La Fragata Negra

La fragata Hércules fue el buque elegido por Guillermo Brown para llevar la insignia de la Escuadra Argentina en sus campañas navales. Sin embargo, después del combate de Martín García y tras quedar virtualmente destrozada por el fuego enemigo, el buque fue conocido con el misterioso mote de Fragata Negra.

Fragata Hércules

Hacia 1814, Montevideo se hallaba todavía en poder realista y el sitio terrestre que año tras año mantenía el ejército de Rondeau parecía no conmover a sus defensores. Con el propósito de acabar con el dominio español en el Plata e incomunicar la ciudad hasta su caída, el Directorio promovió la formación de una escuadra naval y designó en el comando al marino de origen irlandés Guillermo Brown.

Brown eligió para dirigir las operaciones una fragata mercante de origen ruso, de 350 toneladas, dos puentes, 38 metros de eslora y seis de manga, que había sido comprada junto a otros barcos más pequeños por el gobierno de Buenos Aires. Fue armada con treinta piezas de artillería de distintos calibres, entre las que se destacaban cuatro cañones de a 24 y ocho de a 18. Su dotación, de alrededor de 290 hombres, estaba mayoritariamente integrada por ingleses, y se completaba con algunos norteamericanos, franceses, portugueses e italianos, junto a otras nacionalidades. No faltaban los criollos, quienes compensaban sus incipientes conocimientos con un legítimo compromiso.

La escuadra se completó con apenas una decena de barcos de disímiles características, pero que resultaban, en opinión del irlandés, lo suficientemente poderosos como para emprender las primeras operaciones ofensivas.

Almirante Guillermo Brown

Como la isla de Martín García constituía la llave de los dos grandes ríos del litoral, estaba reforzada con emplazamientos artilleros y una poderosa guarnición, y estaba protegida por una escuadrilla naval al mando del capitán de fragata Jacinto de Romarate. La lógica indicaba que sobre aquel punto habrían de dirigirse los primeros movimientos y, en efecto, hacia allí se orientó la primera fase del plan de acción trazado por Brown.

Pasado el mediodía del 10 de marzo de 1814, la goleta Julliet, comandada por el norteamericano Benjamín Franklin Seaver, que navegaba a la cabeza de la línea patriota, abrió fuego sobre la vanguardia realista y recibió, a su vez, la primera andanada de metralla. Mientras tanto, la Hércules, que buscaba una posición relativa favorable para abordar el buque de Romarate, encalló con la proa a distancia de tiro enemigo. Inmovilizada y apoyada sobre el costado de babor, no podía valerse de los cañones de borda y, salvo por los tres de proa, no tuvo otra alternativa que mantener el resto de la artillería en silencio, mientras era acosada por el fuego permanente de las baterías costeras y de trece barcos realistas que se movían con absoluta libertad de acción.

Para la Hércules, la situación era desesperante: sola y sin poder maniobrar, quedó a merced del enemigo, que, sin real oposición, concentraba sobre ella todo el fuego de sus cañones. Al llegar la noche, la pausa impuesta por la oscuridad permitió recomponer las fuerzas, pero el jefe español no habría de dar tregua. Al amanecer reanudó la batalla. Por ventura, tras las primeras horas, el buque comenzó a flotar y se desplazó canal abajo, hasta que con la ayuda de la única vela en condiciones, pudo alejarse hacia el banco de Las Palmas y alcanzar Colonia del Sacramento. En el diario histórico de Francisco Acuña de Figueroa podía leerse entonces:

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«De la tierra y los buques con firmeza/ por dos días la lid quedó empeñada,/ hasta que el fiero Brown retrocediendo/ deja a los nuestros en tranquila calma./ Su bajel capitana y la corbeta/ con grande descalabro apenas salvan,/ sufriendo sobre un banco largas horas/ los fuegos de la mar y de la playa».

La nave capitana, acribillada por la metralla, mostraba las heridas de ochenta y dos impactos en el casco, y en sus cubiertas la sangre derramada de casi cien valientes. En efecto: habían muerto tres oficiales y 44 tripulantes, y junto a este cruel saldo quedaban, además, medio centenar de heridos. Frente a las reducidas pérdidas españolas, los resultados eran estremecedores.

Sin embargo, el irlandés no se daba tiempo para pensar más que en la definitiva caída de la isla. En Colonia, improvisados calafates, carpinteros y herreros provistos de mazas, martillos, lijas y serruchos apuraron la recuperación del buque, cuyas crujientes llagas fueron selladas con madera y brea, al tiempo que desde la línea de flotación hasta la borda se reforzaron los arreglos con lonjas de cueros vacunos.

Desde entonces, el barco fue ganando el curioso y luego legendario nombre de Fragata Negra.

Mientras Brown multiplicaba los esfuerzos para restaurar el buque y trataba de estimular el ánimo de las tripulaciones con consignas alentadoras, proyectó sobre Martín García una operación anfibia. En la Julliet, cuyo comandante muerto había sido reemplazado por el capitán Ricardo Baxter, emplazó un contingente procedente de Colonia y una dotación de marineros de la Hércules. Y con esta improvisada, aunque agresiva fuerza de desembarco, en la madrugada del 15 de marzo, al amparo de las sombras y mientras los buques argentinos maniobraban para distraer a sus pares españoles, comenzó la acción.

Los defensores, aturdidos por la sorpresa, intentaron una temeraria defensa, pero apenas una hora después, viendo que eran inútiles sus esfuerzos, abandonaron sus posiciones y baterías para embarcarse y huir.

Se había logrado el control del río y, por lo tanto, gradualmente se fue cerrando el cerco sobre Montevideo. Mientras por tierra el ejército sitiador se consolidaba, los buques de Brown amenazaban con artillería naval y un bloqueo persistente la plaza de Montevideo.

Para salvar la ciudad, el gobierno español tenía que desarticular la escuadra de Buenos Aires y, para ello, no cabía otra opción que enfrentar a su oponente en un combate naval.

El 14 de mayo, la escuadra realista, compuesta por doce unidades de distinto porte, tripuladas por aproximadamente 1200 hombres, zarpó del apostadero de Montevideo. Cuando las unidades españolas se acercaron, las argentinas viraron y se alejaron del enemigo, que se lanzó en su persecución. A la altura del Buceo, los buques de Buenos Aires maniobraron sorpresivamente; la Hércules de Brown quedó en situación de entablar un duelo singular con la corbeta Mercurio, mientras lo propio hicieron las demás unidades que, dueñas de la sorpresa, lograron desbaratar la línea enemiga.

El temporal que asoló al Río de la Plata el 15 de mayo mantuvo a criollos y españoles demasiado ocupados como para pensar en un nuevo enfrentamiento. Pero entre el 16 y el 17 de mayo la acción trenzó a los contendientes en un extraordinario despliegue de fuerza que culminó con la derrota de la escuadra española.

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El combate naval de Montevideo, como dio en llamarse a la cadena de acciones que comenzaron el 14 de mayo en el Buceo, fue el punto culminante de un plan trazado cuidadosamente por Alvear y orientado debidamente por Brown para acabar con el sitio terrestre y ocupar el último bastión español en territorio argentino. En evocación de aquella memorable operación de guerra, la Armada Argentina conmemora los 17 de mayo su aniversario.

Las fuerzas navales y terrestres habían actuado en un esfuerzo coordinado, por el cual modificaron sustancialmente y para siempre el desarrollo de la guerra. En aquel juego, la contundencia de la victoria, fruto de una campaña extendida y desarrollada por etapas, que tuvo como puntos culminantes la ocupación de Martín García y la neutralización definitiva de la escuadra realista, al permitir el completo control del Río de la Plata, había arrastrado a Montevideo, que, asediado por mar y tierra, debió capitular.

La Hércules, o Fragata Negra, fue también la nave insignia en el temerario crucero corsario por el Pacífico, donde Brown e Hipólito Bouchard, además de hostigar el tráfico español, difundieron las ideas de libertad en las costas de Chile, Perú y Ecuador, y terminó sus glorias en las Antillas Menores, donde recaló en septiembre de 1816.

Precisamente allí, luego de un aciago periplo repleto de privaciones, donde habían sufrido los temporales del Cabo de Hornos, los horrores del hambre y los padecimientos del escorbuto, los corsarios fueron sacudidos por las maquinaciones de un comandante inglés que, al verificar la existencia del valioso producto ganado a los españoles en el Pacífico, confiscó la nave.

De la Fragata Negra, mal vendida en Centroamérica, nada se supo después, pero su contribución a la causa de la independencia se mantiene en la memoria como símbolo de lo que pudo y puede el espíritu argentino. © LA NACION

por Guillermo Andrez Oyarzabal es historiador y marino

 

Fuente: 

Diario La Nación 31/5/2010

Informacion Adicional: 

Quién fue Guillermo Brown:

Nació en Foxford, Irlanda, el 22 de junio de 1777. Su nombre está íntimamente vinculado a las luchas por la independencia argentina, a la guerra contra el Imperio de¡ eras¡¡, a las luchas; civiles de¡ período de Rosas. Emigró con sus padres a los Estados Unidos siendo todavía un niño. Quedé huérfano a corta edad y entra como grumete en un barco de guerra inglés.
Años después se le encuentra al mando de una nave de pabellón británico que fue apresado por los franceses y conducida a Metz con su comandante.

Brown consigue fugarse y llegar a Inglaterra tras no pocas peripecias. Contrajo allí matrimonio en 1809 y emigró hacia él Río de la Plata, a donde llega el mismo año. Después de una breve permanencia en Montevideo se traslada a Buenos Aires y se compra una Goleta llamada «Industria» para realizar un servicio regular entre Buenos Aires y Montevideo.

Al producirse la Revolución de Mayo se adhiere al movimiento y en 1814 acepta el mando de una escuadrilla para hacer frente a las interferencias de los buques españoles.

El gobierno de Buenos Aires compra y arma la fragata Hércules, los bergantines Zephoys y Nancy y la qoieta Juliet. Se les reúnen después. las goletas Julieta y Fortunata, la cañonera Tortuga y el falucho San Luis, con los que el 10 de marzo hace rumbo a Martín García, isla en la que desembarca.

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Luego se dirigió a Montevideo y el 17 de mayo tuvo una gran victoria sobre los buques realistas, superiores en número y armamento. Cooperó positivamente en el sitio a Montevideo, plaza que bombardeó y cuya rendición, ocurrida en junio, debióse en gran parte al asedio marítimo. El Supremo Director Posadas, lo ascendió a Coronel, como premio a su comportamiento. Tuvo prisionero a borde de¡ Hércules al Gral. Vigodet que regresó a España al cabo de 14 días.

Brown tuvo que regresar a Buenos Aires a consecuencia de una herida que habla recibido en combate y el gobierno lo designa Comandante General de la Marina. Por los efectos de esa herida queda cojo para toda la vida. Posteriormente, se retira a su quinta de Barracas, donde permanece alejado de la vida pública hasta que en 1826 lo llama a servicio el presidente Rivadavia.

Ese año combate en el puerto de la Colonia contra la escuadra brasileña, resultándose adversa la suerte, hasta que con once embarcaciones mal pertrechadas y con una tripulación pobre derrota a los brasileños que mandaban 31 unidades. Este fue el histórico combate naval de Los Pozos, realizado el 1 1 de junio de 1826. Al ario siguiente el 9 de febrero, volvió a derrotarlos en Juncal. Obtiene una nueva victoria en Monte Santiago, pero en. ese combate pierde la vida el capitán Francisco Drummond, novio de su hija Elisa Brown, la cual al enterarse de la noticia se suicida.

Este hecho marca en la vida psíquica de¡ marino una de las etapas decisivas de la neurosis que llegó a dominarlo. En 1829, vuelve a la vida privada y en 1837 hace un viaje a su país natal. A principios de 1841, Rosas le confía la misión de crear una escuadra para hacer frente a Jade¡ Gral. Riveraya los buques extranjeros que tanto le molestaban con sus agresiones.

El 27 de febrero hacía flamear su insignia de Almirante en el bergantín Belgrano. En mayo derrotó a los riveristas frente a Montevideo y en 1842 venció a la escuadra adversaria mandada por Garibaldi. En 1843 bloquea Montevideo por orden de Rosas, bloqueo que la intervención británica hizo fracasar. En 1845, se vio forzado a regresar a Buenos Aires obligándolo las escuadras europeas a firmar un documento por el que se comprometía, dada su calidad de británico a no intervenir más en aquella contienda.

Fallece en Buenos Aires el 3 de marzo de 1857.

Brown simboliza toda la historia naval argentina, dice Bartolomé Mitre «No teníamos astilleros, ni maderas, ni marineros, ni nuestro carácter nos arrastraba a las aventuras del mar, ni nadie se imaginaba que sin esos elementos pudiéramos competir algún día sobre las aguas con potencias marítimas que enarbolaban en bosques de mástiles centenares de gallardetes. Este prodigio lo realizó el Almirante Brown en los momentos de mayor conflicto en las dos guerras nacionales que ha sostenido la Argentina».

Fuente: www.portalplanetasedna.com.ar

 

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