La iglesia de Santa Felicitas lucha contra el abandono y el olvido

Construida a partir de una trágica historia de amor, hoy luce grafitis en su fachada y muros descascarados; anuncian un plan de recuperación y de puesta en valor. Durante una recorrida por el tradicional barrio porteño de Barracas no puede faltar una visita a la imponente Iglesia Santa Felicitas. Por su valor histórico y arquitectónico se destaca entre el patrimonio de la Ciudad, pero el paso del tiempo y la falta de mantenimiento muestran hoy una cara más triste del monumento. Hay paredes descascaradas en el interior de la nave central y rasgos de humedad que afloran desde la fachada.

Con este panorama, la puesta en valor de la iglesia «es inminente», aseguraron fuentes del gobierno porteño a LA NACION luego de que se realizara un estudio técnico para detectar cuáles son los principales problemas. Situada en la calle Isabel La Católica 520, entre Brandsen y Pinzón, la iglesia se asoma por detrás de la plaza Colombia. Su construcción, que data de 1876, tiene como origen una historia de amor trágica. Felicitas Guerrero había contraído matrimonio con don Martín de Álzaga, pero ocho años después, cuando tenía 24, enviudó. Muchos jóvenes se interesaron por ella, entre ellos Enrique Ocampo, descendiente de una tradicional familia. Pero el amor del hombre no era correspondido por la joven. Despechado, Ocampo discutió con Felicitas y le disparó. La muchacha falleció el 30 de enero de 1872 y con su muerte nació una leyenda que supo conservarse pese al paso del tiempo. Hay quienes aseguran que el fantasma de la joven se pasea por el interior del templo, que fue enviado a construir por sus padres en su memoria. La leyenda urbana, sobre la que mucho se ha escrito, asegura también que algunos vecinos -que lógicamente, nadie logra identificar- inclusive, susurran que dentro del templo se oyen ruidos extraños. Sin embargo, lo que otrora fuera un templo reluciente, actualmente se encuentra casi abandonado. «No es que no haya interés por mantenerlo, pero hay que comenzar con los trabajos de restauración para que la situación no empeore. Presenta un grado de deterioro avanzado», destacó a LA NACION, preocupado, Marcelo Louge, cuya mujer es sobrina bisnieta de Felicitas, la fuente inspiradora de la iglesia de Barracas. Sólo una recorrida visual por el templo permite observar que la pared donde se apoya la reja perimetral fue decorada con grafitis. Además, la fachada del santuario está sucia por el excremento de las aves y en sus laterales los cimientos parecer estar afectados por las filtraciones de agua. Dentro del templo, el olor a humedad se adueñó del espacio. Algunos de los que solían ser vistosos frescos, como los de la cúpula, se transformaron en deslucidas pinturas. Parte de la mampostería está saltada y en la capilla primitiva de los Álzaga, detrás de la nave principal, las paredes lucen abandonadas y agrietadas. El plan para la puesta en valor de la iglesia, que, según lo que pudo saber LA NACION, requerirá una inversión de poco menos de $ 6.000.000, constará de varias etapas. La primera de ellas, que desde el gobierno porteño estimaron que comenzará en las próximas semanas, se centrará en la adecuación y modernización de toda la instalación eléctrica. Luego, y con la intervención de especialistas, se realizarán los trabajos de restauración de muros y mármoles. SÓLO LOS FINES DE SEMANA A principios de la década del 80, la familia Guerrero donó la iglesia al Ejecutivo porteño, pero años más tarde la Ciudad realizó un convenio con el Arzobispado de Buenos Aires para cederle el uso y goce de la Iglesia Santa Felicitas para que se ocupara de las actividades religiosas. El mantenimiento del templo quedó, en tanto, quedó a resguardo del gobierno de la ciudad. Louge sostiene que los descendientes de Felicitas no sólo esperan la restauración de la iglesia. Es que, a través de dos misivas dirigidas en mayo de 2013 al papa Francisco y al arzobispo de Buenos Aires, monseñor Marco Poli, pidieron que el templo permanezca abierto todos los días para la atención de los feligreses. Actualmente, sólo celebran misas los viernes, los sábados a la tarde y los domingos a la mañana. por Valeria Musse Fuente: 

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Diario La Nación 20/9/2014

Informacion Adicional: 

Sobre Felicitas Guerrero:

La dramática muerte de Felicitas Guerrero de Alzaga dio origen al templo que se levanta hoy en el popular barrio de Barracas.

 Felicitas, joven de 16 años contrae matrimonio con Martín de Alzaga, sobrino nieto del español que fuera fusilado en los acontecimientos que siguieron a la Revolución de Mayo. Quedando viuda a los veinte y cuatro años y después de un austero duelo se relaciona afectivamente con Enrique Ocampo, joven altamente conceptuado en los círculos sociales donde actuaba, pasado el tiempo, Felicitas inclinó sus sentimientos a favor de otro pretendiente, Manuel Sáenz Valiente. Enrique Ocampo no acepta esta situación y con la excusa de devolverle regalos y cartas tiene con Felicitas una violenta entrevista que termina con dos disparos en el cuerpo de la infeliz mujer; Felicitas muere al día siguiente, 30 de enero de 1872. Los padres de Doña Felicitas construyeron en su memoria la capilla que hoy admiramos. La construcción de la misma fue obra del arquitecto Ernesto Bunge. No posee un estilo definido, aunque la fachada ostenta reminiscencias neogóticas y neorrománicas. Elementos que se repiten en su interior. Es expresión del eclecticismo.La capilla impresiona por la originalidad de sus líneas, la esbeltez de sus torres y las figuras de ángeles dispuestas en simetría. En el vestíbulo se encuentran dos blancas estatuas de mármol de carrara. La de la derecha representa al yerno de los donantes, en el pedestal lleva la siguiente inscripción: “+ Martín de Alzaga – Marzo 17 de 1870”. A la izquierda la imagen de una madre con su hijo y en pedestal se lee “+ Felicitas G. de Alzaba – Enero de 1872”y “+ Félix de Alzaga – Octubre 3 de 1869”. Recordamos que Felicitas tuvo un hijo, Félix, que murió a los 6 años. El interior del templo es de una sola nave con crucero y cúpula. Este interior llama la atención por la riqueza de su decorado, el cual se basa en una buena combinación de mármoles, estucos, y pinturas de mérito. La bóveda del crucero ha sido decorada con escenas simbólicas en la que resaltan los dorados. El altar mayor, los laterales y el púlpito son de mampostería policromada. En los cuatro ángulos del crucero se encuentran las imágenes de los Apóstoles. La capilla posee tres altares: en el Altar Mayor esta la imagen de Nuestra Señora del Rosario, en el lateral izquierda la imagen de Santa Felicitas mártir que fue sacrificada junto a los siete hijos. En el altar lateral derecho se halla la imagen de San Martín de Tours, patrono de la ciudad de Buenos Aires. Los vitrales son de origen francés y el piso de mosaicos españoles. Las lámparas del templo, con numerosos caireles de cristal aún conservan sus tubos de gas de carburo. En la antesacristía se pueden ver los bustos de los donantes: Doña Felicitas Cueto de Guerrero y Don Carlos J. Guerrero.La Iglesia de Santa Felicitas fue abierta al culto el 30 de enero de 1876, en ocasión de cumplirse el cuarto aniversario de la trágica muerte de la señora de Alzaga. En los jardines aledaños existe una reproducción de la Gruta de Lourdes, obra dirigida por el ingeniero G. Kreutzer.Fue inaugurada el 8 de diciembre de 1898 y las esculturas se deben al artista italiano Juan Bellotti. El templo fue cedido en donación a la ex Municipalidad de Buenos Aires en agosto de 1993. Desde el 25 de diciembre de 1996 el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires sede al uso y el goce del templo, por medio de un convenio al Arzobispado de Buenos Aires. Fuente: wwww.santafelicitas.org.ar

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