Las pinceladas modernas del Casco Histórico

Una recorrida por un clásico porteño, que descubre edificios recuperados que supieron adaptarse a los nuevos tiempos.

Una reciente encuesta publicada en esta página, en la sección “La encuesta del día”, reveló que sólo el 33% de los participantes hacen turismo en el Casco Histórico porteño. La cifra no es novedad para Luis Grossman, Director General del Casco Histórico porteño, quien asegura que hay una paradoja en este sector de Buenos Aires: “son pocos los turistas que arriban a la Ciudad que dejan de conocer el Casco Histórico, mientras que todavía hay muchos porteños que no lo han recorrido.” ¡No saben lo que se pierden! A mí, confieso, me encanta pasear intentando escudriñar cómo se fueron construyendo a lo largo de la historia estos pedazos de ciudad. Pero empecemos por aclarar de qué zona estamos hablando. Pocos saben que el Casco Histórico no es sólo el contorno de la Plaza de Mayo, si no la suma de los barrios de San Telmo y Montserrat, unas 250 manzanas a las que el jueves pasado –y poco después de que se realizara esta encuesta– se le anexó la City porteña . Hacia el Sur contiene buena parte de la zona fundacional con algunos de los edificios más antiguos. En la calle Alsina, en tan solo tres cuadras, se encuentran San Ignacio, la iglesia más antigua, y un conjunto de casas que datan de la década de 1830, además de los Altos de Elorriaga de 1808. También están en este sector, la vieja Librería del Colegio (hoy Librería de Ávila) y el Colegio Nacional de Buenos Aires formando parte

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de la legendaria Manzana de las Luces.

A lo largo de la calle Defensa está la Farmacia de la Estrella y el Museo de la Ciudad; al 700, el imperdible Zanjón de Granados; luego, la Plaza Dorrego y culmina el Casco con el Parque Lezama y el Boulevard Caseros en el extremo Sur.

El eje Este-Oeste del Casco Histórico es la Avenida de Mayo con sus centenarios edificios. Como alerta Grossman es anterior a la Gran Vía de Madrid, que algunos por error suponen como su inspiradora.

Hasta aquí, una interesante recorrida por lo que podríamos llamar la Ciudad-Museo. Pero también me entusiasma descubrir edificios o sectores de la Ciudad que, manteniendo sus características originales, sintonizan nuestro tiempo. Es decir que piensan al patrimonio no como algo estático, si no como algo que sobre todo vale la pena mantenerlo vivo . Seguramente éste haya sido el marco con el que la Dirección General de Casco Histórico y la Sociedad Central de Arquitectos organizaron un concurso para valorizar las mejores intervenciones realizadas en esta área antes de su ampliación en la City.

En la categoría “Recuperación y puesta en valor” distinguieron dos obras que compatibilizan una cuidadosa rehabilitación del edificio patrimonial sin renunciar a la funcionalidad, la tecnología y la estética contemporáneas. Por caso, en el Edificio Cassará, en Avenida de Mayo y Salta, en uno de los epicentros de la hispanidad, la arquitecta Ana María Carrió hace una minuciosa restauración del frente, pero no deja de valerse de tachos de aire acondicionado expuestos, luminarias modernas y entrepisos realizados con extensas superficies vidriadas para reciclar su interior. A pocas cuadras, en Alsina 771, el estudio Hampton-Rivoira rescata un edificio diseñado originalmente por Alfredo Massué, uno de los popes del Art Nouveau porteño. Siguiendo su estructura arquitectónica Hampton-Rivoira le introducen un colorido artefacto moderno y patios llenos de luz que convierten al viejo y oscuro edificio industrial en uno flamante de oficinas.

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Otros edificios premiados fueron el Hotel NH + Tower, en la calle Bolívar a metros de Plaza de Mayo, de los estudios Urgell-Penedo-Urgell / Fernández-Huberman-Otero y el edificio de Defensa 267 de Daniel Silberfaden en la categoría “Obra nueva / Ampliación”. Ambos salen airosos del difícil desafío de ampliar un edificio patrimonial. ¿Cómo hacerlo sin recurrir a la burda estrategia de reproducir el edificio existente? En Defensa 267 y en el Hotel NH la estrategia es similar: agregar la cantidad de metros que sean necesarios, pero sin alardear . Tanto las oficinas que agrega Silberfaden como las habitaciones del hotel de Urgell-Penedo-Urgell son de hormigón y vidrio, de lenguaje contemporáneo, pero intentan no alterar la escala de su entorno patrimonial.

Algo así, en otra escala, pasa con el merecido premio otorgado al estudio Alric-Galíndez. La carpintería diseñada por estos jóvenes arquitectos para proteger el interior del Palacio Barolo es tan sutil, tan mínima, tan medida, que a pesar de su gran dimensión pasa totalmente desapercibida. Tratándose del Barolo, hay que celebrar.

por Berto González Montaner

Fuente: 

Diario Clarín 12/10/2011

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