La compleja historia detrás de la marcha «Los muchachos peronistas»

Por gentileza del sello editorial Ejercitar la memoria reproducimos el artículo de Néstor Pinsón publicado originalmente en la serie de fascículos preparados por el periodista Julio Nudler en 2004 bajo el título La marcha.

La versión más conocida y popular de “Los muchachos peronistas” fue grabada por Hugo del Carril en 1949. El propósito era difundirla para la celebración del 17 de Octubre de ese año, fecha ya establecida como Día de la Lealtad. Por mucho tiempo, un espeso misterio envolvió el origen y la autoría de esa canción política, quizá porque, según quedaría mucho después claramente establecido, no había razones para esforzarse por dar precisiones sobre las fuentes de ese himno peronista.

Varias creencias falsas ocultaron a través del tiempo los verdaderos orígenes. Muchos atribuían la marcha a la inspiración del músico y letrista Rodolfo Sciamarella, popular autor de tangos, de jingles comerciales y de propaganda política. Otros sostenían que los hermanos Francisco y Blas Lomuto eran los creadores, y también circuló el nombre del pianista Norberto Ramos. De ellos hablaré más adelante.

El 17 de octubre de 1992, el periodista Hugo Gambini publicó en el diario La Nación un artículo (…) en el que afirmaba que la música de “Los muchachos…” había sido tomada de la marcha de un club de barrio. En realidad, aunque no lo aclaraba, se refería solamente a la primera parte de la pieza.
Eduardo Giorlandini, en sus notas para la revista Tango y lunfardo, agrega a su vez un nombre desconocido: Vicente Coppola. Este obtuvo en 1926, con una marchita de carnaval, el primer premio en un concurso de murgas. Giorlandini sostiene, sin más explicación, que de esa pequeña obra festiva provino la melodía de “Los muchachos…”. Tampoco él lo aclara, pero alude meramente al estribillo o coro de esta marcha.

Paulatinamente, la verdad va revelándose. La pista conduce, entre pitos y matracas carnavalescas, al humilde y brillante barrio de Barracas. Más exactamente, a la calle Río Cuarto 1455, sede desde 1934 del Club Barracas Juniors, que fue fundado el 30 de julio de 1912. Frente mismo a la casona de piezas enfiladas vivía un tal Juan Raimundo Streiff-Garaventa, que hasta supo protagonizar actuaciones radiales.

Hombre expansivo, apreciado entre los vecinos, en días festivos, y más en los carnavales, salía a recorrer las calles con su bandoneón colgado del cuello, improvisando melodías. Una de ellas que, según afirma Ricardo Valentini en “Del tablón a la Plaza de Mayo”, nota publicada por Todo es Historia, número 443, data de 1931, entusiasmó a los muchachos del club, que la entendieron apta para convertirse en la marcha que exaltaría los módicos logros deportivos de la humilde institución. Para adosarle unos versos recurrieron a un vecino, entendido en murgas, conocido como el Turco Mufarri, de nombre Juan. Este, según Valentini, era también socio del club y solía oficiar de animador, cantor y declamador de poemas. Surgió así, a comienzos de los años treinta, la marcha de la modesta entidad, cuya letra decía así:

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“Los muchachos de Barracas / todos juntos cantaremos / y al mismo tiempo daremos / un hurra de corazón. / Por esos bravos muchachos / que lucharon con fervor / por defender los colores / de esta gran institución.”
Juan Carlos Streiff, hijo de Juan Raimundo, afirma que el tema nunca lo registraron. Según asegura también, la marcha fue grabada en una ocasión por un grupo de socios, pero alguien hizo desaparecer el disco. (…) Como se ve, las versiones de Gambini y de Giorlandini, lejos de contradecirse, se complementan.

Al poco tiempo, la hinchada del club comenzó a intercalar, como estribillo de la marcha de la entidad, la música y letra de una comparsa de La Boca, que recorría la calle California hasta el Riachuelo, incorporando al himno del club que habían creado Streiff y Mufarri los compases de lo que luego sería el coro de la marcha peronista. El liviano estribillo rezaba: “¿Pa’ qué bebés / si no sabés? / ¿Pa’qué tomás / si te hace mal? / Tomá tomate / te hace bien.”

Este hecho nos es confirmado por el investigador y ocasional cantor y guitarrista Emilio Zamboni, quien desde siempre retuvo en su memoria esos elementales versitos y los entona tal como aprendió de niño a hacerlo, ya que en son de broma se los cantaba su padre, guitarrista él, en los años treinta. Pero los esquivos orígenes de la “marchita” no podían carecer de otras versiones.

Una es la que recoge Héctor Benedetti en su libro Las mejores anécdotas del tango y otras curiosidades (editorial Planeta, mayo 2000). Allí se afirma que “Los muchachos…” es obra del pianista Norberto Ramos, integrante del cuarteto Los Ases, de la orquesta de Florindo Sassone y del Trío Yumba. Ramos, como se verá de inmediato, alegó haber grabado la marcha “Los gráficos peronistas”, cuya música coincide, nota por nota, con la de “Los muchachos…”.

La fuente de Benedetti es, seguramente, un reportaje realizado a Ramos por Juan Ayala para la revista La Maga, en 1995. Dice el entrevistado: “En 1948 , mi padre trabajaba como gráfico en la Editorial Atlántida. Yo tenía 15 años, y un día se apareció con unos compañeros suyos: Rafael Lauría, Enrique Odera y Guillermo de Prisco. Querían hacer una marcha para los obreros gráficos peronistas y necesitaban de mí para ponerle música. Me cantaron el ‘Perón, Perón, qué grande sos’, con una melodía que, me dijeron, era usada por una comparsa. A los diez días tenía la primera parte. De la letra se encargó Lauría. Fuimos a los estudios Grafasón y allí grabamos “Los gráficos peronistas’”. Así eran aquellos versos: “Los gráficos peronistas / todos juntos triunfaremos / y al mismo tiempo daremos / un hurra de corazón. / ¡Viva Perón! ¡Viva Perón! / Por ese gran argentino / que se supo conquistar / a la gran masa del pueblo / combatiendo al capital. / ¡Perón, Perón, qué grande sos! / ¡Mi general, cuánto valés! / ¡Perón Perón, gran conductor! / Sos el primer trabajador.”

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Luego sostiene que “cualquiera que sepa un poco de música se da cuenta de que la melodía fue realizada por un chico, ya que se basa en tres notas de un tono menor y un dominante. Por eso gustó, porque era sencilla. No pensé en registrarla porque a los 15 años de edad lo único que quería era tocar con Los Ases. Con la llegada de la Revolución Libertadora’, ya no pude hacer nada. No podía decir que la marcha era mía. Aparte, no tenía documento que lo probara.”

Pero insiste que él “debería cobrar cada vez que se difunde “Los muchachos peronista”, porque, reafirma, “la música es mía. Pero como la Ley 11.723 marca que una obra es indivisible, no cobro nada porque la letra no la hice yo y no hay nadie que acredite que Lauría la hizo, ni siquiera su hijo.” Es obvio que el razonamiento de Ramos es incorrecto: no es no haber escrito la letra lo que le impide cobrar derechos como compositor. No los cobra por no poder demostrar su paternidad musical.

El primero de noviembre de 1983, Ramos se presentó a Sadaic (Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música) para registrar lo que él consideraba su obra, pero se halló con que ya figuraba como de autor anónimo. Sin embargo, al año siguiente, consiguió registrar “Los gráficos peronistas”. Pero su versión de los hechos es desmentida por la previa existencia de la marcha de Barracas Juniors. La inclusión en sus versos de la exclamación “hurra” delata su origen deportivo. Ramos, por lo demás, nunca se atribuyó el estribillo.

Juan Carlos Streiff agrega ciertas vicisitudes vividas por su padre y su familia: “(La marchita) nunca pudo ser compuesta en 1948, porque recuerdo muy bien que la habían grabado, y yo escuché el disco mucho tiempo antes de que lo robaran. Cuando comenzó a ser cantada por la gente en la calle, a papá por un lado le gustaba, pero por el otro no, porque él no era peronista. Cuando derrocaron a Perón, casi de inmediato se aparecieron por nuestra casa unos militares de la Marina preguntando cuánto le había pagado Perón a mi padre por haberla compuesto. Se encontraron con un hombre viejo y enfermo, viviendo con su familia en condiciones muy humildes.” Murió en 1956, con 60 años de edad.

El nombre de Rodolfo Sciamarella aparece asociado a la marchita posiblemente por confusión. El famoso pianista, compositor de tangos de éxito como “Besos brujos”, “Hacelo por la vieja”, “No te engañes, corazón”, “Dos en uno” y “Quién hubiera dicho”, entre otros, fue el creador de varios temas relativos al peronismo, varios de ellos cantados por Estrella, su esposa. En general, explotó el filón de las brevísimas canciones proselitistas que tenían fuerte demanda en vísperas electorales. También los hermanos Lomuto, tan próximos a los militares de los ’40 y al justicialismo (…), fueron tenidos erróneamente por autores de “Los muchachos…”, quizá por haber sido los creadores de la marcha “4 de junio”, en celebración del golpe que rompió el orden constitucional en 1943.

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En cuanto a la letra de la marchita, su historia es un rompecabezas, pero no difícil de armar si se dispone de paciencia. Casi dos décadas después de aquella letrilla del Turco Mufarri para la marcha del club Barracas Juniors, garrapateada a finales de los ’20 o inicios de los ’30, Rafael Lauría, a la sazón el secretario del medio gráfico, vio llegado su turno en esta trama. El sindicato editaba una revista para sus afiliados (no por nada eran gráficos), y en uno de sus números, Lauría publicó unos versos bajo el título de “Los gráficos peronistas”. Por su métrica encajaban de maravilla en los sones de la marcha del club de Barracas.

Por su parte, el médico Oscar Ivanisevich incluye en su libro Rindo cuenta la siguiente relación: “En una de nuestras visitas al diario Democracia, subíamos la escalera, con la señora Perón mientras cantaba en voz baja mi amigo Guillermo de Prisco una tonada que él me dijo era la marcha de ‘Los gráficos peronistas’. Más tarde, al salir, la continuamos en la vereda, y la señora nos dijo: ‘El canto es muy lindo. Vamos a la Presidencia para que lo escuche el General’.” (…)

De todo lo referido se concluye que la primera parte de la música de “Los muchachos peronistas” pertenece a Juan Raimundo Streiff, y que el estribillo es un motivo popular anónimo usado por las murgas de carnaval. En todo caso, la contribución de Norberto Ramos pudo haber consistido en escribir las notas de la melodía en un pentagrama, más allá de algún arreglo para la grabación. En cuando a la letra, sus autores fueron Rafael Lauría y Oscar Ivanisevich, copiando en gran medida los primitivos versos del Turco Mufarri para la marcha del club Barracas Juniors, y agregando otros.

por Néstor Pinson

Fuente: 

Diario Tiempo Argentino 18/10/2011

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