La reina Isabel II arriba a Irlanda en una histórica visita de cuatro días

Personal militar desactivó un explosivo ubicado en el compartimiento de equipaje de un autobús en Dublín antes de que llegara la monarca.

La reina Isabel II llegó a Irlanda este martes. Es la primera vez que un monarca visita el país desde que éste logró su independencia en 1921.

La reina fue recibida en Dublín por el embajador de Gran Bretaña y el de Irlanda en el inicio de la histórica visita que durará cuatro días.

Su arribo provocó uno de los mayores operativos de seguridad en la historia del Estado.

Militares irlandeses desactivaron un artefacto explosivo en un autobús con destino a Dublín.

El ejército detuvo el autobús privado en Maynooth, evacuó a los pasajeros y encontró un dispositivo en el lugar donde se guarda el equipaje durante la madrugada del martes, indicó un portavoz de la Policía Nacional de Irlanda.

Más tarde las autoridades irlandesas se dirigieron a donde se encontraba un segundo artefacto sospechoso, pero se determinó que sólo era un engaño. Las autoridades respondieron a otro reporte de un paquete sospechoso en Belfast, Irlanda del Norte.

La visita de Estado de Isabel II es un hecho que muchos en Irlanda pensaban que nunca ocurriría. Esto marca la reconciliación entre dos países vecinos que alguna vez se vieron con suspicacia y hostilidad.

Es probable que la narrativa de la visita se dé en torno a lucha de Irlanda para liberarse de su ex amo imperialista.

Habrá constantes recordatorios del pasado violento. Por ejemplo, el avión de la monarca llegará al Aeródromo Casement, una base militar que lleva el nombre de Roger Casement, quien fue ejecutado por traición en 1916 por conspirar con los alemanes. Su destino se selló cuando el abuelo de la reina, Jorge V, se negó a conmutarle la pena de muerte.

Al igual que todos los Jefes de Estado extranjeros, la reina se dirigirá al Garden of Remembrance (Jardín del Recuerdo) de Dublín, donde presentará sus respetos junto con la presidenta  Mary MacAleese a «todos aquellos que dieron sus vidas por la libertad irlandesa».

La reina viajará a otro santuario nacionalista, el Croke Park, donde tropas inglesas abrieron fuego contra una multitud que veía un partido de futbol gaélico en noviembre de 1920, lo que dejó como saldo 14 muertos. La masacre fue consecuencia del asesinato de 14 oficiales de inteligencia británica por parte del Ejército Republicano Irlandés (ERI).

Esta matanza, que fue parte de la guerra de independencia irlandesa, tuvo repercusión directa en la división de Irlanda en 1921. La mayor parte de la isla se independizó, pero seis de los nueve condados de la provincia de Ulster decidieron seguir formando parte del Reino Unido, convirtiéndose en el país de Irlanda del Norte.

A finales de los sesentas, el conflicto entre los protestantes a favor de la unificación que querían que Irlanda del Norte permaneciera como parte del Reino Unido y gran parte de los católicos romanos nacionalistas que querían que el norte volviera a unirse con el resto de Irlanda, estalló en una guerra política y sectaria conocida como los The Troubles (Los Problemas).

Las tres décadas de violencia entre el ERI y aquellos a favor de la unificación costó la vida de 3,000 personas, la mayoría en el norte de la frontera y aunque el Good Friday Agreement (Acuerdo del Viernes Santo) terminó el conflicto, aún existen sospechas y por esa razón la visita de la reina es más que simbólica.

Bajo los términos del acuerdo histórico, grupos terroristas de ambos bandos se deshicieron de sus armas y sus aliados políticos trabajan juntos actualmente en el poder repartido del gobierno de Irlanda del Norte.

El cambio ha sido tan rápido que aún en tiempos recientes (a finales de los noventas) un periodista afirmó que nunca se hubiera imaginado una visita de Estado de la reina. Toby Harnden, quien trabajó para el Daily Telegraph, dijo que algunas personas de ambos bandos aún tienen dudas al respecto –por diferentes razones– y que es más significativo el lenguaje pacificador en el debate.

«Algunos católicos verán ésto como la consolidación del reclamo británico del territorio irlandés que representan los seis condados de Irlanda del Norte», comentó Harnden a CNN. Por otro lado, «los protestantes verán la visita de la reina como la ratificación de un estado al que consideran constitucionalmente hostil a cualquier presencia británica en Irlanda. Por lo tanto, habrá dudas en ambos lados».

Pero el comentario de Gerry Adams –una figura de gran importancia en la historia de Irlanda del Norte como el líder del Sinn Fein, partido político aliado del ERI– quien dijo que la visita de la reina es  «prematura», dice mucho, según Harnden, si lo comparamos con el discurso incendiario que ha utilizado en el pasado. Por ejemplo, «cuando el primo de la reina Lord Mountbatten fue asesinado por el ERI en 1979, Adams dijo que fue una ejecución totalmente justificada».

«Cuando estuve ahí, el cese al fuego del ERI se había colapsado, había violencia y asesinatos, sin rendición ni acuerdos. En aquellos días no había ninguna probabilidad de que la reina hiciera una visita».

Lo que marcó el cambio, según Harnden, fue cuando en 1998 el ex Primer Ministro, Tony Blair, realizó una investigación oficial que se llevó a cabo de manera pública sobre la masacre del Bloody Sunday (Domingo Sangriento) de 1972, cuando tropas británicas mataron a 13 personas en una marcha a favor de los derechos civiles en Lodonderry. La muerte de otro hombre cuatro meses y medio después, también se atribuyó a las heridas que recibió ese día.

«El Domingo Sangriento era una herida abierta y el hecho de que Blair ordenara una investigación fue una sorpresa. Y para lograr que el conservador Primer Ministro (David Cameron) se pusiera de pie en el Parlamento (en 2010) y se disculpara por lo ocurrido en 1972 fue un momento significativo en la historia irlandesa. La comunidad católica no creía que se fuera a llevar a cabo una indagación tan minuciosa del pasado».

Sin negar los beneficios de la paz, en Irlanda hay quienes piensan que la visita de la reina debió llegar mucho antes, ya que ambos países han disfrutado de buenas relaciones desde hacer varios años.

Creen que las visitas de la reina y, la próxima semana, del presidente estadounidense Barack Obama –cuyos costos de seguridad ascenderán a 30 millones de euros– es una distracción para un país que ha sufrido una brutal crisis desde el colapso de la economía del Tigre Celta en el 2007.

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Roy Foster, profesor de historia de la Universidad de Oxford, dijo que la reina puede incluso hacer duros cuestionamientos a los líderes irlandeses por su manejo de la recesión. «Creo que la visita debió hacerse antes aunque parece llegar en buen momento. Si no es pan y circo, Irlanda necesita algún tipo de distracción. El país está en un mal estado: gracias a los corruptos e incompetentes políticos, banqueros criminales y pasivos supervisores de gobierno, estamos endeudados con las instituciones financieras de Europa».

«Fue estupendo que la reina le preguntara a algunos representantes de Londres por qué no se percataron de todo este colapso financiero. Sería muy divertido que le hiciera esa misma pregunta a los políticos irlandeses».

Foster dijo que en medio de la recesión, Londres parecía más amistoso que otros países europeos. «Ahora los irlandeses miran con reservas a los franceses y alemanes debido a las condiciones que les impusieron para el denominado pago de fianza, un trato extremadamente estricto impulsado por poderosos intereses financieros que marcaron y creo incluso paralizaron la economía irlandesa para los próximos años».

«Dadas estas condiciones impuestas por nuestros amigos europeos, en estos días los británicos son mejores amigos que los alemanes», agregó Foster.

por Peter Wilkinson

 

Fuente: 

CNN 17/5/2011

Informacion Adicional: 

La lucha por la independencia de Irlanda:

La reina Mary I fue la primera monarca inglesa en tratar de dominar Irlanda, mediante la confiscación de tierras para asignarlas a colonos ingleses. Su media hermana, Elizabeth I, continuó con esa política y envió expediciones armadas con el propósito de controlar cualquier rebelión.

A partir de 1608. durante el reinado de James I, el Ulster fue colonizado por protestantes escoceses e ingleses que predicaban el proselitismo religioso. Se solicitó a los colonos con mayor liderazgo, quienes pagaban rentas al rey, que depuraran sus propiedades de habitantes nativos de Irlanda. El resentimiento de los nativos en la plantación del Ulster condujo a una importante rebelión en 1641. En 1649, luego de ejecutar al rey Carlos I, Oliver Cromwell lideró un ejército represor, tras haber sido testigo de las atrocidades cometidas durante los levantamientos de 1641, como justificación por la masacre de 4.600 personas en Drogheda y Wexford. Así también se reforzó el poder de los terratenientes protestantes.

Cuando el rey católico James II resultó depuesto en 1688, se encargó de formar un ejército en Irlanda y rápidamente tomó el control de todas las ciudades excepto Derry y Enniskillen. El sitio de la ciudad protestante de Derry se convirtió en un campo de batalla vital para toda Europa: sus habitantes mantuvieron la resistencia durante ocho meses antes de ser relevados, lo que finalmente permitió al rey protestante Guillermo III y confirmar su poder y el de los protestantes en Irlanda durante la batalla de Boyne en 1690.

Por el Acta de Unión, Irlanda fue incorporada al Reino Unido el 1° de enero de 1801. En el siglo XIX, la aspiración de independencia, apoyada por la mayoría de la población, fuera del noreste dominado por los protestantes, llevó a que se organizara un fuerte movimiento nacionalista.

Entre 1845 y 1849, una plaga afectó las cosechas de papas y condenó al país a los que se conoció como «la gran hambruna irlandesa» debido a que la dieta de buena parte de la población dependía del tubérculo. Más de 1,1 millones de irlandeses –en su mayoría población rural pobre– murieron por inanición, tifus y otras enfermedades relacionadas con el hambre. Un millón de personas emigraron, fundamentalmente a EE.UU. Irlanda continuó exportando alimentos durante todo este período, la negligencia por parte de los propietarios británicos que vivían fuera de sus tierras y la actitud de «dejar hacer» del gobierno británico, exacerbaron la hambruna.

El movimiento obrero organizado se desarrolló tardíamente en Irlanda: la industria era escasa fuera del noreste y la prioridad política estaba constituida por el nacionalismo. El «cierre patronal» de 1913 en Dublín marcó un cambio de rumbo: los obreros recientemente sindicalizados se rehusaron a renunciar a su afiliación sindical y promovieron una ola de huelgas de apoyo moral.

En 1916 el levantamiento republicano de Pascua de Dublín fue sofocado, pero marcó la creación del Ejército Republicano Irlandés (IRA) y la última etapa de una larga lucha por la libertad. Si bien la rebelión no contó con un amplio apoyo, la posterior ejecución de muchos de sus líderes y otras medidas opresoras adoptadas por los británicos, galvanizaron el apoyo por el partido republicano Sinn Féin que pasó a obtener la mayoría de los escaños en las elecciones generales de 1918. La campaña del IRA obligó a los británicos en 1921 a otorgar la independencia a 26 condados de mayoría católica. Irlanda del Sur se convirtió en una región autónoma dentro del Reino Unido. Los otros seis condados ubicados en el noreste pasaron a ser Irlanda del Norte, con gobierno en Belfast y representación en el parlamento británico de Westminster.

La controversia en torno al acuerdo causó una encarnizada guerra civil, en la que murieron al menos 4 mil personas. Si bien prevalecieron las fuerzas a favor, las relaciones entre el Estado Libre y el gobierno británico se mantuvieron tensas hasta después de la Segunda Guerra Mundial, lo que retrasó durante varias décadas el desarrollo económico. La Constitución de 1937 considera a Irlanda un territorio único; todos sus habitantes tienen derecho a votar y ser elegidos. En 1948, Irlanda se convirtió en una República, y se retiró formalmente de la Comunidad Británica

Mientras tanto, en Irlanda del Norte, la mayoría protestante –que tendía a ser unionista, y consideraba al Ulster como parte de Gran Bretaña– poseía el control exclusivo encabezado por el primer ministro provincial y un gobernador en representación de la Corona Británica. La minoría católica de Irlanda del Norte –que tendía a ser nacionalista– fue excluida entonces de los asuntos políticos internos, y sufrió diversas formas de discriminación. Esto llevó a la formación de un activo movimiento reivindicatorio de los derechos civiles en la década de 1960. A pesar de que practicaban una política de no violencia, los sectores protestantes extremistas tomaron ese movimiento por los derechos civiles como una amenaza para el estatuto de la región y lo atacaron violentamente.

Enfrentado a crecientes disturbios, en abril de 1969 el gobierno de Irlanda del Norte solicitó la presencia de tropas británicas para proteger las instalaciones estratégicas de la región. En agosto de ese año, Belfast y Londres acordaron poner todas las fuerzas de seguridad de la provincia bajo el comando británico.

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Para contrarrestar al IRA Provisional, los «leales» a la corona británica formaron una serie de organizaciones paramilitares, entre ellas la Fuerza de Voluntarios del Ulster y la Asociación de Defensa del Ulster. Entre 1969 y mediados de 1994, 3 mil personas fueron muertas por paramilitares protestantes y católicos, el ejército británico, las fuerzas policiales del Ulster y el Cuerpo Policial Real del Ulster (RUC).

El 30 de enero de1972, conocido como Bloody Sunday (Domingo sangriento) 13 católicos fueron asesinados por tropas británicas mientras protestaban pacíficamente en la ciudad de Derry. En ese mismo año, los presos paramilitares fueron declarados presos políticos, decisión que quedó sin efecto en 1976.

La creciente violencia hizo que Londres asumiera toda la responsabilidad por el mantenimiento de la ley y el orden en Irlanda del Norte. Se eliminó el gobierno de Belfast y se instaló un sistema de «gobierno directo» desde Westminster en 1972. En un plebiscito realizado en 1973, el 60% de la población de Irlanda del Norte votó a favor de la unión con Gran Bretaña.

A fines de 1973, se creó una Asamblea y un Ejecutivo norirlandés en Belfast, donde protestantes y católicos compartirían el poder. El acuerdo, alcanzado en diciembre entre el gobierno de Londres y el de Dublín para constituir un Consejo de Irlanda y la nueva Asamblea, enfrentó una fuerte oposición unionista y, en 1974, llevó a una huelga general, la declaración del estado de emergencia y, finalmente, a la renuncia del Ejecutivo. Londres asumió de nuevo el gobierno y mantuvo la Asamblea.

En la elección de 1973 en la República de Irlanda el Fianna Fáil (FF), partido que había estado al frente del gobierno durante 35 años, fue derrotado. Una coalición del Fine Gael (FG) y del Partido Laborista (PL) lo sustituyó y asumió el compromiso de establecer un poder compartido en el Ulster, pero rechazó la retirada de las tropas británicas. Irlanda se unió a la Comunidad Europea en 1973, lo cual constituyó un viraje decisivo con respecto a la dependencia económica de Gran Bretaña.

En 1976, después de que el IRA asesinara al embajador británico en Dublín, y dos días después de que los bombardeos en Dublín y Monaghan causaran la muerte a 33 personas e hirieran a otros cientos, Irlanda del Norte tomó medidas más severas contra el terrorismo. El Fianna Fáil recuperó el gobierno en 1977 y mantuvo con Londres las mismas buenas relaciones que sus antecesores. El nuevo Taoiseach (primer ministro) Jack Lynch apoyó la formación de un gobierno delegado en el norte, en lugar de la unificación total.

En agosto de 1979 Dublín acordó aumentar la seguridad de la frontera después del asesinato simultáneo de Lord Mountbatten –conocida figura británica vinculada a la familia real– en la República de Irlanda, y de 18 soldados británicos en Warrenpoint, en Ulster. En diciembre, Lynch renunció y fue sustituido por Charles Haughey, quien retornó a la vieja idea de la reunificación con una forma de autonomía en el Ulster.

Un referéndum realizado en 1983, aprobó una enmienda constitucional que prohíbe el aborto. En 1986, una propuesta del gobierno para derogar la prohibición constitucional del divorcio fue rechazada en un referéndum.

Las conversaciones entre los jefes de los gobiernos irlandés y británico, llevadas a cabo desde 1980, desembocaron en la firma del acuerdo anglo-irlandés de 1985. Con él, el gobierno de Dublín pasaba a tener una intervención regular en asuntos políticos, jurídicos, de seguridad y fronterizos en Irlanda del Norte. La mayoría de los unionistas expresaron una fuerte oposición, pero el acuerdo garantizaba que no se podría realizar ninguna modificación constitucional sin el previo consentimiento de la población del Norte.

Durante la década de 1980, la economía irlandesa sufrió altos niveles de desempleo (un promedio del 16,4 % entre 1983 y 1988) y emigración, a los que se sumaron los elevados índices de inflación y recesión industrial. Un estricto programa de austeridad, aplicado desde 1987, permitió reanudar el crecimiento en la segunda mitad de la década.

En noviembre de 1990, Mary Robinson, candidata del Partido Laborista y abogada de formación que destacaba por su defensa de los derechos de los homosexuales y las mujeres y el reconocimiento legal de hijos ilegítimos, se convirtió en la primera mujer en llegar a la presidencia de la República.

En abril de 1991 comenzaron en Belfast las negociaciones multipartitas, en otro intento por definir el futuro político de Irlanda del Norte, con representantes de los partidos «constitucionales» del Ulster, así como del gobierno británico. El Sinn Féin (SF), brazo político del IRA Provisional, que respaldaba el retiro inmediato de las tropas británicas, el desarme del RUC y la reunificación pura y simple de Irlanda, fue expresamente excluido de las conversaciones por haberse negado a condenar los actos de violencia del IRA.

Al mismo tiempo, el IRA lanzó una de sus mayores ofensivas militares, tanto en el Ulster como en Inglaterra. A comienzos de 1992, en el Ulster, los republicanos independentistas llevaron a cabo una serie de incendios en empresas y establecimientos comerciales. Desde fines de 1991 se había registrado una reactivación considerable de los ataques a católicos por parte de grupos paramilitares protestantes. Estos grupos manifestaron estar dispuestos a responder «ojo por ojo» a toda acción del IRA.

Durante enero de 1993 Albert Reynolds (FF) logró ser confirmado como jefe del gobierno del FF/Partido Laborista. Paralelamente se realizó un plebiscito sobre la cuestión del aborto, en el cual dos tercios de los votantes se pronunciaron a favor del derecho de informarse acerca de métodos anticonceptivos y de interrupción del embarazo y el derecho a viajar al exterior para practicarse abortos.

En enero de 1994 el gobierno británico retiró las restricciones a las emisiones radiales y televisivas de entrevistas con miembros del Sinn Féin. En agosto el IRA declaró el cese total de las operaciones militares.

En noviembre el gobierno de Reynolds cayó, después que el Partido Laborista le retiró el apoyo al cabo de una controversia por los retrasos en la extradición a Irlanda del Norte de un pastor acusado de pedofilia. Lo sucedió como primer ministro John Bruton (FG), quien encabezó una coalición entre su partido, el FG, el partido laborista y la izquierda democrática.

En el correr de la década de 1990, se difundieron casos de abuso físico y sexual de menores por parte de curas en órdenes religiosas. Tribunales de compensación e investigación consideraban casos cercanos a las 10 mil víctimas de abuso durante los últimos 50 años. El Estado ha suscrito un fondo de compensación –mientras que las órdenes religiosas contribuyen con transferencias de efectivo y propiedades– y los contribuyentes tendrán que cargar con el costo.

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La Iglesia Católica Romana, preeminente en cuestiones sociales y políticas desde antes de la independencia, sufrió una pérdida considerable de credibilidad, y la cantidad de personas que asisten a misa en la última década disminuyó considerablemente.

En 1995, tras un ajustado referéndum, los irlandeses aprobaron (por 50% a 49% de los votos) una reforma constitucional que autoriza el divorcio a parejas separadas por más de cuatro años.

En la ronda de conversaciones de junio de 1996 en Belfast, el líder irlandés Bruton apoyó la iniciativa británica de excluir a la representación del Sinn Féin de la mesa de negociaciones, ya que ambos gobiernos consideraron que la actitud del IRA –que en febrero había roto la tregua unilateral con un atentado explosivo en Londres que causó dos muertos y varios heridos– no aportaba a la paz.

En abril de 1997, una serie de atentados anunciados por el IRA en calles, estaciones de trenes y aeropuertos paralizó el transporte británico en pleno período electoral. El Sinn Féin exhortó al IRA a proclamar un nuevo alto el fuego, que se concretó en julio. En setiembre se retomaron las negociaciones en las que también participó el Sinn Féin.

Los comicios legislativos, en junio de 1997, dieron como ganador al Fianna Fáil –que conquistó 77 de las 166 bancas–, en una coalición minoritaria con los Demócratas Progresistas y con el apoyo de los independientes. Bertie Ahern fue nombrado primer ministro. Mary McAleese fue electa presidenta.

Después de una ardua negociación, el 10 de abril de 1998, en Belfast, se arribó a un acuerdo de paz para Irlanda del Norte. El texto, negociado por ocho partidos políticos, bajo el auspicio de Londres, Dublin, y Washington, contempló una autonomía limitada para Irlanda del Norte con la creación de un gabinete ejecutivo de poder compartido, una Asamblea legislativa y organismos de cooperación norte-sur. El plan estipuló además la liberación paulatina de presos políticos y el desarme de las organizaciones paramilitares cuyos partidos participaron en la negociación y reconstitución de las fuerzas policiales para fomentar la participación de los nacionalistas.

La mayoría de las fuerzas políticas, incluido el Sinn Féin y los brazos políticos de los paramilitares leales, se mostraron en principio a favor del acuerdo. El pacto franqueó un primer obstáculo cuando el líder unionista protestante David Trimble obtuvo el apoyo de su partido, el UUP. Solo dos partidos unionistas se opusieron: el Partido Democrático Unionista (DUP), del reverendo Ian Paisley, y el Partido Unionista del Reino Unido (UKUP), de Robert McCartney.

A fines de mayo un referéndum ratificó el acuerdo con el 94% de los votos en la República y el 72% en el Norte. Un mes más tarde se realizaban las primeras elecciones para integrar la Asamblea en funciones desde febrero de 1999. El acuerdo dejó abierta, al pueblo del Ulster, la posibilidad de decidir el futuro de la provincia a través de las urnas, entre la reunificación con Irlanda y el mantenimiento en el Reino Unido.

En agosto, una bomba en la localidad de Omagh, en Irlanda del Norte, provocó la muerte de 30 personas y pareció poner en peligro el frágil proceso de paz. Pero el rechazo público que generó el atentado a ambos lados de la frontera llevó al grupo republicano responsable (el IRA Auténtico, una escisión del IRA Provisional) a decretar una tregua unilateral y definitiva.

La instalación, en diciembre de 1999, del primer gobierno, aunque «transfronterizo», de Irlanda del Norte en 25 años, confirmó la «devolución» de soberanía a los habitantes del territorio por parte del Parlamento Británico. Este nuevo gobierno (Consejo Ejecutivo) quedó integrado por el primer ministro David Trimble, del UUP, por el vice primer ministro Seamus Mallon, del Partido Socialdemócrata y Laborista (SDLP), y por diez ministros (tres pertenecientes al probritánico UUP y al católico socialista moderado SDLP y dos del Sinn Féin y del DUP). Esta fue la primera vez que representantes de estos partidos asumían responsabilidades políticas conjuntas.

Coincidiendo con la asunción del nuevo gobierno, la República de Irlanda retiró el reclamo constitucional sobre el norte de la isla, que había mantenido desde la independencia de Irlanda del Reino Unido.

El Nice Treaty, que habilitaba a una docena de países de Europa del este a ingresar a la Unión Europea (UE) como estados miembro, fue rechazado por los irlandeses en un referéndum llevado a cabo en junio de 2001, pero fue luego aceptado en un segundo referéndum en octubre de 2002. A diferencia de Gran Bretaña, en enero de 2002 Irlanda adoptó el euro como moneda única.

La coalición FF/PD retornó al poder con una mayoría absoluta en las elecciones generales de 2002.

En octubre de 2002, militantes del Sinn Féin fueron arrestados en Belfast bajo acusación de espionaje e intento de obtención de información oficial con fines terroristas. Londres suspendió la Asamblea Legislativa y el Consejo Ejecutivo del Ulster, y retomó el control de Irlanda del Norte.

Los resultados de las elecciones para la Asamblea Legislativa de Irlanda del Norte decretaron la asignación de 10 bancas para el DUP y 6 para el Sinn Féin, fortaleciendo a los dos partidos en los extremos opuestos del espectro político. Londres aún no reestableció la autoridad ni de la Asamblea ni del Ejecutivo.

La economía varió, de un crecimiento del 8% anual para el período 1995-2002, a apenas un 2,7% en 2003.

En enero de 2004 la República de Irlanda asumió la presidencia rotativa de la UE por el término de 6 meses.

El irlandés fue reconocido en junio de 2005, por parte de la UE, como su vigésimo primera lengua oficial. Anteriormente se le había otorgado el estatus de lengua de tratados. El canciller irlandés, Dermot Ahern, señaló su beneplácito y consignó que, a nivel europeo, se afirmaba «la dignidad y estatus de la primera lengua oficial» de los irlandeses.

El gobierno irlandés continuaba denunciando ante la ONU, en enero de 2006, la falta de respuesta de Londres sobre el problema de las emisiones contaminantes de la planta nuclear británica de Sellafield en la costa del Mar de Irlanda.

Con el propósito de alcanzar por tercera vez consecutiva el puesto de primer ministro, en junio de 2007, Ahern formó una coalición con los demócratas progresistas, candidatos independientes y ecologistas, quienes harían así su debut en el gobieno.

Fuente: www.guiadelmundo.org.uy

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