«La Isla»: acento francés en Recoleta

La zona situada entre las avenidas del Libertador y Las Heras, y Agüero es una de las más elegantes y exclusivas de la Ciudad.

 La primera definición que entrega el Diccionario de la Real Academia Española es clara: “Porción de tierra rodeada de agua por todas partes“. Sin embargo, la segunda acepción de isla es “una manzana, un espacio urbano delimitado por calles“. Y esta es la aplicación que en la jerga de Buenos Aires tiene una de las áreas de la ciudad más destacadas en el barrio de Recoleta. Es que “La isla”, como llaman muchos a la zona delimitada por las avenidas Del Libertador y Las Heras y las calles Agote y Agüero, no sólo tiene la particularidad de estar trazada en un terreno elevado, sino que algunas de sus calles terminan en bien decoradas escaleras, lo que convierte el lugar en un reducto escapado de París, donde el ruido y el tránsito es mínimo. La historia dice que todo ese sector que tiene más de 80.000 metros cuadrados de superficie, fue la quinta de la familia Hale-Pearson. El jefe de esa familia había sido Samuel Brown Hale, un hombre nacido en EE. UU. en 1804 y que, desde 1830, estaba radicado en el país. Conocido ganadero y exportador, fue director del Banco de la Provincia de Buenos Aires y hasta vicepresidente de la Sociedad Rural. Murió en 1888 y su cuerpo quedó en la bóveda familiar del cementerio de la Recoleta. Pero hacia 1906, durante la segunda intendencia de Alberto Casares (su nombre completo era Alberto Ildefonso Casares y Urioste Molina), se decidió la compra de los terrenos de la Quinta Hale. La intención era crear allí un barrio parque que debería incluir un mirador hacia el río. Para esa urbanización se contrató a un especialista: el arquitecto francés Joseph-Antoine Bouvard (1840-1920), quien había sido director administrativo en el área de Arquitectura, Paseos y Forestación de París. El proyecto era parte de un plan urbanístico para Buenos Aires Después, aquellas tierras se subdividieron y el lugar se empezó a llenar de bellos edificios, rodeados de escaleras, monumentos y hermosas balaustradas. En ese contexto y en uno de los lugares privilegiados de esa loma, Carlos María Madero hizo construir entre 1914 y 1917 una residencia de estilo inglés, cuyos autores fueron los arquitectos británicos Walter Basset-Smith y Bertie Colcutt. Madero la ocuparía con su esposa Sara Unzué y sus hijos hasta 1945, cuando fue comprada por el gobierno inglés para sede de su embajada, algo que aún se mantiene. Se la considera la embajada-residencia más lujosa que los británicos tienen en el mundo. La belleza de la “La isla” tiene otros puntos destacados como la Plaza Mitre (con su espectacular barranca y el monumento al ex presidente Bartolomé Mitre, obra de los italianos David Calandra y Eduardo Rubino) y las calles Arjonilla, Guido, Luis Agote, Gelly y Obes, Copérnico y Galileo, donde el espíritu parisino de Bouvard parece estar a sus anchas. También en esa misma área está el impactante edificio de la Biblioteca Nacional, comenzado a construir en 1962 y terminado 30 años después. En ese terreno estuvo la residencia que perteneció a Mariano Unzué, un palacio de estilo afrancesado, expropiado por el Estado en los años 30. Hasta 1955 fue residencia presidencial y allí, en 1952, murió Eva Perón. Por eso, el gobierno de facto que derrocó al primer peronismo ordenó demolerlo. Del lado de Avenida Del Libertador hoy está el monumento que recuerda a Evita. Pero esa es otra historia. por Eduardo Parise Fuente: 

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 Diario Clarín 9/4/2012

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