La loca aventura de un raid que auspició La Razón

La hija de Enrique Roger, el piloto que en 1911, en un frágil avión biplano unió las ciudades de Mar del Plata y La Plata, recuerda aquella hazaña y los años en los que su padre era tan famoso «como Fangio».

Hace un siglo, con el patrocinio de La Razón, la aviación argentina vivió un acontecimiento histórico. Era abril de 1911 y el francés Claudio André y el argentino Enrique Roger, al comando de un biplano Farman Gnome, concretaron la hazaña de unir -¡en 12 días!- Mar del Plata con la ciudad de La Plata. Dada la precariedad de aquellas máquinas, el desafío era apto solo para valientes y sus protagonistas obtuvieron los 25.000 francos que el diario entregó como premio.

Julia Roger Arriola, hija del Enrique Roger -que además fue el primer piloto argentino que voló en un aeroplano en el país- actualmente tiene 86 años y una memoria envidiable. Al recordar ese raid aéreo vuelve a experimentar el orgullo que a los 13 años le hizo ver a su padre como a un héroe. Porque eso era: -No digo que se lo podría comparar con Messi o con Maradona, pero sí con Fangio. Todos los aviadores eran vistos como las vedettes de la época: eran estrellas. Vivían de agasajo en agasajo, de recepción en recepción. Unos personajes tremendos. Es que tenían que estar un poco locos para subirse a esas máquinas.

-¿Eran poco seguras?
-¿Poco? Eran de papel, casi. Mi papá tuvo más de un accidente. Una vez se cayó en un charco, en una laguna; otra, quedó colgado de la copa de un árbol. De hecho, cuando aterrizaban, las tenían que dejar atadas a tierra porque si no se las llevaba el viento.

-¿Por qué fue tan importante el raid Mar del Plata-La Plata?
-Basta con pensar que, entonces, ir a Mar del Plata era todo un señor viaje. Yo me acuerdo que íbamos en tren con camarote.

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Tardaba siete, ocho horas y había primer y segundo turno para la cena. Eran trenes limpios, lindos, pero muy lentos. Y por ruta, ni hablar. Recuerdo un artículo que decía, con optimismo, que alguna vez se llegaría a Mar del Plata, con auto, en 15 horas.

Pero lo que hizo mi papá fue en avión. Y no hablamos de un vuelo directo, no: fue un vuelo por etapas. Salieron del hipódromo de Mar del Plata y terminaron en el de La Plata, pero en el medio pararon como en cinco o seis localidades para reabastecerse.

Pirán, Maipú, General Guido, Dolores, Chascomús. En cada lugar los esperaban y los llevaban en andas. Les hacían banquetes, agasajos. Era toda una proeza.

-Eran pioneros.
-¡Eran locos! Aquellos avioncitos eran hermosos, pero parecían de juguete. Todo se manejaba con una palanquita. Además, entonces, la de piloto no era una actividad profesional: el que se animaba a volar, volaba. Pero, ¿quién se animaba? Nadie. Los locos. Incluso, en una de aquellas paradas que hicieron, necesitaban un voluntario para darle arranque al motor impulsando la hélice. Pero nadie se atrevía a pararse delante de la nariz del avioncito. Entonces tuvo que hacerlo mi papá. El mismo le dio el envión y después tuvo que correr y treparse cuando el aparato ya estaba carreteando.

-¿Conoció a Jorge Newbery?
-Claro, eran amigos. Papá viajó en globo con él. Papá amaba el cielo y los aviones. Era un aventurero de alma. En 1912 ayudó a robar nafta para que Teodoro Fels pudiera hacer su cruce del Río de la Plata. Ahora, a lo mejor, cuesta entender como se vivía entonces, como era todo ese mundo. Él me contó que durante el raid desde Mar del Plata, en un momento, a falta de combustible le pusieron aceite de castor al avión y que el avión arrancó. Y yo no creo que haya sido un chiste. Lo hicieron de verdad.

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– ¿A usted le gustaba la aviación?
-Yo casi me crié en el Aeroclub. Me hubiera encantado ser aviadora, pero mi papá no me dejó. Era más bien una actividad de hombres y no estaba bien visto que una mujer anduviera mezclándose, así, con ellos. Porque de pronto avisaban y había que salir para el aeropuerto a las tres o a las cinco de la mañana. Y eso no era para una mujer. Piensen que yo, la primera vez que salí oficialmente a solas con mi marido, fue después de que me casé.

-¿Por qué el raid terminó en La Plata?
-Por culpa de una tormenta. La idea era llegar hasta la Capital Federal, hasta Morón, por lo menos, supongo. Pero cuando el avión estaba en La Plata se desató un tormenta tremenda. El avión estaba bien amarrado, pero el viento lo destrozó, lo dejó inutilizable. Esto da una idea: eran avioncitos de papel. Y ahí se acabó la historia. De todas formas, la misión ya estaba cumplida y La Razón les dio el premio. Después, mi papá siguió volando hasta el año 58.

– ¿Y en casa que se decía de ese padre aventurero?
-Mi mamá lo quería matar, porque era un temerario, siempre andaba de aquí para allá. Pero en casa siempre se juntaban todos los precursores de la aviación. Esa era nuestra vida. Yo creo que la primera vez que volé tenía puestos los pañales.

Genio y figura

Enrique Roger (1888-1963) tenía debilidad por el automovilismo y pasión por los aviones. Fue presidente del Aero Club Argentino, dirigió “La Argentina Automóvil”, un publicación especializada que en 1908 se vendía a $ 0,60 en los quioscos. También creó “El baile de los aviadores”, una celebración anual que más de una vez se hizo en el Teatro Colón. Actualmente, en Longchamps, una calle lleva su nombre. Cuando la aviación civil fue reglamentada demoró en sacar su carnet. Al hacerlo, le dieron el número 77. Siguió volando hasta 1958.

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Entretelones de una proeza

El 12 de abril de 1911, el avión biplano Farman Gonome 50HP partió con Enrique Roger y Claudio André desde el Hipódromo de Mar del Plata. A los 3km tuvieron que aterrizar de emergencia en la estancia La Armonía «debido a dificultades mecánicas».

Tras reanudar el vuelo llegaron a Maipú, en donde un temporal deterioró seriamente la máquina y frenó la travesía. Pero el día 18 ya habían logrado repararla y pudieron continuar. Nuevos desperfectos los obligaron a bajar en Gral. Guido. Posteriormente llegaron a Dolores en donde fueron los invitados especiales del festival aeronáutico que tuvo lugar en el hipódromo local. La aventura continuó hasta Chascomús, en donde fueron agasajados por los Sociedad Rural local y luego aterrizaron en Ferrari para abastecerse de combustible. La llegada al Hipódromo de La Plata fue multitudinaria. Los recibieron las autoridades y fueron llevados en andas. Hasta la sede del Jockey Club en donde se les brindó una un banquete.

por Alejandro Stilman

Fuente: 

Diario La Razón 20/4/2011

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