Libro recrea los 100 años del Hotel Ritz de Madrid

El periodista de la cadena Ser Felipe Serrano acaba de publicar un libro que hace un especial recorrido por los cien años de historia del Hotel Ritz, todo un corolario de anécdotas sorprendentes de uno de los lujosos hoteles de la capital.

   “El libro no pretende ser una historia oficial del hotel, sino un relato de las historias más sorprendentes vividas en medio del lujo de sus habitaciones” a lo largo de su historia, señala la contraportada del propio libro, que ha sido fraguado a través de las notas que el propio Serrano, camarero en el hotel durante once años, recogió en su libreta mientras trabajaba.

   Así, ‘Hotel Ritz. Un siglo en la historia de Madrid’ permite a los ciudadanos ver a través de una mirilla cómo era el Ritz que albergaba reyes y regimenes, aristócratas y millonarios y el que ha dado cobijo a políticos, artistas y brillantes estrellas de cine.

   Por las habitaciones del hotel también han pasado más de 500 celebridades desde genios como Dalí y Alexander Flemming, que disfrutó de unos breves momentos en el hotel, hasta célebres personajes madrileños como Perico Chicote, que preparó sus primeros cócteles antes de convertir su bar en uno de los más famosos de la capital.

   Entre las paredes del Ritz también se gestó el arresto de Mara-Hari, la historia de amor entre el Maharajá de Kapurthala y Anita Delgado. Además, Yaser Arafat dio su primera conferencia de prensa en Occidente.

   ‘Como un Cuento de Hadas’ nos lleva a los inicios del siglo XX cuando el Maharajá se quedó prendado de la actriz Anita Delgado, que actuaba junto a su hermana Victoria en ‘Central Kursaal’ de la calle Tetuán.

   El Maharajá trató y trató que Delgado le acompañara a la ciudad del Sena, incluso con dinero de por medio. No obstante, tras meditarlo con su madre y amigos, entre los que se encontraban Pío Baroja o Valle-Inclán la reunión sólo fue posible con una promesa de matrimonio, que se hizo realidad y que convirtió a una española de 17 años en una princesa de cuento de hadas, la princesa de Kapurthala.

    ‘Como un planetario’ desvela que para evitar el bullicio que acarrea albergar a un artista y ante el hecho de que muchos de ellos se instalaban de incógnito en el hotel, se creó un código interno, una especie de ‘lista negra’, denominada ‘No tipo Ritz’ (NTR), en la que se incluía a los caballeros que osaran entrar sin corbata o a las mujeres que trataran de cruzar las puertas del establecimiento con pantalones. No obstante, nunca se llegó a aplicar de forma estricta.

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     El ámbito político también tuvo su representación en Madrid y en enero de 1981 tuvo lugar la primera reunión entre Josep Tarradellas y Juan de Borbón. Además, Adolfo Suárez eligió el último día de julio de 1982 para presentar en el hotel su nuevo partido, el CDS.

   Entre otras anécdotas curiosas, el presidente de Estados Unidos Ronald Reagan,  que estuvo en España a principios de mayo de 1985, no consintió que ninguno de las camareros del hotel entrara en sus habitaciones. Sólo se lo permitió a sus empleados filipinos.

 

 

Fuente: 

Diario El País 15/2/2010

Informacion Adicional: 

Quién fue César Ritz:

El 1 de junio de 1898 se hacía realidad en el número 15 de la Place Vendôme de París el sueño de César Ritz: inaugurar un hotel que fuese “la última palabra en elegancia, en higiene moderna, eficacia y estética”. Y este hotel se convirtió en seguida en un mito, en la referencia para todo lo que significa lujo, buen gusto y sofisticación.

Ritz dejó entonces de ser un apellido para transformarse en un símbolo que desde entonces no ha hecho más que acrecentarse. Detrás de la leyenda hay sin embargo una historia fascinante que comienza en Niederwald, un pueblecito de la Suiza profunda que milagrosamente se conserva tal como lo conoció César Ritz. Se esconde en los

confines del Cantón de Wallis, en el valle de Goms, un lugar mágico donde se habla un curiosísimo dialecto alemán y la vida permanece anclada en el tiempo.

Niederwald sólo tiene 200 habitantes, aunque su emplazamiento escalonado resulta especialmente pintoresco. Su edificio más antiguo, conocido como Heidenhaus, data del siglo XVI, mientras que la iglesia de San Teodulo guarda algunas de las esculturas más originales de Johan Sigristen, uno de los artífices de la escuela de imaginería que floreció en la vecina Reckingen en el siglo XVII. En este marco idílico, rodeado por las altas cumbres de los Alpes, nació el 23 de febrero de 1850 (hace ahora 150 años) el decimotercer hijo del entonces alcalde del pueblo Anton Ritz.

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Al contrario de sus hermanos, que fueron preparados para una vida de campesino, a César le enviaron a la escuela y a los 15 años comenzó a trabajar como aprendiz de camarero de vinos en un hotel de Brig, la segunda ciudad en importancia del Wallis. A partir de 1865, Ritz comenzaría una rápida y ascendente carrera que le llevaría por los mejores hoteles del mundo, aprendiendo siempre, pero dejando también a su paso un inconfundible sello de distinción.

Ricos y famosos

Desde muy joven se codeó con los más ricos y famosos de su época. En el restaurante Voisin de París, a los 17 años, sirvió a Georges Sand, Sarah Bernhardt y Dumas hijo. En 1872 conoció al Príncipe de Gales, el futuro Eduardo VII, que se convertiría en uno de sus principales valedores. Sus andanzas le conducirían desde Niza hasta Lucerna, pasando por Montecarlo, donde se asoció con el cocinero Auguste Escoffier, el gran chef de aquellos años, el hombre que revolucionó el concepto de restaurante de un hotel. Después, Ritz dirigió el Hotel de Provence en Cannes y el Minerva de Baden Baden, inaugurado por el Emperador de Alemania.

En 1889 transformó el Savoy de Londres en el gran establecimiento hotelero del imperio británico. Su fama se hizo universal y algunos amigos y clientes adinerados lo convencieron para que realizara su sueño: construir un hotel a su medida donde todos los detalles estuvieran supervisados por él mismo. Cuando finalmente inauguró el Ritz, tenía una idea muy clara y definitiva de cuál era la forma de dirigir un hotel, cómo preferían ser atendidos los ricos e ilustres, y los elementos esenciales de una buena cocina. Unos ideales que se mantienen todavía en estos hoteles, donde el simple hecho de entrar es toda una experiencia. Sólo cinco establecimientos responden hoy a la filosofía Ritz, y todos pertenecen al grupo The Leading Hotels of the World (reservas: 900 998 928). El Ritz de París sigue siendo el gran hotel por excelencia. Allí son míticos la suite de los Duques de Windsor y el apartamento privado de Coco Chanel. El de Madrid es uno de los máximos exponentes de la arquitectura belle époque en la ciudad. El de Barcelona fue construido en 1919, y conserva un sabor tradicional. El Ritz-Carlton de Boston, inaugurado en 1927, sigue siendo una referenia de lujo y buen gusto en la costa este americana. Y por último, el de Londres, donde nunca llegó a entrar César Ritz.

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Todos los detalles

Según lo planeó este genial suizo, la primera impresión no debe ser la de estar en un hotel convencional, sino más bien en una mansión señorial. A pesar de las numerosas reformas introducidas desde 1980, los detalles tradicionales se han conservado: las chimeneas de mármol, los espejos dorados, los relojes de pared suizos, los enormes armarios de cedro y, por supuesto, las camas de bronce.

Inmediatamente después de la inauguración del de París, todas las grandes ciudades aspiraron a tener su propio Ritz. Pero en 1902 el exceso de trabajo le provocó una depresión de la que no saldría hasta su muerte, en 1918. Sin embargo, su legado no se perdió, ya que tanto su esposa como sus más íntimos colaboradores siguieron muy de cerca su inspiración en los muchos Ritz que se fueron construyendo por todo el mundo.

El de Madrid abrió sus puertas en 1910 bajo el patrocinio de Alfonso XIII, empeñado en que su capital tuviera un hotel de esa categoría. Ese mismo año también se inauguró el Ritz-Carlton de Nueva York en Madison Avenue, bajo la dirección de Albert Keller, uno de sus alumnos aventajados. En poco tiempo, lugares como Lucerna, Buenos Aires, Evian, Roma, Lisboa, Londres, Barcelona o Montreal tuvieron un Ritz. Y llegó un momento en que fue imposible proteger el nombre de sus derechos de propiedad. Pero, por mucho que se haya vulgarizado, la palabra Ritz nunca ha perdido su excelencia.

El fundador está enterrado en Niederwald, donde le han erigido un monumento y aún se puede ver su casa familiar.
 

Fuente: Diario El País 4/3/2000
 
 

 

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