León Tolstoi, el espejo de Rusia

En el Centro Cultural Borges, hasta el 8 de junio.Una muestra reúne fotos de su archivo familiar y de la situación que su país atravesaba hacia el fin del zarismo.

Escritas en letra negra sobre una pared muy blanca, llaman la atención estas palabras: “…Los campesinos, ¿cómo mueren los campesinos? Me voy… no pueden detenerme… ¡Déjenme solo!”. Las firma el escritor ruso León Tolstoi (1828-1910), y justo encima, lo vemos en una foto, en su lecho de muerte. Escondido tras su espesa y larga barba, parece dormir en paz. Al lado, un video pasa las imágenes de los funerales del gran escritor, uno de los más importantes novelistas de la historia de la literatura. 

 Es solamente una de las partes –la más impactante– en que está estructurada la muestra Tolstoi, el espejo del alma rusa, que estos días se puede ver en el Centro Cultural Borges, de la mano de la Casa de Rusia en Buenos Aires, la embajada y el Museo Yasnaya Polyana, la casona situada 200 kilómetros al sur de Moscú, donde vivieron el escritor y su esposa, Sofía, transcriptora de muchas de sus obras.   La muestra, curada por Virginia Fabri, se compone principalmente de fotografías del escritor y su familia, pero tiene además otro núcleo importante integrado por fotógrafías inéditas que muestran el clima y la evolución de la Rusia de la época. Explica Fabri: “Recibí mucho material de los archivos de la familia Tolstoi, pero me parecía que faltaba algo para que se terminara de entender el contexto histórico en el que vivió”. Así decidió añadir fotos de la Rusia del momento, y para ello recurrió a los archivos de dos grandes fotógrafos contemporáneos al escritor. Prokudin-Gorsky, autor de los mejores retratos a color de Tolstoi –exhibidos en el Borges– viajó en el transiberiano por Rusia para documentarla, a pedido del Zar Nicolás I.  El segundo de los fotógrafos, Maxim Dmitriev, fue también contratado, esta vez para recorrer y documentar la zona del Volga. Las fotos de los dos artistas le dan el marco perfecto a esta muestra. Sus imágenes nos llevan desde la Rusia campesina y las iglesias ortodoxas, a la Rusia más industrial, con sus teatros y sus estaciones ferroviarias. El resto de las fotografías que componen la muestra, las pertenecientes al archivo de la famlia Tolstoi, muestran al escritor jugando con sus nietos, paseando con su hermana, sentado a la mesa con su numerosa familia o trabajando en el que fuera su estudio.  También podemos ver en la sala fotografías de Tolstoi junto a otros grandes escritores rusos, como Anton Chéjov o Máximo Gorki. “Ver las imágenes de Tolstoi con grandes escritores como estos es un documento histórico excepcional”, afirma Fabri, que dice estar sorprendida de la acogida que la muestra está teniendo en Buenos Aires. El día de la inauguración, la semana pasada, fue el bisnieto del escritor, Sacha Tolstoi, quien oficializó la apertura y en la sala, “no cabía ni un alfiler”, explica Fabri. Sacha, que vive en Uruguay, vino especialmente para la inauguración de la exposición y, durante el acto, confesó que, cuando era adolescente, no le gustaba llamarse Tolstoi: “Me parecía que no existía, que el único Tolstoi que le interesaba a la gente era el escritor”, dijo. Frases de las novelas del gran León Tolstoi se leen por todas partes, y en el medio de la sala, una vitrina muestra algunas de las primeras ediciones, en ruso, de las obras de este escritor que, tras una crisis espiritual, renunció a sus orígenes nobles y a una vida llena de excesos para vivir como lo hacían los campesinos, a los que tanto admiraba. Llegó incluso a influir en las ideas de Mahatma Gandhi, con quien mantuvo una extensa correspondencia y en cuyas ideas influiría de forma importante. No por nada el proyecto de pueblo comunitario que Gandhi creó en Sudáfrica, antes de partir en busca de la independencia de la India, se llamó “Aldea Tolstoi”. La muestra, que permanecerá abierta hasta el 8 de junio, se completa con un ciclo de charlas sobre el escritor y la proyección de las versiones rusas de las adaptaciones cinematográficas de Ana Karenina y Guerra y Paz, film que ganó el Oscar a la mejor película extranjera en 1968. Una oportunidad única para dar un paseo por la interesante vida de este escritor y por el contexto histórico de un país sin el que nada habría sido lo mismo. “Las convenciones cambian con los tiempos, pero los conflictos son los mismos”, afirma la curadora, “por eso Tolstoi va a seguir siempre encandilando a la gente”. Fuente: 

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Diario Clarín 19/5/2014

León Tolstoi, el espejo de Rusia
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