La epopeya del comandante Andresito

En el Noreste del país es un prócer reconocido y admirado, pero en el resto del país y en Buenos Aires son pocos los que saben su nombre y su historia. Tanto que en la Ciudad tuvieron que pasar 28 años para que se inaugurara un monumento en su memoria, basado en una ley que el Congreso Nacional había aprobado en 1985. La figura es Andrés Guacurarí y Artigas, un joven que con su lucha en el Litoral se ganó el mérito de ser nombrado general, aunque para sus seguidores haya sido sólo el “comandante Andresito”.

La estatua es de tamaño natural y está en la plazoleta Misiones, en el cruce de Rivadavia y 9 de Julio, a metros de Avenida de Mayo. Apenas un pequeño pedestal de piedra y cemento la separa del piso, cubierto con algo de esa tierra roja en la que Andresito nació y luchó. Fue inaugurada en diciembre de 2013 y lo muestra de pie y con una lanza en su mano derecha. La placa, colocada al pie del monumento, lleva este texto: “Comandante General Andrés Guacurarí y Artigas, héroe guaraní, por su contribución a la epopeya de la emancipación latinoamericana y su contribución a la integridad territorial”. Es obra de Gerónimo Rodríguez, un artista nacido en Montecarlo, Misiones, y está hecha en acero inoxidable. Es una réplica en escala de la que está en una pequeña isla en la costanera de Posadas. Aquélla tiene 15 metros de alto y pesa 6 toneladas. Si uno busca los datos que aluden a su vida sabrá que vivió poco más de 40 años. Se cree que nació en noviembre de 1778 en São Borja (actualmente Brasil) o en Santo Tomé (Corrientes). Hijo de una mujer guaraní, conoció desde chico los rigores del trabajo en los cafetales que controlaban los bandeirantes y allí se forjó ese espíritu combativo que después lo identificaría. Aunque no hay una fecha precisa, dicen que en 1811 o 1812 conoció a José Gervasio Artigas, el caudillo oriental, quien no sólo lo integró a sus fuerzas, sino que luego lo adoptó como su hijo y lo nombró comandante general de las provincias de las Misiones. Es decir: en el país, Andresito fue el primer gobernador surgido de los pueblos originarios. Guacurarí (algunos lo pronuncian como Guazurary) fue el líder de los grupos indígenas de la Mesopotamia que pelearon por un país más justo. Y cuando le tocó gobernar, siguiendo las ideas artiguistas, promovió reformas agrarias para que existiera un mejor reparto de las tierras. También hizo que se eliminaran los símbolos de la colonización y potenció la acción de los cabildos de cada ciudad bajo su jurisdicción. Además, ganó numerosas batallas enfrentando a fuerzas que lo superaban en número y también en calidad de armamento. Sin embargo, después de uno de esos combates y cuando cruzaba el río Uruguay para ir a reunirse con Artigas, fue atrapado por fuerzas lusitanas que, a pie, lo llevaron prisionero hasta Porto Alegre y luego a Río de Janeiro. Cuentan que le habían colocado encima un cuero fresco que, a medida que se secaba con el sol, iba apretando su cuerpo. Se cree que murió en 1821 en una mazmorra, aunque otros historiadores mencionan que fue liberado y murió en Uruguay. También se menciona que pudo volver a Misiones y morir allí. Lo real es que no hay certezas sobre el destino de sus restos. Ahora, lo concreto es que desde hace unos meses y en Buenos Aires hay un monumento para evocarlo. Y que en este 2014 fue reconocido oficialmente su grado de general. A metros de donde se encuentra su monumento hay una bellísima gran fuente que supo estar en la Plaza de Mayo en otra jornada que aún se recuerda: el 17 de octubre de 1945. Esa vez, manifestantes que apoyaban a Juan Perón, usaron la fuente para refrescarse después de una larga caminata. Pero esa es otra historia. por Eduardo Parise Fuente: 

Leer también >>  Estrenan el primer documental sobre el día en que murió Pinochet

Diario Clarín 23/6/2014

Por favor, apóyanos compartiendo en tus redes sociales.

Deja un comentario

Cerrar menú