La casa de Sábato recupera su esplendor y será un «museo vivo»

Ayer, a las 16, quedó inaugurada la primera etapa de un sueño que lleva muchos años, un deseo compartido que incluye a la familia entera de Ernesto Sabato: la inauguración de un museo vivo en la casa centenaria del escritor en Santos Lugares, donde vivió desde 1945 hasta el día de su muerte, el 30 de abril de 2011, y donde escribió todos sus libros, como Sobre héroes y tumbas, El túnel, Abbadón, el exterminador o Uno y el universo. En realidad, el propio Sabato siempre había querido que, alguna vez, su casa fuera un lugar de visita y consulta. Por eso, ayer por la tarde se dio un paso muy importante, porque las puertas de la centenaria casona, en Severino Langeri 3135, fueron abiertas para que un grupo de invitados pudiera recorrer el lugar y ver los avances de la recuperación de la vivienda, un trabajo que lidera la Asociación Amigos de la Casa Sabato, con Mario Sabato a la cabeza.

El hijo del escritor cuenta que el concepto de «museo vivo» persigue la idea de que la casa no se transforme en un templo de la solemnidad, sino que le permita conservar el ambiente festivo que había allí, tanto durante los clásicos festejos con chocolate caliente por el cumpleaños de su padre como en otras celebraciones. «Los libros de la biblioteca están en el último orden en el que los dejó el abuelo», había contado el 24 de junio del año pasado a LA NACION (justamente el día en que el escritor hubiera cumplido 102 años) la arquitecta Luciana Sabato, hija del cineasta Mario Sabato. Y para lograr ese cometido, la familia tomó fotos de cada estante; luego se retiraron los libros, se reconstruyeron los muebles y volvieron a colocarse, uno por uno, cada uno de los siete mil títulos que atesoraba el escritor en su casa. MANOS A LA OBRA Ahora, no sólo la biblioteca ha sido recuperada, sino también el jardín, que puede verse desde el escritorio de Sabato, que atesora la Olivetti eléctrica, la misma máquina en la que nació Abbadón, el exterminador. Luciana Sabato ya había confesado que la recuperación de la máquina había sido un trabajo difícil. Es que, según confesaron sus familiares, la casa se fue deteriorando cuando se enfermó Matilde, la mujer del escritor, hace ya unos 25 años. Luego, fueron años muy difíciles en la vida de Sabato, y la estructura edilicia se deterioró hasta niveles impensados. Casi todos los techos estaban arruinados, y el jardín, en el que vuelve a verse una glorieta, había quedado atrapado debajo de un sinfín de enredaderas. Un paso tras otro, la recuperación ya es un hecho. Aún el museo vivo no abrió definitivamente sus puertas al público. Pero el deseo de Sabato, y de toda su familia, será realidad pronto. Fuente: 

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Diario La Nación 30/3/2014

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