La Casa Argentina de París donde vivieron Cortázar, Puig y Estrella

Donada por el empresario Otto Bemberg, fue inaugurada en 1928 y es patrimonio del Estado Nacional. Peligró con la ocupación nazi. Albergó a notables del país y hoy sigue facilitando la estadía a cientos de estudiantes argentinos.

Fue inaugurada en 1928, sufrió la ocupación nazi, corrió peligro de destrucción y fue controlada por la dictadura militar, pero la mejor parte de su historia fue escrita por miles de científicos, intelectuales, artistas, y sobre todo estudiantes e investigadores que se hospedaron bajo sus techos. La Casa Argentina de París, cuya historia se presenta hoy a las 11 en el Palacio Pizzurno en un libro desarrollado por el Ministerio de Educación de la Nación, fue albergue de los más destacadas personalidades de la Argentina, desde Julio Cortázar a Miguel Ángel Estrella,  y de Manuel Puig a Estela Carlotto, y sigue siendo la puerta de entrada de miles de estudiantes que se radican eventualmente en la capital francesa para realizar estudios e investigaciones.

“Tiene una impronta democratizadora que amplía las posibilidades a los estudiantes de llegar a Francia”, comentó la directora de la Casa, la pedagoga e investigadora Alejandra Birgin, que viajó hasta Buenos Aires para la presentación del libro que reúne las historias de quienes participaron de su fundación y quienes vivieron en sus habitaciones.

Tiempo Argentino pasó un fin de semana en la “Maison”, cuya ala original fue donada por el empresario argentino Otto Bemberg durante la presidencia en Argentina de Marcelo Torcuato de Alvear. El edificio pertenece al Estado argentino y se levanta junto a otros 40 de similares características (algunos de dimensiones y estilos palaciegos) más o menos imponentes, en el bellísimo predio de 34 hectáreas de la Ciudad Universitaria Internacional, donde se alojan 10 mil estudiantes de 140 naciones, que estudian en las distintas facultades de París y Francia.

Leer también >>  La "pena del saco", el bestial castigo para los parricidas en la Antigua Roma

“Conseguir un departamento acá, alquilar, tener garantías, es prácticamente imposible. Entonces, tener un lugar al menos para llegar, para mí cambia la vida”, comentó Gustavo Anduiza, un entrerriano de 32 años que llegó a París para continuar su formación en artes circenses en la Academia Fratellini. “La casa te conecta con otros residentes, de tu país como de otros países, con los cuales tenés interacción e intercambio”, agregó Federico Ariel, doctor en Biología. Llegó a Francia con sus 28 años desde Paraná, para hacer un posdoctorado en Biología Molecular en el Instituto de Ciencias Vegetales.
Esa interacción es parte de las reglas de la ciudad universitaria. El sistema se llama brassage, en francés, y propone una rotación permanente del 30% de los residentes de cada casa.

Federico y Claudia Romero, que cursa un máster en Historia Internacional del Arte, forman parte del comité de residentes de la casa argentina. “Somos la conexión entre los residentes (cerca de 100) y las autoridades de la Casa, y a la vez somos representantes de la Casa a nivel de la Cité”, explicó esta cineasta de 40 años que usó su indemnización para pasarse un tiempo en París hasta que decidió continuar sus estudios. “Cuando me enteré de la casa pensé que me tenían que recibir, pero claro, no es un hotel. Así que estuve unos meses como visitante hasta que logré entrar a un máster”. La oferta de estudios en la ciudad más visitada del mundo, más por su belleza histórica y monumental que por la escasa receptividad de sus habitantes, abarca tanto las ciencias como las artes. Gracias a un ex profesor, la joven flautista traversa Cecilia Fernández Godoy estudia hace dos meses en el Conservatorio Superior de Música Lafalle, de París. Su plan es quedarse un año y continuar con el programa Inclusión Social del gobierno porteño, donde da clases de flauta a chicos del primario. A diferencia de otras épocas, muchos estudiantes tienen el proyecto de regresar al país de origen. “Las expectativas para volver a Argentina son mejores incluso que quedarse acá. La competencia es muy grande, el sistema científico está saturado, incluso no hay una tasa de recambio. Antes con toda la gente que se iba jubilando se reponían las plazas, pero ahora están achicando el sistema. En Argentina está en expansión”, afirmó Federico Ariel, que estudia el nivel de adaptación de las raíces de las plantas.

Leer también >>  El 24 de Marzo de 1976

Otro de los que tiene planeado regresar es Sebastián Miranda, estudiante de Ingeniería Civil en la UBA, que llegó a Europa por un acuerdo de doble título con la École Nationale des Ponts et Chaussées. “El acuerdo consiste en venir acá y cursar los últimos dos años de la carrera, y hacer una pasantía remunerada. Cuando termine de cursar, vuelvo a Buenos Aires”, contó.

por Boyanovsky Bazán desde París

Fuente: 

Diario Tiempo Argentino 25/11/2011

Por favor, apóyanos compartiendo en tus redes sociales.

Deja un comentario

Cerrar menú