Las coperas y los «dancings» que poblaban el Bajo porteño

Es cierto: Buenos Aires no es Amsterdam y por eso no hay chicas “luciéndose” en las “vidrieras” de ninguna “zona roja”. Pero el hecho de que no estén a la vista, en llamativos escaparates y bajo insinuantes luces rojas, no significa que no exista ni haya existido esa oferta en todos los tiempos de la historia de esta ciudad de 430 años, a contar desde su segunda fundación. Sin ir más lejos, hoy alcanza con recorrer algunas zonas porteñas para saber que ese “mercado” tiene su oferta y su demanda y da para todos los gustos.

Es que cada época tuvo su sector de la ciudad dedicado al tema. Y en ese sentido está el antecedente de la famosa “Calle del Pecado” que, hacia mediados del siglo XIX, estaba en Monserrat. Dicen que había prostíbulos uno al lado del otro en una calle que después llevó el sugestivo nombre de Aroma. ¿Su ubicación? Junto a la actual avenida 9 de Julio, entre Belgrano y Moreno.

Para finales de ese siglo y principios del XX, el tema de la noche y la prostitución no era exclusividad de ningún barrio, aunque había zonas que se destacaban: muchas “casas de tolerancia” se concentraban en La Boca, Barracas, Constitución, un sector de Palermo (conocido como “La Tierra del Fuego”) y lo que hoy es el Abasto y parte del Once.

Justamente, en este último sector había calles en las que proliferaron esos sitios con su farolito rojo en la entrada: la actual avenida Pueyrredón, Junín, Pasteur, Lavalle, Tucumán, concentraban la actividad. Y las historias tangueras dicen que por allí solía andar un proxeneta de largos cabellos rubios, al que apodaban “El Choclo”. Su pelo y sus atributos sexuales habrían hecho que ese apodo fuera el título de uno de los tangos más famosos, aunque otros cuentan otra historia diferente relacionada con un lugar de la cortada Carabelas, en donde se comía puchero.

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Esa zona de Once, en los años 20 y 30, fue el principal territorio de la Zwi Migdal, una asociación de rufianes, muchos de origen polaco, que manejaban el negocio esclavizando a mujeres a las que traían engañadas desde Europa. Aquella organización de triste recuerdo (tenían “contactos” con políticos, jueces y policías) desapareció por la valentía de una mujer llamada Raquel Liberman, que los denunció. Pero si hay una zona que hizo historia en la noche porteña relacionada con las “chicas mal de casas bien y chicas bien de casas mal”, como dice el tango, es la del “Bajo Leandro Alem”, como se denominaba desde los años 20 hasta el 70, al sector de esa avenida entre Córdoba y Perón. Eran los famosos “dancings” que no sólo estaban allí sino también en las calles 25 de Mayo y Reconquista, paralelas al Bajo. En esos lugares (la cercanía con el puerto hacía que lo visitaran muchos marineros y estibadores) estaban las “coperas” que, con sus diminutas y ajustadas polleritas, atraían a propios y extraños.

La leyenda dice que mientras los concurrentes se embriagaban con whisky de mala calidad, las chicas bebían té frío servido en vasos de boca ancha y con un par de cubitos de hielo. En esos lugares, que casi siempre tenían un nombre en inglés o francés (como Ocean, Sweet Woman, New Club o Moulin Rouge) había shows y música en vivo, aunque hacia el final sólo se escuchaban grabaciones. Y, en algunos casos, las chicas arreglaban y “salían” del local hacia algunos de los hoteles de la zona. Muchas de esas cuestiones quedaron reflejadas en las letras de los que en la actualidad se conocen como “tangos prostibularios”. Pero esa es otra historia.

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por Eduardo Parise

 

Fuente: 

Diario Clarín 15/11/2010

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