Las otras heridas de Malvinas que, a 30 años de la guerra, aún duelen

Se sabe del suicidio de cientos de veteranos de Malvinas, pero poco se conoce sobre los trastornos por estrés postraumático (TEPT) que sufren muchos. Algunas de sus manifestaciones son la culpa por estar vivo, las patologías del sueño, los ataques de pánico, la perturbación del estado anímico, los trastornos de la personalidad y la fobia social. Según los especialistas, Argentina no sólo no estaba preparada para ir a la guerra: tampoco lo estaba para enfrentar sus secuelas. Los dos mayores especialistas argentinos –ambos veteranos– explican cómo asisten a sus ex camaradas.

Esteban Vilgré La Madrid y Martín Bourdieu combatieron en las islas Malvinas en distintos batallones hasta el fin de la guerra. El primero, en su condición de joven militar, y el segundo, como soldado conscripto. La decisiva e infernal noche del 13 al 14 de junio de 1982 llegaron incluso a estar a 200 metros uno de otro. Pero recién se conocieron 25 años después en Buenos Aires, cuando coincidieron en el Centro de Estrés Postraumático Malvinas Argentinas del Ejército, pionero en su tipo en el país.

Producto del trabajo que ambos realizaron allí los últimos cuatro años, hoy son el director general y el director médico del flamante Centro de Salud Mental de las Fuerzas Armadas Veteranos de Malvinas, en el predio del Instituto Geográfico Militar (Cabildo 381). La Madrid fue a Malvinas con 21 años como subteniente en comisión porque en abril del 82 estaba cursando el cuarto y último año de la carrera, lo que según sus camaradas resalta en su loable desempeño al frente de la Compañía B del Regimiento de Infantería 6, en Monte Tumbledown, durante el último contraataque criollo previo a la rendición. Por esa tarea fue condecorado con la medalla “al esfuerzo y la abnegación”. Luego de la guerra, La Madrid se caracterizó por querer saber qué a había sido de sus soldados y, en la medida de su posibilidades, tenderles una mano. Gesto que sus superiores reconocieron en 2007, designándolo director general del Centro de Estrés Postraumático creado tres años antes. A Bourdieu, el 2 de abril lo sorprendió reincorporándose a la vida civil tras un año de servicio militar en el Regimiento 3 de Infantería, pero al enterarse del desembarco no vaciló en presentarse en el cuartel para ir a las islas. Ya en Malvinas, supo que había aprobado el examen de ingreso a Veterinaria y lamentó estar perdiéndose el inicio de la cursada. Aunque para mediados de junio su única preocupación era ser certero en el ataque a las tropas británicas y salir airoso de sus bombardeos en Wireless Ridge, monte próximo a Tumbledown. Tres años después, Bourdieu cambió Veterinaria por Medicina y tras especializarse en Psiquiatría se enroló en el Ejército como médico para asistir a otros ex combatientes. Labor que cumplió en Campo de Mayo y luego en el Hospital Militar, hasta que en 2004 le encomendaron organizar el Centro Malvinas Argentinas. “En Campo de Mayo, yo había oído hablar de Martín, pero no sabía que también era veterano. Recién lo conocí cuando me asignaron al Centro de Estrés Postraumático del Ejército porque él no podía con todo, la dirección general y la médica”, cuenta La Madrid. “Cuando me decidí por Medicina, supe que podía ayudar a los camaradas. Y tras especializarme en Psiquiatría, hice la carrera de oficial, que para profesionales es de un año. Ahí comenzó mi andar por la institución”, dice Bourdieu. —¿El Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) es la patología más común entre los ex combatientes?  BOURDIEU: Sí. Una de sus manifestaciones más frecuentes es el flashback, que es la sensación de que el hecho traumático vuelve a ocurrir, disparada por un objeto o una situación que se los recuerda. Hay muchos veteranos que sienten un particular malestar en las fiestas de fin de año por los fuegos artificiales y el olor a pólvora. Otros síntomas son la dificultad para dormir o las pesadillas, los ataques de ira y los sentimientos de tristeza o culpa. En el caso de un conflicto armado, culpa por estar vivo –se preguntan por qué murieron otros y él no– o por haber matado. Además, hay complicaciones asociadas al TEPT. A eso se lo denomina comorbilidad e indica la ocurrencia simultánea de dos o más trastornos mentales en un mismo sujeto (aquí pueden aparecer la depresión o los trastornos de ansiedad), uno de los cuales deriva del consumo de alcohol u otras sustancias.  —¿Qué otras enfermedades afectan a los ex combatientes aparte del TEPT?  MB: La distimia, que si bien no cumple con todos los patrones de la depresión, produce trastornos en el estado de ánimo que generan desmotivación, falta de ideas positivas. Otras afecciones son la fobia social, los ataques de pánico, los trastornos de personalidad y el trastorno disociativo, que disocia el afecto del comportamiento y hace que la persona actúe casi como un robot. En general, los veteranos tienen problemas para relacionarse emocionalmente con otras personas, salvo con sus camaradas, y adoptan conductas evasivas. En algún sentido, quedan detenidos en el tiempo y actúan como adolescentes. —¿Cuánto tarda en manifestarse el TEPT? MB: Las manifestaciones pueden aparecer inmediatamente, luego del hecho traumático, y en algunos casos se desarrollan síntomas nuevos mucho después. A veces hay fluctuaciones, momentos en que se incrementan y otros en que decrecen. Eso depende de cada persona. En una afección psicológica inciden dos componentes: el objetivo, en este caso el conflicto armado, y el subjetivo, que es la forma en que el sujeto vivencia el hecho. Y en el componente subjetivo influyen el entorno y las experiencias previas, entre otros factores.  —¿Cómo se lo trata?  MB: No hay una sola línea de tratamiento. El abordaje es inter e intradisciplinario e incluye psicoeducación permanente, terapia individual y grupal, abordaje de disciplinas como la musicología y la terapia ocupacional, asistencia social, en caso de abuso de sustancias, violencia familiar y problemas laborales, porque seguir un tratamiento acarrea trastornos en el trabajo. Lo farmacológico se evalúa según cada paciente. VILGRE LA MADRID: Para todo esto, seis profesionales de la salud –entre ellos Martín– viajaron en 2004 a Miami, donde se interiorizaron sobre el modelo que utiliza el Departamento de Asuntos de los Veteranos de Guerra de los Estados Unidos, que luego adaptaron a nuestra  idiosincrasia. Martín no lo va a decir, pero él y su equipo están entre lo más calificado en el tema. Ellos podrían estar trabajando en el exterior con sueldos mucho mejores y, sin embargo, eligieron quedarse acá. Hoy, junto a  Estados Unidos y Colombia, Argentina es uno de los países americanos mejor preparados en la materia. —¿Cuánto duró esa capacitación? MB: Fueron 15 días y participamos psiquiatras, psicólogos y un enfermero. Allí notamos que en algunos aspectos estábamos muy bien, mientras que en otros teníamos mucho que mejorar. En el tratamiento con ciertos fármacos, por ejemplo, estábamos mejor porque acá hay menos restricciones para su aplicación. En cambio, aprendimos mucho sobre el trabajo en grupo e interdisciplinario, que uno solo no hace nada sino a través de un equipo. —¿Hay tratamientos que incluyan a la familia? EVLM: Sí. Eso ya lo hacíamos en el centro anterior y acá se institucionalizó. No sólo hay terapia familiar sino para familiares de caídos en combate, ya que no poder enterrar a un ser querido dificulta cerrar el duelo. La figura del ausente suele afectar mucho. Por ejemplo, la hermana menor de un soldado muerto en Malvinas nos contó que llegó a odiar a ese hermano que no llegó a conocer porque sus padres vivían hablando de él y ella se sentía ignorada.MB: La principal contención de un veterano es su familia, más allá del tratamiento psicológico, ya que es la que lo acompaña durante la terapia. Ellos son copartícipes del conflicto y también aprenden sobre la marcha. —¿Qué otros avances conlleva el nuevo centro? EVLM: Acá no sólo atendemos salud mental sino que vamos a brindar clínica médica como cardiología, neurología, neumonología, oftalmología y laboratorio. Esto, por pedido de la presidenta Cristina Fernández, que señaló que la salud es una sola. Ahora contamos con 18 consultorios y 18 especialistas y para fin de año esperamos ampliar el plantel profesional al doble. Además, el centro anterior era sólo para el Ejército y éste, para las Fuerzas Armadas en general. —O sea que el Centro no es sólo para veteranos… EVLM: Claro. Por ejemplo, también asistimos a militares que van al exterior en misiones de paz porque en 2010 se amplió la atención psiquiátrica a todo militar que participe de un hecho catastrófico. Yo en 2001 estuve en Iraq y me tocó brindarle primeros auxilios a un chiquito moribundo por confundir una bomba racimo con una pelota, y a mí nadie me preguntó si eso me había afectado. El militar, por su formación, se supone que está preparado para ver sufrir a un par, pero no a mujeres y niños. Eso lo golpea a cualquiera.  —¿Hay otros centros en el país? EVLM: Sí, después del Centro Malvinas Argentinas, el Ejército abrió otros en Córdoba y Curuzú Cautiá; y próximamente se creará uno en Comodoro Rivadavia. La idea es que estemos todos interconectados. —¿Qué expectativas les dan a los pacientes? MB: Las afecciones no tienen cura, pero sí tratamiento permanente, como en la mayoría de las patologías.  ¿Qué es el TEPT? El trastorno por estrés postraumático (TEPT) engloba a las afecciones psicológicas que superan a las de las experiencias habituales, como conflictos bélicos, desastres naturales, accidentes graves, violaciones y abusos físicos. Es la principal patología que afecta a los ex combatientes y puede manifestarse de las siguientes formas: flashback o la sensación de que el hecho traumático está sucediendo otra vez, problemas para conciliar el sueño o pesadillas, explosiones de ira y sentimientos de soledad, tristeza o culpa. De un estudio realizado con 546 veteranos tratados en el Centro de Estrés Postraumático Malvinas Argentinas, realizado entre enero de 2005 y diciembre de 2009, el 48,9% presenta síntomas no vinculados a la salud mental o casos asintomáticos, el 23,6% presentó TEPT, 16,3% presentó trastornos en su estado de ánimo y el 11,2% padece transformación persistente de la personalidad tras una experiencia catastrófica. por Sergio Núñez Fuente: 

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 Diario Perfil 17/6/2012

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