La creación de una «primera» y fallida Primera Junta

Desde el Cabildo se gestó el falso cambio. Se trataba de encontrar cuatro aceptables integrantes para completar la junta que presidiría el (no tan) depuesto virrey Cisneros.

Manuel Alberti

La cuidada elección recayó en tres criollos (Saavedra, Castelli y el sacerdote Juan Nepomuceno Solá) más el español José Santos Inchaurregui. Antes del mediodía se convocó a los comandantes de los cuerpos para cerciorarse de su fidelidad frente al nuevo gobierno. El único reparo partió del propio Saavedra: consideraba que el síndico Leiva debía ocupar su lugar, pero no tuvo eco.

A las tres de la tarde los cinco integrantes de aquella primera Primera Junta se arrodillaron frente al crucifijo, en el piso superior del Cabildo, y juraron fidelidad al rey. Cisneros dijo palabras de rigor y, una vez concluida la ceremonia, el flamante quinteto se dirigió a la Real Fortaleza, su sede de gobierno. Los capitulares se abrazaron: aun frente al avasallador resultado electoral del Cabildo Abierto, el virrey seguía a la cabeza.

Los promotores de la Revolución, en cambio, no celebraron. Por la noche, Saavedra y Castelli fueron increpados en la casa de Rodríguez Peña. Dos decisiones fundamentales se tomaron esa madrugada: los vocales renunciarían al amanecer y se presionaría al Cabildo para que aceptara la creación de una nueva Junta. Estaría integrada por un presidente y ocho vocales; dos de ellos, secretarios. La idea de un gobierno de nueve hombres fue de dos de los participantes en esa reunión secreta: el sacerdote Manuel Alberti y su amigo, el comerciante Domingo Matheu.

por Daniel Balmaceda, historiador

Fuente: 

Diario Clarín 24/5/2010

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