Las marcas del horror todavía son visibles en las paredes de la ESMA

A 35 años del golpe militar, el Espacio para la Memoria abrió a la prensa las puertas del lugar donde funcionó el núcleo de la represión de la Marina, bajo la dirección del “Tigre” Acosta. Las pruebas de los asesinatos y torturas, a simple vista.

A pesar del paso del tiempo y de los intentos de la dictadura por tapar los delitos cometidos en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), las marcas del terror todavía son visibles en las paredes descascaradas de uno de los principales centros clandestinos de detención.
Con motivo del 35 aniversario del 24 de marzo de 1976, por primera vez en varios años los organismos que conforman el Espacio para la memoria abrieron a medios gráficos y audiovisuales las puertas del Casino de Oficiales, núcleo de la represión en la ESMA.

La recorrida por el edificio, ya constituido en museo, comienza por el Salón Dorado, donde funcionó la central de operaciones del Grupo de Tareas que dirigía Jorge “Tigre” Acosta, y continúa por los diferentes sitios de detención: Sótano, Capucha y Capuchita, por donde pasaron la mayoría de los 5000 detenidos en ese centro clandestino.
A partir de los testimonios de sobrevivientes y el trabajo de conservación que realizaron los organismos de Derechos Humanos, todavía se pueden observar las pruebas de los crímenes: marcas dejadas en las paredes por los presos políticos, y las reformas edilicias que realizó la Armada ante la llegada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1979 para refutar los testimonios de las víctimas.

Para ingresar al Sótano se debe dar un rodeo por un patio interno ya que la escalera de acceso continúa tapada como parte de las ‘reformas’ del año 1979. Lo mismo sucedió con el ascensor. El Sótano era el primer lugar que pisaban los detenidos y también el último, ya que allí funcionaba la enfermería, donde eran inyectados con Pentotal antes de los “vuelos de la muerte”. Allí también fueron fotografiadas las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Domon, en un burdo intento de vincular su secuestro con Montoneros.

Carlos Muñoz recuerda que, como la mayoría de los detenidos, ingresó al edificio por el Sótano. “Luego de ser picaneado me llevaron en un ascensor hasta el piso 3. Muchos detenidos teníamos el recuerdo del ruido que hacía ese ascensor y por eso lo sacaron cuando llegó la Comisión en 1979. Quedó como un mito hasta hace ocho meses, cuando el Espacio por la Memoria logró encontrar los resortes luego de demoler una pared falsa que habían levantado”, relató el sobreviviente, quien trabajó en ese mismo sótano falsificando documentos para la Armada. En ese ascensor, Muñoz fue conducido al tercer piso, donde funcionaba Capucha. “Lo más cercano al infierno”, describieron sobrevivientes al declarar ante la justicia.

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Una de las principales tareas de conservación en el Casino de oficiales consistió en el secado de la humedad de las paredes para no perder los testimonios que las víctimas dejaron allí. “Acá hicimos incisiones para secar la humedad y cuidar a Marta Díaz”, cuenta en Capucha una de las encargadas de la preservación y señala con una linterna una pequeña y casi imperceptible marca que una detenida gastó en la pared.

Otras pruebas fueron halladas tras una minuciosa limpieza de las juntas de las baldosas. En Capucha encontraron cigarrillos, papeles de caramelos y boletos de colectivos, y en el Pañol, lugar de depósito de los bienes robados por los marinos, restos de joyas, transistores y copas. 

“Habíamos tomado la decisión de no abrir el Casino a la prensa porque están en marcha los juicios y queríamos preservar las pruebas concretas que pueden aparecer usadas por la justicia. Las marcas que han dejado los prisioneros se pueden ir borrando con los flashes de las cámaras. Pero al cumplirse 35 años del golpe fue una decisión de todos abrirlo a los medios gráficos y audiovisuales para difundir de manera masiva lo que sucedió aquí”, contó a Tiempo Argentino Lilia Ferreyra, pareja del periodista desaparecido Rodolfo Walsh, quien integra el Ente Público que gestiona el predio de la ex ESMA.

por Gerardo Aranguren

Fuente: 

Diario Tiempo Argentino 23/3/2011

Informacion Adicional: 

Historia de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA):

El predio donde se encuentra hoy el edificio de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA) fue cedido por el Concejo Deliberante de la Municipalidad de Buenos Aires al Ministerio de Marina por un decreto del año 1924, al sólo efecto de que fuera utilizado como centro de instrucción militar. En el mismo decreto se establecía que, ante cualquier cambio en el destino de las instalaciones, el predio debería regresar al poder de la ciudad.

El terreno fue ocupado con varios edificios: La Escuela de Mecánica, la Escuela de Guerra Naval y el Casino de Oficiales.

Durante la última dictadura militar argentina, funcionó en la ESMA un centro clandestino de detención por el que pasaron alrededor de 5000 personas. El Casino de Oficiales , utilizado por el Grupo de Tareas 3.3.2, fue el espacio central de alojamiento y tortura de los secuestrados.

Este edificio posee tres plantas. Allí los detenidos eran alojados en un sector del tercer piso denominado “capucha”, en “capuchita” y en el sótano. En este último lugar se encontraban los detenidos antes de ser “trasladados”.

En el tercer piso se encontraba, también, “La pecera”, donde funcionaban unas pequeñas oficinas, la biblioteca y el archivo y, además, se encontraba “El pañol”, que era utilizado como depósito del botín de los saqueos de las casas de las personas secuestradas.

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En el sótano, en el tercer piso, y en “capuchita” existieron habitaciones destinadas a los interrogatorios y a las torturas que aplicaban los miembros de la Marina a los secuestrados.

Al finalizar la dictadura militar, en 1983, el edificio retornó a sus funciones iniciales de instrucción militar.

En 1984 la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) realizó una inspección en el lugar. Gracias al testimonio de algunos sobrevivientes, se reconocieron estos espacios y se probó el destino siniestro que tuvo ese lugar por el que pasaron alrededor de cinco mil personas que hoy continúan desaparecidas.

Dice el informe Nunca Más: “La ESMA no sólo era un centro clandestino de detención donde se aplicaban tormentos, sino que funcionaba como el eje operativo de una compleja organización que incluso, posiblemente pretendió ocultar con el exterminio de sus víctimas los delitos que cometía.”

El 6 de enero de 1998, durante su segunda presidencia, Carlos Menem firmó un decreto que disponía el traslado de las instalaciones de la ESMA a la Base Naval Puerto Belgrano. El mismo decreto destinaba el predio a un espacio verde de uso público donde se emplazaría un “símbolo de la unión nacional”, previa demolición del edificio.

Dicho decreto motivó el repudio de los organismos de Derechos Humanos y de amplios sectores de la sociedad civil. Asimismo, familiares de desaparecidos de la ESMA presentaron ante la justicia una acción de amparo reclamando la suspensión de los efectos del decreto 8/98. El 16 de octubre del mismo año el juez Federal Ernesto Marinelli dejó en firme la medida. Entre sus argumentos menciona la obligación del Estado argentino de resguardar el predio por ser patrimonio cultural y por tener aún valor probatorio en los desarrollos judiciales. Reafirmó que en virtud de sus obligaciones internacionales, el Estado es responsable de otorgar una respuesta sobre el destino de los desaparecidos a la sociedad y a los familiares de las víctimas. En febrero de 2001, la Corte Suprema de Justicia reafirmó la inconstitucionalidad del decreto de Menem.

En forma paralela, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, encabezado entonces por Fernando De la Rua, inició una demanda contra el Poder Ejecutivo Nacional, reclamando el dominio del predio que ocupa la ESMA. La ciudad reclamaba la revocatoria de la cesión, en virtud de la cláusula que establecía las actividades educativas como único destino posible de las instalaciones. El Ministro de Defensa de entonces, Jorge Domínguez, rechazó las gestiones.

A partir de ese momento, se comenzó a pensar en los usos posibles para la ESMA. Varios proyectos fueron presentados por legisladores. Algunos de ellos tenían como objetivo salvaguardar el edificio para el futuro, declarándolo “monumento histórico”.

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Ante la obligación inminente de devolver el lugar, los altos mandos castrenses optaron por mantener el propósito original para el cual habían recibido la propiedad. Ya en diciembre de 1999, el entonces ministro de Defensa Ricardo López Murphy adelantó la idea de instalar un “polo educativo militar” que incluyera las escuelas de guerra del Ejército y la Fuerza Aérea y la escuela naval. Durante el 2000 hizo explícita su oposición a convertir en museos o lugares de estudio y transmisión de lo ocurrido durante el terrorismo de Estado a los sitios donde funcionaron centros clandestinos de detención. Su sucesor, Horacio Jaunarena, aunque no se pronunció sobre el uso del edificio de la ESMA, reafirmó el aval a la cúpula militar en sus intentos de olvidar el pasado.

En junio de 2000, durante la gestión de Aníbal Ibarra como Jefe de Gobierno, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó por unanimidad la ley 392/2000. En su artículo primero dispuso revocar la cesión efectuada al entonces Ministerio de Marina, con relación al predio de la Avenida del Libertador 8151-8461. En su artículo segundo dispuso destinar los edificios donde funcionó la Escuela de Mecánica de la Armada a la instalación del denominado Museo de la Memoria.

En diciembre de 2002, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó la ley N°961 que crea el Instituto Espacio para la Memoria, destinado “al resguardo y la transmisión de la memoria e historia de los hechos ocurridos durante el terrorismo de Estado de los años ’70 e inicios de los ’80 hasta la recuperación del estado de derecho, así como los antecedentes, etapas posteriores y consecuencias”. En su artículo décimo, la ley dice que el instituto tendrá su sede definitiva en el predio de la Esma. La ley fue reglamentada por el decreto N°835 y los organismos de derechos humanos designaron sus representantes en el año 2003. Aún no han sido designados los representantes de la Legislatura y los del Poder Ejecutivo de la ciudad.

A partir de las gestiones del presidente Kirchner se acordó, en primer término, la restitución del predio el 31 de diciembre de 2004, y en segundo término, la creación de un “Espacio para la Memoria y la Promoción y defensa de los Derechos Humanos” en el lugar. Para este fin, Aníbal Ibarra y Néstor Kirchner firmaron un convenio por el que se comprometen a trabajar conjuntamente. El convenio debe ser aún refrendado por la Legislatura porteña.
 
Fuente: www.memoriaabierta.org.ar

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