La fotografía, otra pasión del presidente comunista yugoslavo Tito

La exposición, titulada «Tito-foto», abarca unas 900 diapositivas proyectadas sobre las paredes del museo «25 de mayo», así como otras 100 imágenes tomadas con cámaras Polaroid y otros aparatos usados por el ex líder partisano, muerto hace 30 años pero cuya popularidad, al parecer, crece con el paso del tiempo.

Se trata del material encontrado hace un mes en los archivos del Museo de la Historia de Yugoslavia y representa sólo una modesta parte de la colección de unas 20.000 fotos tomadas por Tito.

Las instantáneas exhibidas, en su gran mayoría en blanco y negro, están divididas en varios «álbumes» que llevan nombres como «Mi Yugoslavia», «Mi Jovanka (la esposa de Tito)», «Mis residencias, mis islas», «Yo por el mundo», entre otros.

Abarcan las décadas de 1960 y 1970 y son un testimonio valioso sobre la vida privada de Tito, poco conocida, sobre el ambiente y las personalidades que le rodeaban.

También constituye un material importante para el trabajo de los sociólogos e historiadores dedicados a estudios sobre la vida y el trabajo del líder yugoslavo, fundador del entonces importante Movimiento de Países No Alineados.

Tito se dedicó durante 40 años a la fotografía como afición y sin pretensiones profesionales.

Ni siquiera tenía motivos preferidos. Tomaba fotos de la costa, del mar, islas, paisajes, escenas de la naturaleza, caza, animales, flores, el interior de su casa, objetos personales, viajes.

No hacía muchas fotos de personas, con algunas excepciones, como su esposa y algunos amigos y colaboradores. Casi nunca hacía retratos y algunas veces tomaba fotos de grupos de gente, generalmente en recepciones y fiestas.

El valor artístico de sus fotografías no ha sido objeto de estudio, pero a primera vista las hay tanto logradas como desenfocadas o borrosas.

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Según una anécdota, el presidente Tito le sacó una foto, en una ocasión, a un grupo de generales y colaboradores próximos y al comprobar, tras su revelado, que sólo se veían los cuerpos, el mandatario les dijo entre risas: «pues, os he cortado la cabeza».

En los últimos años de su vida estaba obsesionado por la cámara Polaroid, de la que nunca se separaba.

Tenía, entre otros, el modelo SX70, un regalo de un coronel estadounidense a quien conoció durante la Segunda Guerra Mundial, y con quien se encontró también en 1972 en Belgrado.

Con esta exposición, el Museo de la Historia de Yugoslavia se suma a la iniciativa mundial para preservar la tradicional marca estadounidense Polaroid, el medio analógico de la fotografía instantánea.

Un grupo de admiradores de Polaroid se ha reunido en torno al llamado «Proyecto Imposible» para volver a comercializar los cartuchos de estas legendarias cámaras, que se dejaron de fabricar recientemente.

Entre las cámaras exhibidas también hay varios modelos de Nikon, Tessina y una minúscula Minox, que ganó fama y popularidad al ser usada en varias películas de James Bond.

Tres décadas después de su muerte, la figura de Tito despierta el recuerdo de un pasado mejor en Yugoslavia, el país más próspero del Este, que se desintegró a comienzos de la década de 1990 con varias guerras sangrientas. EFE sn/jk/ll/cr
 

Fuente: 

Diario ABC 20/2/2010

Informacion Adicional: 

Quién fue Josip Broz Tito:

Creador del régimen comunista en Yugoslavia (Kumrovec, Croacia, 1892 – Liubliana, Eslovenia, 1980). Tito era un modesto obrero croata, que se acercó al socialismo a través de la acción sindical.

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Al estallar la Primera Guerra Mundial (1914-18), fue movilizado por el ejército austro-húngaro y cayó prisionero de los rusos. En Rusia se unió a los bolcheviques durante la Revolución de 1917, para regresar luego a su país, recién integrado en un Estado de nueva creación: Yugoslavia. Tito actuó como agente de la Unión Soviética y dirigente del Partido Comunista Yugoslavo, que le eligió secretario general en 1937.

Tito

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-45), el país fue ocupado por la Alemania nazi (1941). Tito pasó a la clandestinidad y organizó la resistencia guerrillera contra los alemanes y los colaboracionistas, sin recibir ayuda ni de la Unión Soviética ni de los aliados occidentales. Los partisanos de Tito liberaron al país del ejército ocupante por sí mismos, circunstancia que determinó la instauración de un régimen político autónomo con respecto a las dos superpotencias que se repartieron el mundo en la posguerra. En 1945 proclamó la República Popular Federativa de Yugoslavia (con un régimen comunista de partido único), en la que ejerció el poder hasta su muerte, primero como jefe de gobierno (1945-53) y luego como presidente de la República (1953-80).

A pesar de la afinidad ideológica con la Unión Soviética, Tito rompió las relaciones con Stalin en 1948, afirmando su «vía nacional» al socialismo frente a la voluntad de dominación soviética. En consecuencia, no se integró en los sistemas de alianzas del bloque soviético (COMECON y Pacto de Varsovia), entablando por el contrario relaciones comerciales con los países occidentales e impulsando un movimiento de países no alineados (junto con Nasser, Nehru y otros).

La independencia política que le daba el hecho de ser la única de las «Repúblicas Populares» de Europa Oriental que no había surgido de la intervención soviética, le permitió construir un régimen socialista original, descentralizado y autogestionario. Sin embargo, tanto el modelo económico del socialismo autogestionario como el modelo político de la federación yugoslava fracasaron; y las dificultades económicas y los conflictos nacionalistas impulsaron a Tito a endurecer gradualmente su dictadura hasta que murió. Sus sucesores fueron incapaces de frenar la descomposición del país, que tardó poco en llegar a la guerra civil.
     
 
 

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