La historia de la «isla» Demarchi

En sus orígenes fue un simple banco de arena y barro, en la entrada de aquel “río pequeño” que describió el alemán Ulrico Schmidl, integrante de la expedición de Pedro de Mendoza en los tiempos de la primera Buenos Aires, junto al Riachuelo. Después fue “La Punta”, “La Isla del Indio”, “La Isla de los Sauces” y hasta “La Isla del Tío Cruz”, en alusión a ese poblador que cortaba los cañaverales silvestres y luego vendía ese producto para construir las primitivas chozas que, en la zona, hacían de barracas. Hasta que llegó un conocido inmigrante ítalo-suizo, compró parte de esa tierra y le dio nombre definitivo. El hombre se llamaba Antonio y junto con sus hermanos Marcos y Demetrio, le anexaron su apellido y la convirtieron en lo que hoy se conoce como “La Isla Demarchi”.

Convertida en noticia por el anuncio de la construcción del Polo Audiovisual, incluyendo un rascacielos de más de 300 metros de altura, la “isla” Demarchi forma parte de la zona sur de Puerto Madero. Sin embargo, pertenece al barrio de La Boca. Cuando Antonio Demarchi compró el lugar, vecino a la nueva boca del Riachuelo (se modificó la salida al Río de la Plata con la construcción de la Dársena Sur), era una zona inhabitable, pantanosa y a merced de los desbordes del río. Pero hacia 1855, chalupas y balandras frecuentaban el área, desde allí hasta la denominada Vuelta de Rocha, para cargar maderas, cueros y hasta carnes saladas en ese puerto informal que tenía la Ciudad. Los investigadores dicen que, en tiempos de Juan Manuel de Rosas, en el lugar estaba el asiento de una guardia militar. Hacia 1865 muchos astilleros ya se habían instalado en las cercanías. Y afirman que en el área no sólo funcionó un lazareto sino que en 1871, en medio de la epidemia de fiebre amarilla, allí se cremaron y enterraron a algunas víctimas. Eso, explican, motivó que muchos clubes de remeros se mudaran hacia la lejana zona de Tigre. Claro que no todo es tragedia. Los memoriosos cuentan que detrás de la denominada carbonería Wilson estuvo la primera cancha de River Plate, antes de que se fuera durante un tiempo a la zona de Wilde. También por allí cerca estuvo el primer campo de juego que utilizó Boca Juniors. Ya eran los tiempos del siglo XX y en las dos primeras décadas aquel sector mostraba un gran crecimiento industrial. Pero dicen que junto con el crecimiento demográfico, entre los muchos inmigrantes llegaban dirigentes anarquistas y por eso en la “isla” Demarchi hasta funcionó una pequeña prisión para alojar a esos hombres antes de ser deportados. Más tarde, allí se instalaron los talleres del Ministerio de Obras Públicas y la Dirección Nacional de Vías Navegables, la institución que se encargaba de supervisar y coordinar lo relacionado con los puertos y su operatividad. Con los años, muchas de las instalaciones del lugar cayeron en desuso y la “isla” se convirtió en un depósito de chatarra que poco tenía que ver con lo que había pensado Antonio Demarchi para esa zona. En ese tiempo, Demarchi ya era un próspero empresario. Relacionado con la histórica farmacia La Estrella (en Defensa y Alsina) y luego con la Química Estrella, después sería uno de los socios, junto con Antonio Devoto, del Banco de Italia y Río de la Plata, pionero de los bancos privados en la Argentina. También se afirma que Demarchi fue uno de los socios fundadores de la empresa Bagley, ya que el estadounidense Melville Sewell Bagley, creador de la firma, era empleado de La Estrella. Este hombre fue quien desarrolló una bebida a la que se consideraba un tónico con efectos antioxidantes. Aquella bebida fue un verdadero éxito comercial y fue también la primera marca registrada en la Argentina. Se llamaba Hesperidina. Pero esa es otra historia. por Eduardo Parise Fuente: 

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Diario Clarín 15/9/2014

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