Las pioneras en ingreso a los estudios terciaris, fueron médicas, bioquímicas y farmacéuticas hacia fines del siglo 19.

Fueron médicas, farmacéuticas y bioquímicas que se recibieron a fines del siglo XIX y principios del XX.
Ellas sentaron precedente que hoy otras profesionales estén al frente de instituciones públicas y privadas de la política, la educación, el sector empresarial y los medios de comunicación.
Luego de convertirse en la primera graduada de la carrera de Farmacia en la Universidad de Buenos Aires (UBA), Elida Passo fue rechazada en su inscripción inicial a Medicina.
Su apelación a la justicia tuvo repercusiones y permitió que, en 1889, Cecilia Grierson resultara la primera médica del país.

                                                                                            Julieta Lanteri

Un paso más dio la médica Julieta Lanteri, quien dedicó su vida a conseguir el sufragio femenino. En 1911 fue la primera mujer en votar y ocho años más tarde se alzó como candidata política.
Y fue María Teresa Ferrari de Gaudino quien, después de presentarse en reiteradas ocasiones al concurso docente, y habiendo obtenido notables calificaciones, venció las barreras de la época y se convirtió en la primera profesora universitaria de América Latina en 1927.l
Estas valientes mujeres, que se enfrentaron a los mandatos de fines de siglo XIX y principios del XX, iniciaron el camino para lograr que muchas otras tuvieran oportunidades.
“Indudablemente las acciones que debieron desplegar para ser admitidas en ciertos estudios o para el ejercicio profesional, tuvieron repercusiones en los ámbitos académicos y los diarios de la época, sentando precedentes para el posterior ingreso de otras”, explica Susana García, científica del CONICET e investigadora de las mujeres que estudiaron Ciencias Naturales en la época del Centenario.
“La mayoría de las pocas señoritas y señoras que fueron a la universidad en esos años tuvieron altas calificaciones y mostraron mucha dedicación a los estudios, en contraste con la idea popular sobre la ‘inferioridad de la mujer’, sostiene García.
Y agrega: “Las universitarias vinculadas a reivindicaciones y movimientos feministas quedaron registradas en la historia como casos emblemáticos y contribuyeron  a que otras jóvenes, después de ellas, se atrevieran a continuar esos estudios”.
La llegada al mundo de la educación superior y al campo profesional se consolidó años más tarde. “La prueba de su legado está en la universidad, en las decanas, en la cantidad de cátedras encabezadas por mujeres. En muchos ámbitos que fueron patrimonio de los hombres ahora hay mujeres, en las empresas, en el periodismo, en la política”, asegura Susana Famá, presidenta de la Federación Argentina de Mujeres Universitarias (FAMU), fundada en 1936 por Ferrari de Gaudino.
“Es muy difícil ser una profesional exitosa y además tener un hogar, hijos, cuidarlos, estar linda para el marido, tener vida social, cuidarse la silueta. La presión social era muy fuerte en otra época”, advierte Famá.
García se emociona al repasar la historia del último siglo y comprobar las conquistas: “En estos últimos 100 años la proporción de mujeres y hombres en los estudios universitarios se fue invirtiendo y ya para la mitad de la década de los 90 se registró un mayor egreso de mujeres”.
 

Fuente: 

Diario Clarín 21/2/2010

Informacion Adicional: 

Federación Argentina de Mujeres Universitarias (FAMU) www.famu.org.ar

Las primeras en pisar los claustros
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