La obsesión por coleccionar monedas únicas

Un desvelo muy antiguo persigue a Emilio Paoletti, de 85 años: conseguir la casi inhallable moneda de ocho reales acuñada en Lima, en 1567. Nacido en Roma, el ex director comercial de Techint reside desde 1958 en la Argentina, donde se convirtió en uno de los más destacados coleccionistas locales de monedas. Comenzó recopilando piezas nacionales acuñadas entre 1896 y 1940. Pero luego su colección se volvió más amplia y sofisticada. Y hoy su especialidad son las monedas producidas artesanalmente a golpe de martillo (conocidas como macuquinas) entre 1574 y 1773.

La colección tiene unas 10.000 piezas. «Las monedas cuentan la historia social, política y económica de cada país», explica Paoletti su pasión por el coleccionismo. Y, enseguida, se enorgullece de su vedette: una pieza griega del siglo IV a. C. Su historia ilustra la perseverancia y la obsesión por el detalle y el orden de los numismáticos nacionales, que están a la caza de monedas, medallas, billetes, bonos y fichas. Ellos se desviven por conseguir las piezas que por su antigüedad, rareza o escasez aún faltan en sus patrimonios. Y esa pasión podrán compartirla con sus pares del mundo cuando mañana empiece la 7ª Convención Internacional de Numismática en Buenos Aires. «Rara vez las colecciones notables logran perdurar más de 30 años o 40 años: por una cuestión económica, los numismáticos recién a partir de una edad adulta pueden comprar piezas de valor. Pero luego de su muerte, ¡los hijos rematan la colección!», se ríe Paoletti con resignación. Él integra el Centro Numismático Buenos Aires. El origen de la numismática nacional data de 1813, cuando en Potosí se acuñó la primera serie de monedas «patrias» o «republicanas»: ocho escudos de oro y ocho reales de plata. En el centro de las actuales monedas de un peso se reproduce, de manera reducida, aquella pieza dorada fundacional. En 1822 nació el primer billete: un rústico «formulario» emitido por el Banco de Buenos Ayres, que debía llenarse a mano con la fecha y el monto de su valor. Hasta 1880 -cuando se unificó a nivel nacional- la emisión de moneda en el país fue «anárquica»:Emilio Paoletti incluyó instituciones provinciales, bancos y hasta estancias y formatos, denominaciones y soportes diferentes. Una suerte de festín para los coleccionistas. Facundo Vaisman, miembro del Centro Numismático Buenos Aires, explica: «Alguien se convierte en coleccionista cuando comienza a ordenar las piezas que junta: cronológica, geográfica, históricamente o por cualquier otra catalogación que elija». En la Argentina, sin embargo, el mercado numismático es reducido si se lo compara con el de otros países, donde en los remates se pagan sumas astronómicas. «Acá, en una subasta, alguna pieza puede alcanzar, quizá, los 10.000 dólares, mientras que en los Estados Unidos se ha pagado 1.500.000 dólares por ciertos billetes», compara Vaisman. Del primer billete argentino, del que sólo se conserva un único ejemplar. «Esa pieza está en manos de un coleccionista privado, que si quisiera venderlo puede fijarle el precio que quiera. Por supuesto, después debe haber alguien dispuesto a pagarlo», cuenta Vaisman. A falta de un papel adecuado, el billete fue impreso en el reverso de una estampa de una virgen. El Museo Banco Provincia conserva la placa de cobre usada en la impresión. El contador Arturo Villagra, de 72 años, es unos de los principales especialistas argentinos en medallas. Su colección reúne unas 3500 piezas. Estas recopilaciones pueden clasificarse en varias categorías: «premios» (como militares, deportivos, educativos), «conmemorativas» (de un hecho, una inauguración, un homenaje), según el artista que las grabó (como Rogelio Yrurtia, Pablo Cataldi, José Domingo, Rosario Grande, Carlos de la Cárcova) o por la ciudad donde se produjo. Villagra cuenta que algunas de sus piezas más significativas son las medallas que componen la colección completa del Instituto Bonaerense y las acuñadas por la Junta de Historia y Numismática Americana entre 1893 y 1897. «Pero me recibí de medallista cuando conseguí una de plata acuñada por el artista Antoine Bourdelle con motivo de la inauguración de la escultura que ejecutó del general Carlos María de Alvear», se complace con orgullo Villagra, que suele dictar conferencias sobre su especialidad en el interior del país. A los 12 años empezó a coleccionar monedas, hasta que en la década de 1970 se concentró en las medallas. Hoy, además de coleccionarlas, también las diseña. «Un nuevo mundo» El empresario metalúrgico Fernando Perticone, de 52 años, reúne una colección de 700 billetes argentinos. La pasión numismática se le despertó cuando, a los 40, hojeó el Catálogo de billetes argentinos, de Roberto Bottero. «Se me abrió un mundo nuevo al comprobar la enorme variedad de papeles, series, firmas, irregularidades y detalles presentes en la edición de cada billete», explicó. El billete más antiguo de su colección es de 1840. «Entre 1865 y 1880 (cuando por fin se unificó la emisión) más de la mitad de las provincias argentinas de entonces emitían moneda -cuenta Perticone-. Y dentro de cada provincia también emitían los bancos. Por ejemplo, en Entre Ríos, durante ese período, se registran 13 bancos que acuñaron. Como detalle: el general Justo José de Urquiza era accionista de la mayoría de esos bancos.» Perticone tiene su colección rigurosamente catalogada con un número de orden, año de emisión, institución emisora y estado de conservación. Explica que los billetes son más difíciles de preservar que las monedas porque se deterioran con mayor facilidad. Por eso guarda su colección en unos folios libres de PVC. «Me desvela conseguir un billete de un austral muy particular: uno que nunca debió existir porque se imprimió cuando ya se había decidido la supresión de esa moneda, en 1989», se frota las manos Perticone. Encuentro de especialistas El Centro Numismático Buenos Aires organiza la Muestra del Bicentenario y la 7» Convención Internacional de Numismática. Ambas actividades se realizarán en la sede del Banco Ciudad, en Esmeralda 660, mañana, de 12 a 20, y pasado, de 11 a 20. Para ingresar se solicita un bono colaborativo de $ 50. Participarán el Banco Central de la República Argentina y el Banco Provincia, entre otras instituciones. por Fernando J. de Aróstegui Fuente: 

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Diario La Nación 29/9/2016

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