La historia de un tango con final feliz

Inspirándose en su propio romance con una chica de pueblo, José María Contursi escribió un tango que resonó a través de los tiempos. El director reconstruyó esa historia, que incluyó un flechazo, un desencuentro y un reencuentro poco habitual en el 2×4. Aunque nació en Viedma, en 1976, Jorge Leandro Colás pasó prácticamente todos los veranos de su infancia en Capilla del Monte. Allí comenzaron su historia de amor el famoso letrista de tangos José María Contursi y la anónima Gricel, una chica de pueblo que, ya a comienzos del siglo XX, se ganaba la vida trabajando en un comercio de expendio de combustible. Pero Contursi tenía mujer e hijos. Sin embargo, el flechazo fue tan fuerte que la relación de los amantes continuó por un tiempo. A tal punto, que el autor de tangos le dedicó uno, justamente “Gricel”. Esa muchacha pasó a ser, de algún modo, su musa inspiradora. Pero en determinado momento, Contursi decidió alejarse de Gricel, aunque al parecer no estaba muy convencido de esa decisión: olvidarla era prácticamente imposible. Entonces, décadas después, cuando murió su mujer, se propuso conquistarla nuevamente. A Colás esta historia le venía “sonando hace tiempo”, según cuenta en la entrevista con Página/12. Es que una de las temporadas que pasó con su familia en Capilla del Monte fue determinante para que quedara indeleble en su memoria cuando su padre le contó a Colás cómo había sido esa historia de amor. “Y me parecía que era fantástica para hacer un documental que la retratara”, explica el realizador, que había debutado en 2009 con Parador Retiro, documental que refleja la vida en un galpón con doscientas camas para personas en situación de calle.

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Si bien tiene un pequeño argumento (la excusa para convertirse en el entrevistador es un cantante lírico que desea hacer una ópera sobre esta historia de amor), Gricel es un documental. Musical, claro. A lo largo de poco más de una hora suenan tangos, pero también se escuchan testigos que vivieron la época de Contursi, otros que recuerdan aquella famosa relación y familiares de ambos. También se conocen las cartas de amor que se enviaban los amantes cuando estaban distanciados geográficamente. “Para mí, es claramente un documental porque, en sí, todos los elementos son puramente documentales”, dice Colás, haciendo la salvedad de la presencia en cámara de este cantante lírico que busca elaborar una ópera sobre Contursi y Gricel. “El resto de los elementos que van alineados sobre este objetivo son documentales: las cartas, las entrevistas y el archivo”, explica el director. –Teniendo en cuenta que el documental indaga más en el terreno de la vida privada de Contursi antes que en su vida pública, ¿cómo fue el trabajo de investigación? –La investigación de la película la dirigió Cristina Marrón Mantiñán. Y con ella investigamos por todos lados. Dividimos, por un lado, en la gente vinculada al tango que, en ese sentido, nos costó mucho por una cuestión temporal: muchos compañeros de Contursi fallecieron. Pero tuvimos la confianza de los familiares y de los descendientes tanto de Gricel como de Contursi. Alicia, la hija de Contursi, nos contó una y mil veces la historia, como también la cuenta en la película. Nos dio una cantidad de información que necesitábamos para tener una idea amplia de cómo había sido esa historia de amor. Y, por otra parte, la hija de Gricel, Susana Camba, que casualmente vive en Viedma, de donde soy yo. Ella vivió muy fuertemente el reencuentro de la pareja porque era chica en esos años. Y más allá de contarnos, nos dio fotografías increíbles de ellos y las cartas de amor que Contursi le enviaba a Gricel, que se pudieron conservar. Susana nos las cedió para que las pudiéramos incluir en la película. –Entre otros motivos, es una historia atípica porque él la abandonó y luego buscó reconquistarla y lo logró. En ese sentido, es el final menos tanguero que hay para una historia de amor. –Sí. Nosotros solemos decir que es una especie de tango con final feliz. Hay un reencuentro al final. En cierto sentido, el tango “Gricel” cuenta y documenta esa primera etapa del amor: este romance juvenil y prohibido que mantuvieron Gricel y Contursi. Fueron pasando los años, y Contursi se propuso olvidarse de Gricel para siempre y la dejó. Pero cuando volvió a Buenos Aires y siguió con su vida, descubrió que ese olvido que se propuso era prácticamente imposible. Siguió obsesionado con la figura de Gricel. Y eso se ve en sus tangos. Si uno analiza detalladamente las letras de toda esa época, se encuentra con la distancia, el desamor, el olvido, también la culpa por este olvido. Pasaron veintipico de años, Gricel ya estaba sola, después de un matrimonio que no funcionó del todo bien, Contursi quedó viudo y fue entonces cuando se reencontraron y volvieron a reafirmar este amor que los unió tanto tiempo atrás. Y terminaron juntos sus vidas. Nos parecía que eso era una idea muy romántica; en este sentido, también vinculable al mundo de la ópera. Y como decía: un tango con final feliz. por Oscar Ranzani Fuente: 

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 Diario Página/12 28/11/2012

La historia de un tango con final feliz
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