La devolución de piezas históricas

El pedido de restitución del busto de Nefertiti a su lugar de origen debería ser respetado, en defensa del patrimonio.

Frente al pedido de devolución del busto de la reina Nefertiti, el gobierno de Egipto se encontró una vez más con la reticencia de su poseedor, Alemania. La pieza en cuestión está en el Neues Museum, de Berlín. La halló, el 6 de diciembre de 1912, Ludwig Borchardt, profesor del Instituto Imperial Alemán de Ciencias Egipcias de la Antigüedad, mientras realizaba excavaciones, en el sur de Egipto. Debió quedarse allí.

El primer reclamo de Egipto a Alemania data de 1930. En la Segunda Guerra Mundial, el mariscal nazi Hermann Goering evaluó la posibilidad de devolverla para sumar a Egipto entre sus aliados, pero Hitler se rehusó. En 2009, el Museo Egipcio de Berlín rechazó que estuviera negociando su restitución, pero el pedido oficial de Egipto, transmitido ahora por el Ministerio de Cultura, ha renovado el interés en recobrarla. La petición revela el afán de las autoridades de El Cairo de recuperar las antigüedades que han sido trasladadas en forma ilegal. En 1913, Borchardt logró engañar a las autoridades egipcias, entonces bajo la tutela colonial francesa.

              Piedra Roseta

El busto de Nefertiti, esposa del faraón Akenatón, es una de las seis piezas únicas detrás de las cuales está el gobierno de Egipto. Le asiste la razón, más allá del virtuoso descubrimiento que se arroga Alemania, en cuyo museo, abierto hace poco más de un año, atrae todas las miradas. El director del Consejo Superior de las Antigüedades de Egipto, Zahi Hawass, pide su devolución cada dos meses y suele toparse con una respuesta negativa que se basa en argumentos históricos y legales. Aducen los alemanes, entre otros reparos, que la petición debe llevar la firma del ex primer ministro Ahmed Nazif.

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Esta aparente formalidad no tiene como finalidad ganar tiempo. El busto de Nefertiti fue adquirido en 1913 por la Sociedad Alemana para Oriente y, después, por el Estado prusiano. Es lo que consta en los documentos, y en ellos, precisamente, se afirma el gobierno alemán para rechazar los pedidos de Egipto, así como en la resistencia a perder la principal atracción de uno de sus museos más visitados. En Berlín también se encuentra la famosa puerta de Ishtar, originaria de Irak. Es una bendición, en este caso, porque se halla protegida del deterioro de los saqueos, atentados y guerras.

De los egipcios temen los alemanes que no estén en condiciones de preservar en forma adecuada el busto de Nefertiti, sobre todo después del reciente robo a plena luz del día de dos cuadros de Van Gogh en un museo de El Cairo.

En Europa se encuentran otras piezas históricas que, en realidad, provienen de Egipto y su gobierno también reclama, como la piedra de Rosetta, en Londres; el zodíaco de Denderah, en el Louvre, y la estatua de Ramsés II, en Turín. Las respuestas a sus pedidos no han sido diferentes de las obtenidas en Berlín.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) es la encargada de dirimir las disputas por piezas históricas. Es lo que ocurre con los frisos del Partenón, en poder del British Museum a pesar del reclamo del Museo de la Acrópolis, de Atenas; la esfinge de Bogazkoy, originaria de Turquía y expuesta en Berlín, y la máscara de Makondé, de Tanzania, propiedad de un coleccionista privado suizo.

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Reclamos de este tipo están ligados al acervo de los países en los cuales fueron hallados. Ningún gobierno debería arrogarse la garantía de la seguridad y el buen trato de piezas con más valor que precio que, en verdad, pertenecen a otras latitudes y culturas. Sería saludable, en defensa del patrimonio cultural, que sean repuestas en sus lugares de origen. No sólo porque se haría justicia, sino también porque podrían ser apreciadas en su contexto real.

 

Fuente: 

Diario La Nación 28/1/2011

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