La historia del espía que burló al Tercer Reich

Juan Pujol era «Garbo», uno de los más extraordinarios espías en la Segunda Guerra Mundial. Participó en uno de los engaños más importantes en la contienda bélica, y que fue el desembarco en Normandía.

Juan Pujol García

El trailer de ‘Garbo’ nos descubre la historia de Juan Pujol.
¿Cómo descubriste la historia de Juan Pujol?

A través de un guión de María Hervera, que me ofreció Sandra Hermida, basado en hechos reales. Explicaba la extraordinaria historia de un señor de Barcelona que consiguió engañar al alto estado alemán diciéndoles que el desembarco de Normandía no era más que una maniobra de distracción y que el verdadero ataque tendría lugar quince días más tarde, en el Paso de Calais. En ese momento, yo me imaginé que «basado en hechos reales» significaba que su protagonista, Juan Pujol, era de Barcelona y había hecho algo en la Segunda Guerra Mundial, pero poca cosa más. En esa época aún no se había publicado el magnífico libro de Javier Juárez «Juan Pujol, el espía que derrotó a Hitler», con lo que empecé a investigar y me sorprendí cuando pude comprobar que no tan solo todo lo que contaba el guión era cierto, sino que la vida de Pujol estaba repleta de episodios a cada cual más inverosímil e increíble y que ¡también eran completamente ciertos! Entonces me enamoré de la persona que se escondía detrás de todos esos personajes, de lo que había supuesto, y pensé que era necesario dedicarme a él en cuerpo y alma. Era una de esas rarísimas historias que necesitaba ser contada.

¿Cómo le describirías? ¿Qué destacarías de su personalidad?

Era un hijo de la burguesía de Barcelona que, en un momento determinado, se ve envuelto en la Guerra Civil. Él rechazaba el caos, la violencia y todo el sufrimiento que ésta provocaba. No se alineaba en ningún lado, según las enseñanzas de su padre de mantenerse siempre alejado de extremos y enfrentamientos. Pero en esa época no se podía pasar desapercibido, y se las tuvo que ingeniar para sobrevivir. Ahí empezó a cultivar una increíble capacidad de seducción que le permitía representar personajes con tal poder de convicción que nadie dudaba jamás de él. Su extraordinaria capacidad de invención, unida a una modélica discreción, posibilitó que se transformara, durante la Segunda Guerra Mundial, en el espía clave en la mayor estrategia de engaño que burló al Tercer Reich.

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 ¿Cuál crees que fue su motivación para querer ser espía?

El afirmaba que «quería poner su granito de arena para el bienestar de la humanidad». Y esto le guió toda su vida, y en todas sus acciones. Pero para eso necesitaba unas cualidades excepcionales. Otra gente que quiere ayudar al mundo hace servicio social, dona dinero, o descubre curas milagrosas. Pujol no: él se las ingenia para salvar el mundo como lo hacían los espías de cine. Pujol no tuvo una formación militar ni estratégica, sino que se había formado a sí mismo a través del cine y de leer novelas de quiosco. Tal vez por esto tuvo ese poder de seducción y esa convicción de que los buenos siempre ganan al final, y no fue consciente de los grandes riesgos que corría. Todo iba a salir bien. Como en las películas.

 Le llamáis «el mejor actor del mundo». ¿Qué habilidades tenía para convertirse en un agente doble nunca descubierto?

 A los espías normalmente les mueve el dinero, la aventura, el reconocimiento, el odio al enemigo o aspectos personales. Es muy difícil encontrar a un espía que no le motive ninguna de esas cosas. Pujol es la excepción que confirma la regla. Pujol luchaba por unos ideales y lo hacía desde su escritorio; cuando los británicos le descubren y se dan cuenta que él solito se ha inventado a una serie de agentes que trabajan para él y que no existen más allá de su imaginación, pero que los nazis se tragan a pies juntillas, se dan cuenta que Pujol es un actor interpretando simultáneamente a varios personajes, con tanta perfección que tiene subyugado al alto mando alemán. Era tal su convicción, tan creíble, que era imposible ponerle en duda. Por eso los ingleses le bautizan como Garbo, en honor a Greta Garbo, considerada la mejor actriz del mundo y quien, no por casualidad, había sido «Mata Hari» en el cine. Pujol pasa a ser el mejor actor del mundo y los nazis jamás pudieron descubrir a la persona que se escondía detrás.

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¿Cuánto tiempo te llevó escribir el guión y poner en marcha el proyecto?

 Empecé en el año 2004, y el proyecto se puso en marcha enseguida. La historia es tan extraordinaria que todos quedaban enganchados. Salía al extranjero para explicarla con un puñado de gente que tenía otros proyectos, y ‘Garbo’ siempre conseguía despertar más interés. Manos a la obra, nos pusimos a investigar, a recabar información en Venezuela, Inglaterra, Portugal, Francia, España, Estados Unidos, Alemania… grabando más de seiscientas horas, consiguiendo todas las entrevistas, y llegando a tener muchísimo material de archivo y películas de Hollywood o material secreto nazi a nuestra disposición. El montaje duró algo más de un año hasta dar con el final.

 ¿Por qué decidiste hacer un documental? ¿Crees que es complicado hacer un documental en España? Sabemos que es difícil conseguir que se proyecte en grandes salas durante más de una semana…

 La historia me lo pedía. Si hacía una película de ficción, el público podría pensar que toda la trama era fruto de la fantasiosa invención de algún guionista. Nada más lejos de la realidad: aquí el único guionista era el actor de sus propias historias, Joan Pujol, y por eso decidí decantarme por hacer una comedia de espías, con mucho misterio. Decimos que es documental porque no inventamos nada y porque no hay «actores interpretando papeles», pero es cine de entretenimiento también: ‘Garbo’ no es un reportaje, es una película. Y aunque realmente es muy complicada su exhibición en España tengo la esperanza que la extraordinaria historia de Pujol motive al público a ir a descubrirla en el cine.

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 ¿Qué has aprendido de Juan Pujol?

 Que con la ayuda de la imaginación y la fuerza de la voluntad se pueden derrotar a grandes ejércitos. Pujol luchó en dos guerras sirviendo a ambos bandos y jamás tuvo la necesidad de empuñar un fusil. Su única arma era su pluma estilográfica y con ella consiguió lo que ni las bombas, ejércitos y cañones habían logrado. Fue un gran heroe anónimo. Y disfrutó haciendo el bien.
 

 

Fuente: 

Informativos Tele Cinco – Cultura – 6/12/09

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