires” – Diario del Centro Argentino de Restauradores, Año III, N º 4, 1978). Según Tellechea, dictadura mediante, esos trabajos fueron ignorados y se realizaron reformas que no tomaron en cuenta los hallazgos históricos realizados durante su gestión. Según cuenta, fueron los propios granaderos, llenos de emoción, los que ayudaron en tales trabajos de descubrimiento que los gobiernos sucesivos no supieron o no quisieron conservar. En su visita al Museo del Bicentenario pudo comprobar que su labor no había sido tenida en cuenta y que se ignoraba la documentación existente sobre ellos. Por esta razón, asegura que sólo confía en la presidenta Cristina Fernández de Kirchner como depositaria de los papeles manuscritos de Pedro Ara.  Pedro Ara Pedro Ara nació en España en 1891 y murió en la Argentina en 1973. Era anatomista y había perfeccionado la técnica que utilizó para conservar el cuerpo de Eva Perón. Obtuvo el título de licenciado en Medicina en 1917 y recibió el título de doctor en 1919, en la Universidad Complutense de Madrid. Luego de especializarse en el Instituto Anatómico de Viena, trabaja en la Universidad Nacional de Córdoba. Entre 1952 y 1953 realizó la conservación  del cadáver de María Eva Duarte de Perón. En la revista de la Academia Nacional de Medicina-Sesión extraordinaria celebrada el 7 de noviembre de 1938, aparece una entrevista a Ara realizada por Irene Falcón. En ella se refiere a los métodos de conservación:  –¿Es cierto que usted pensó en perpetuar el cadáver de Lenin? –Es exacto. Hace cuatro años leí en los diarios que la imperfecta conservación del cadaver de Lenin preocupaba al gobierno ruso. Entonces yo envié un informa a Rusia por intermedio de Álvarez del Vayo. Más tarde pensé en ir a Rusia para informar personalmente, pero desistí de hacer el viaje cuando me dijeron que el profesor Hochsteter, de Viena, mi maestro, había sido llamado por el gobierno ruso. Luego me enteré de que la noticia era falsa.  –¿Y ya no llevará usted a cabo ese proyecto? –No sé, no sé. Es difícil y lo lamento mucho. Es una obra que yo habría hecho con gran entusiasmo. Yo podía conservar el cadáver de Lenin íntegro, como purificado, sin perder ni el más insignificante rasgo de su fisonomía, con su propio gesto.  –¿Y qué piensa usted cuando se pone a la obra de perpetuar la forma de un cadáver? ¿No le da horror? –De ningún modo.(…) Soy un artista que está modelando una estatua. Mi emoción es la de un creador de obras de arte.  –¿Pero no se le ocurre pensar que eso que usted modela ha sufrido, amado y gozado? –Esa forma, precisamente, es la que me anima a fijar su forma para la eternidad. El cadáver “esculturado” por mí parece como si durmiera. Suprimo la muerte y la reemplazo por un sueño sin fin. El cuerpo que tanto ha sufrido y amado no se hará polvo, sino que seguirá persistiendo en una actitud de dulce reposo. ¿Cabe mayor prueba de piedad hacia los muertos muy queridos? por Mónica López Ocón Fuente: 

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 Diario Tiempo Argentino 26/7/2012

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