La diplomacia estadounidense ante el 17 de octubre y el Libro Azul

Los sucesos del 17 de octubre iniciaron la declinación en la Argentina de las acciones del embajador estadounidense Spruille Braden contra el entonces coronel Juan Domingo Perón. Sin embargo, Braden jugó una última carta antes de las elecciones de 1946 al publicar un extenso documento basado en correspondencia diplomática secreta encontrada en los archivos alemanes después de la guerra y otros materiales y entrevistas a funcionarios nazis, creyendo que las revelaciones que contenía acerca de la Argentina afectarían el prestigio de Perón y le harían perder las elecciones.

 Juan Perón junto al embajador Spruille Braden

Pero ocurrió todo lo contrario: la publicación de ese documento –conocido con el nombre de Blue Book o Libro Azul por el color de sus tapas– fue considerada como una injustificada intervención en los asuntos internos del país y levantó una ola de protestas en la Argentina y en América latina que ayudaron a Perón a ganar con más facilidad la contienda electoral. En su campaña contra Braden, el coronel reforzó su imagen nacionalista, mientras que la vinculación de los políticos de la oposición con Braden desprestigió a éstos y contribuyó a la derrota de la Unión Democrática.

Ya en el mes de noviembre, John Cabot, encargado provisorio de la embajada en Buenos Aires (Braden había vuelto a Washington), iniciaba un proceso de revisión autocrítica de la política norteamericana en la Argentina, llevada a cabo por el embajador saliente, donde resaltaba la vinculación del ascenso del peronismo con las necesarias reformas sociales que debían ser aplicadas en la Argentina, así como el carácter de sus clases dirigentes: “Me parece que nuestra actitud actual hacia el régimen argentino está basada en gran parte en una serie de factores que no nos han llevado a conclusiones enteramente lógicas. Históricamente, la Argentina fue el chico malo entre las repúblicas americanas durante muchos años antes de la crisis presente […] la Argentina necesita urgentes reformas sociales. La legislación social es anticuada en su mayor parte, si no inexistente. Existen enormes desigualdades en cuanto a la riqueza. La tierra es poseída notoriamente por unos pocos terratenientes; los industriales han utilizado la carestía originada por la guerra para engañar al público (me gustaría que pudieras ver los que tienen la desfachatez de cobrar por algunos artículos comunes producidos en la Argentina) […] La gente que más vocifera en la oposición no se destacó justamente por sus inclinaciones democráticas. Hace tres años, muy por el contrario, fueron ellos quienes tuvieron la mayor responsabilidad, gracias a sus políticas reaccionarias, por el enredo actual de este país. En muchas oportunidades fueron ellos los refractarios al panamericanismo, si es que no se manifestaron directamente antinorteamericanos. En pocas palabras, aunque no tengo ningún deseo de entrar en el juego de Perón, veo que podemos correr el riesgo de ser acusados no sólo de bloquear las reformas sociales sino también, lo que es peor aun, de que nos atribuyan el peor tipo de diplomacia basada en el dólar para proteger nuestro capital de las legítimas exigencias de los obreros argentinos. Supongo que estoy un poco impaciente por las reformas sociales debido a lo que tengo que oír en los círculos sociales. Las viejas familias de aquí hacen que los banqueros neoyorquinos se parezcan a William Z. Foster” (dirigente del Partido Comunista de Estados Unidos).

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El llamado Libro Azul se presentó como una pretendida “consulta” (que no fue tal) al resto de los países latinoamericanos, de 130 páginas, con el título de Consultation among the American Republics with regard to the Argentine Situation. Fue entregado a los respectivos embajadores el 11 de febrero de 1946, exceptuando al representante argentino. La copia estaba encuadernada con tapas de color azul, lo que dio lugar a su futura denominación. Allí se acusaba a los gobiernos argentinos desde el conservador Ramón Castillo hasta el coronel Juan Perón de sus vinculaciones con la Alemania nazi. Muchas de las acusaciones que contenía provenían de interpretaciones erróneas o de informaciones no muy claras provenientes de los documentos alemanes. Además, las revelaciones concretas acerca de los contactos entre Perón y los nazis eran vagas y poco fundamentales comparadas con los cargos que se hacían a otros miembros del gobierno militar o del régimen conservador.

En el documento presentado por el Departamento de Estado se dice, por ejemplo: “[…] Aunque esta tarea de investigación prosigue, el gobierno de los Estados Unidos tiene actualmente información que deja establecido que 1) Integrantes del gobierno militar colaboraron con agentes enemigos en importantes actividades de espionaje, y en otros objetivos que perjudicaban el esfuerzo de guerra de las Naciones Unidas. 2) 2. Líderes, grupos y organizaciones nazis se combinaron con grupos totalitarios argentinos para crear un estado nazifascista. 3) Integrantes del régimen militar que ha controlado el gobierno desde junio de 1943, conspiraron con el enemigo para socavar a los gobiernos de los países vecinos con el fin de destruir su colaboración con los aliados y en un esfuerzo por alinearlos en un bloque pro eje (como la acusación al gobierno argentino de haber apoyado o promovido el golpe de Estado en Bolivia, del 20 de diciembre de 1943, también según el Departamento de Estado de orientación nazifascista). 4) Gobiernos argentinos sucesivos protegieron el enemigo en cuestiones económicas con el fin de preservar el poder industrial y comercial del Eje en la Argentina. 5) 5.Sucesivos gobiernos argentinos conspiraron con el enemigo para obtener armas de Alemania […]”. Como señala un autor norteamericano, Dorn Glenn, sin las sorprendentes revelaciones que Braden había prometido, el Libro Azul no presentaba evidencias para respaldar las afirmaciones sensacionales acerca de la colaboración argentino-germana. “Lo que emergía era una áspera denuncia de Perón, significativamente separada de los pocos documentos nazis que habían sido usados para respaldar la primera parte” del documento que se refería a los gobiernos conservadores.

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Años más tarde, John Cabot también admitía que el Libro Azul había sido un error en la política norteamericana hacia la Argentina: “Fui consultado y recomendé que no se emitiera. Me pareció que por la fecha en que iba a publicarse y por contener un ataque vehemente contra uno de los candidatos, iba a resultar contraproducente. Sin embargo, no esperaba que el Departamento (de Estado) me llevara el apunte, y así ocurrió. Retrospectivamente, estoy convencido de que el Libro Azul fue un grave error. Si fue el factor que le dio el triunfo a Perón, no lo sé. Contenía un número de errores que no eran particularmente importantes.
 
Pero lo más lamentable fue la enorme parcialidad de esa publicación. No fue un estudio objetivo sino polémico. Distorsionó la información original en que se basó y hechos que eran bien conocidos por Washington. Me he preguntado a menudo, considerando las circunstancias, qué debiéramos haber hecho. Lo cierto es, que Braden quebró todas las normas de la diplomacia”. “Perón –concluía Cabot– ha sido electo en elecciones limpias, nos guste no. En adelante deberemos negociar con él.” Y así fue. (Las opiniones de John Cabot, así como también el llamado Libro Azul, se basan en documentos diplomáticos y de la Biblioteca Presidencial Truman a disposición del público.)

por Mario Rapoport, economista e historiador. Investigador superior del Conicet.

 

Fuente: 

Diario BAE 20/10/2010

Informacion Adicional: 

Quién fue Spruille Braden:

 Braden en la portada de la revista Time, en 1945

Nació el 13 de marzo de 1894 en Elkhorn (Jefferson County) Estados Unidos y falleció el 10 de enero de 1978 en el estado norteamericano de Montana.

Fue un diplomático estadounidense que desempeñó el cargo de embajador y realizó importantes misiones diplomáticas en varios países, principalmente de Latinoamérica, entre ellos Cuba en 1942, Argentina en 1945 y Colombia entre 1939 y 1942. En 1944 ocupó el cargo de Subsecretario de Asuntos Hemisféricos de los Estados Unidos de América, institución que en aquellos momentos estaba presidida por Harry S. Truman.

En el aspecto ideológico Braden era un ferviente anticomunista y era además hostil a cualquier forma de organización obrera. Fue partidario de combatir abiertamente la expansión del comunismo en el mundo, y en especial en cualquier país de América Latina. Tal era su decisión de enfrentarse a la infiltración y desarrollo de los movimientos marxistas en los países del continente americano que pensaba que era completamente legítimo intervenir en los asuntos internos de las diferentes naciones si con ello se lograba la neutralización de los movimientos de izquierdas.

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Junto a su faceta de diplomático fue además un importante empresario. Spruille Braden fue dirigente de algunas empresas como Braden Copper Company, dedicada a la explotación minera y establecida en Chile, y la W. Averell Arriman Securities Corporation. Tuvo también participación comercial en la United Fruit Company. En esta última firma y a partir de 1948 parece ser que empezó a percibir un salario por defender el nombre de esta importante compañía en aquellos lugares donde los intereses de la empresa corrían peligro. Así sucedió en Guatemala en la etapa previa al golpe de estado que derrocó al presidente Jacobo Arbenzen.

Su carrera como hombre de negocios le posibilitó jugar un papel relevante como agente de la Standard Oil en la sangrienta Guerra del Gran Chaco, librada entre 1932 y 1935 por los países de Bolivia y Paraguay siendo uno de los motivos principales, aparte de las disputas limítrofes entre los contendientes, el descubrimiento por parte de técnicos estadounidenses de la Standard Oil de bolsas de petróleo en la región occidental del Chaco.

Durante el conflicto Spruille Braden actuó como garante de los intereses de la Standard Oil, empresa fundada de John D. Rockefeller, la cual rivalizaba en América Latina con otras compañías como la Royal Dutch Shell, empresa que ostentaba en aquellos momentos los derechos sobre las prospecciones petrolíferas en territorio paraguayo.

En 1945 durante su etapa en la República Argentina fue capaz de organizar un frente antiperonista ante la progresiva influencia del militar argentino en los sindicatos obreros.

La oposición contra Perón, en la cual Braden jugó un importante papel, fue configurada por diversas fuerzas políticas de diferente signo ideológico. De este modo el frente antiperonista estuvo integrado principalmente por un conglomerado de agrupaciones diversas entre las que destacaban los partidos comunista y socialista, la Unión Cívica Radical, los conservadores, los terratenientes e incluso la Federación Universitaria Argentina.

Las elecciones celebradas en 1946 y donde Juan Domingo Perón venció, pasando a ser de este modo en el vigésimo noveno presidente de la República Argentina, quedaron perfectamente resumidas en el eslogan diseminado por el mismo militar en el período previo a los comicios. “Braden o Perón”.

Retirado de la política, escribió en 1971 sus memorias tituladas: “Diplomáticos y Demagogos: las memorias de Spruille Braden.

Fuente: La Guía de Historia

 
 

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