La realidad supera hoy a la ficción

Los robos de película se han multiplicado. Los escenarios: los Campos Elíseos parisinos o… la Catedral compostelana.

A la hora de crear su famoso Tema del traidor y del héroe, cuento que, finalmente, aparecería reflejado en el famoso libro Artificios (y éste, a su vez, en Ficciones, y que, andando el tiempo, Bernardo Bertolucci llevaría al cine bajo el nombre de La Strategia del Ragno), Jorge Luis Borges reflexionaba en voz alta: «Que la Historia copie a la Historia ya es suficientemente pasmoso; que la Historia copie a la Literatura es inconcebible…»

Hace unos días, concretamente el martes de la semana pasada –aunque sólo salió a la luz pública el jueves–, la Historia volvía, nuevamente, a parafrasear a la literatura.

Y no precisamente a la clásica, sino a dos (a falta de uno) de los best-sellers más recientes editados en España en estos últimos meses: El ángel perdido, de Javier Sierra y, sobre todo, a La huella del hereje, de nuestra querida amiga Susana Fortes (los dos publicados en Planeta). A ellas, y con elementos muy semejantes, cabría añadir Un paso en falso, una magistral novela de Alejandro Pedregosa, publicado en Ediciones B. En este caso, aunque el epicentro sea Santiago, ese terremoto se extendería a todo el Camino de Santiago.

El denominador común, un crimen en la Catedral compostelana y el robo de un códice o elemento carismático, importante y antiguo. Algo suficientemente decisivo como para soliviantar a toda una sociedad y, muy especialmente, a la venerable curia.

UN ROBO ROCAMBOLESCO

El hecho al que nos referimos ya es algo más que vox populi en toda España; es, más bien, para los medios de comunicación, la verdadera noticia del año: El Liber Sancti Iacobi, más conocido como Codex Calixtinus; es decir, el famosísimo y crucial Códice Calixtino, era robado en circunstancias misteriosas en plena Catedral de Santiago.

Las reacciones no se hacían esperar. Este diario recogía el viernes algunas de ellas. Entre otras muchas, había unas cuantas muy interesantes. Para el notable historiador Fernando García de Cortázar, el robo era «como si desapareciera el Museo del Prado». Díaz, el catedrático de Latín, afirmaba que «equivale en lo artístico al Pórtico de la Gloria». Y otra, singular y precisa, esta vez de Monterroso, decano de la facultad de Geografía e Historia: «Existen en el mundo tres copias incompletas y diferentes del ejemplar sustraído en Compostela. Eso quiere decir que éste es el más importante de todos. De lo que podemos deducir que se ha perdido una de las señales de identidad de nuestra cultura…»

Leer también >>  El canal Historia desvela la participación secreta de españoles en la guerra de Vietnam

DELINCUENCIA DE ÉLITE

Hace tres años tenía lugar uno de los robos más impactantes de estos últimos tiempos en uno de los locales más prestigiosos de la capital francesa. Fue el 4 de diciembre de 2008 a las 17.30 horas. El lugar, la joyería de Harry Wilson, en la Avenue Montaigne, cercana a los Campos Elíseos de París. Anteriormente, en Amberes, en 2003, otro atraco similar, y en exactas condiciones, acababan con el mismo montante: aproximadamente diez millones de dólares, o bien 85 millones de euros, en joyas, muy especialmente diamantes.

Hace pocos meses, la historia se repetía, casi en el mismo lugar (el criminal siempre vuelve al lugar del crimen, nos citaba de vez en cuando Sherlock Holmes), un atraco semejante.

Sin huellas. Sin datos. Sin pistas fiables. Sin delaciones.

Un aroma a élite delictiva había impregnado todos esos atracos.

Paralelamente, han pasado en nuestro mundo cosas muy curiosas. En agosto de 2004 desaparecía uno de los cuadros más venerados de la Historia del Arte: El grito de Munch. Luego, un ladrón de bancos noruego ofrecía su devolución a cambio de inmunidad. Conclusión: no había a quién vendérselo.

EL CASO DEL CÓDICE

Nuestro caso ya ha hecho verter ríos de tinta. Y, en pocos días, ya se ha dicho absolutamente de todo. Por ejemplo (hablo a nivel de calle, y cito palabras textuales, para que ustedes vean qué piensa exactamente el personal): «Esto é cousa de Al Qaeda, en represalia pola morte de Bin Laden». O bien: «Esto vai ser cousa dos curas, que queren carto fresco». O también: «Estoy seguro de que ha sido un anarquista, para mearse encima…»

Lo cierto, y ya en serio, lo que parece a simple vista es lo más probable. Es decir. Estamos en una época evidente de crisis. En tiempos así, suele haber un comercio de artículos de lujo que no suele haber en épocas más normales. De esta manera, como decimos, hay un trasvase de obras de arte que pasan del erario público o de las instituciones a manos de coleccionistas particulares. Justo esos que están blindados contra cualquier tipo de duda. Esos, precisamente, por los cuales no pasa la crisis. Esos mismos que la aprovechan para hacer su agosto.

Leer también >>  "La Isla": acento francés en Recoleta

¿Dónde hay dinero? ¿Quién podría querer ese manuscrito dorado, ese códice miniado de considerable valor?

MIL KILOS DE SEGURO

Como inciso, cuando se celebró la exposición Las Edades del Hombre en Burgos, los comisarios de la misma acudieron a Compostela con la intención de llevarse el ejemplar del Códice Calixtino. Aquí les respondieron que no estaba asegurado, y que por lo tanto no podían acceder a esa demanda tan lógica (Las Edades del Hombre incluía un interesante apartado sobre códices). Pero eso sí: afirmaban que su seguro habría costado alrededor de los mil millones de pesetas de la época, cantidad de la que la Iglesia compostelana no podía, ni por asomo, disponer.

Pero, siguiendo con la historia de a quién podría interesar (o la más evidente de los thrillers: ¿quién se beneficia con todo esto?), cabrían muchas posibilidades.

En mente de todo el mundo está la de un coleccionista particular con medios no sólo para pagarse ese capricho, sino también con los contactos suficientes como para conseguirlo sin problemas. Alguien con gusto por ese material concreto y mucho dinero.

LA PISTA JAPONESA

Un director de un banco nipón tenía dos de los tres cuadros sobre girasoles que había pintado Vincent van Gogh. Conseguir el tercero de la serie le costó a él una auténtica fortuna y al resto del mundo la consecuencia lógica e inmediata de haber sobrevalorado una pieza que, en condiciones normales, habría salido por bastante menos. El magnate era Yasuo Goto. El escenario, una subasta en Christie’s de Londres. La cantidad, en dólares, 39.921.750.

Lo bueno es que Yasuo Goto es la punta del iceberg. En Japón, Rusia, Estados Unidos o Israel hay fortunas más que notables e interés potencial como para que haya surgido de ahí la idea de encargar el robo a especialistas.

Leer también >>  A los 80 años, Arquímedes Puccio ejerce la abogacía en La Pampa

EL ROBOBO DE LA JOJOYA

Pero ¿y si no ha sido así? He hablado estos días con personal variopinto, y ha aparecido otra posibilidad que no tiene que ver ni remotamente con magnates fabulosos, sean de donde sean.

¿Y si todo ha sido fruto del viejo adagio «la ocasión hace al ladrón»? Pienso en las declaraciones de estos días pasados de José María Díaz: «Podría haber sido alguien que pasaba por allí…»

En ese caso, señores, habríamos vuelto al mundo de Mortadelo y Filemón, al de Pepe Gotera y Otilio, y a una falta de seguridad de chiste…

Qué es exactamente un códice
1 Códice, del latín codex, codicis, y, anteriormente del caldeo caudex (tabla), es, esencialmente, un texto escrito originalmente en una tablilla de cera, usada en tiempos de los egipcios y también por los romanos, y, posteriormente, en papiro (vegetal) o pergamino (piel animal que puede ir de rata gigante a ternera). El códice va encuadernado. Es decir, que se agrupan las tablillas de cera y, luego, las de papiro y pergamino hasta acabar convirtiéndose en un liber, del que deriva la palabra libro. Por poner un ejemplo notable, el Acta Urbis o Acta Diurna, fundado en el año 69 antes de Cristo por Julio César cuando ostentaba el cargo de procónsul de Roma, y considerado como el primer periódico de la Historia, era un códice de tablillas, del cual se hacían aproximadamente doscientas copias, que se repartían en el foro y entre las villas de los alrededores de la capital del Imperio Romano, habitadas por las familias pudientes.

2 Códice miniado. Estaban hechos en pergamino, como el Códice Calixtino, y contenían ilustraciones. Estaban hechos por amanuenses en los monasterios. Uno de los más famosos es el Beato de Liébana. Y el Calixtino, claro.

por Isidoro Peña
 

Fuente: 

El Correo Gallego 10/7/2011

Informacion Adicional: 

La realidad supera hoy a la ficción
4 (80%) 602 voto[s]

Por favor, apóyanos compartiendo en tus redes sociales.

Deja un comentario

Cerrar menú