La macabra confesión de un militar sobre 16 fusilamientos en 1974

El lunes 7 de octubre de 2013, los coroneles Carlos Eduardo del Valle Carrizo Salvadores, Mario Nakagama y Jorge Ezequiel Acosta fueron condenados a prisión perpetua por el Tribunal Oral Federal de Catamarca por la “masacre de Capilla del Rosario”, ocurrida en Catamarca entre el 11 y 12 de agosto de 1974, cuando 16 militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) fueron fusilados después de haberse rendido.

El ERP había planeado el ataque simultáneo a dos objetivos militares, para aprovisionarse de armamento y con fines propagandísticos: la Fábrica Militar de Pólvora y Explosivos de Villa María, en Córdoba; y el Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada en Catamarca. Cuando ocurrieron estos dos ataques, recién había asumido como presidenta, Isabel Perón. En Catamarca gobernaba Hugo Alberto Mott, un médico ligado a la derecha peronista. En una serie de entrevistas realizadas entre 2006 y 2007, el sargento ayudante Luis Manzanelli –ya condenado por delitos de lesa humanidad y que esta semana suscribió el escrito y la declaración de su jefe, Ernesto Barreiro-; le relató a Clarín sobre los hechos ocurridos en Catamarca hace cuarenta años. Además le entregó a este periodista un escrito de nueve páginas donde a modo de “Conclusión final”, admite sin dudas: “Yo también creo que fue una ejecución. En mis anexos leerás “El Ejercito no toma prisioneros” (…). Las Fuerzas Armadas cuando pegan, pegan fuerte, como decía Lanusse: la Patagonia trágica, la Semana trágica, los fusilamientos de junio de 1956, etcétera”. En su relato, Manzanelli confirmó las ejecuciones: “Eran cerca de las 13, del 12 de agosto y se produjo un intercambio corto de disparos y habría provocado algunas bajas entre los guerrilleros, y el resto ante el curso de la acción, optó por levantar los brazos en señal de rendición, pero el tiroteo estaba ya generalizado y no se les respetó la vida”. Al igual que lo ocurrido esta semana en el megajuicio de La Perla, Manzanelli reconoce la existencia de los hechos, pero no se autoincrimina: “(Yo) sabía que todo ataque a unidades militares cuentan con un “entregador”. Me llevó como cinco horas, porque además a cada uno de los 40 soldados, le hacía un interrogatorio táctico. Así fue que, cuando llegué a (Raúl Antonio) Aybar le observé su nerviosismo, su desconfianza, su odio, y lo peor, me dijo que trabajaba en Tucumán de gráfico, un gremio que en todos lados era combativo-clasista”. El represor que ahora está siendo juzgado por los hechos ocurridos en la Perla le contó a Clarín que “los manuales del Ejército de EEUU explican que la mayor fuente de información es el enemigo”. En esa  admite: “Los sucesos de Catamarca y Villa María tomaron a las Fuerzas Armadas y fuerzas de seguridad totalmente desprevenidas. Ambos eran jurisdicciones del Destacamento de Inteligencia 141”. por Gustavo Molina Fuente: 

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Diario Clarín 13/12/2014

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