La Capilla Sixtina no puede respirar

Quien haya visitado los Museos Vaticanos en Roma lo sabe: hay que madrugar para hacer una cola larguísima, hay que caminar a la velocidad que caminan las manifestaciones callejeras en las que se calcula tres seres humanos por metro cuadrado, hay que conmoverse rápido delante de La escuela de Atenas, de Rafael, y hay que tratar de detenerse lo más debajo que se pueda de la mano que se dan Adán y dios en los frescos que el papa Julio II le encargó a Miguel Angel a principios del Siglo XVI. Un segundito aunque sea.

El problema es que ese instante de contemplación de la Historia Universal del Arte se lo toman, según informó ayer el diario español El País, unas 20 mil personas por día, en promedio, y hay al mismo tiempo, en la Capilla Sixtina, unos 700 visitantes. Sería fácil tener que combatir sólo el flash de sus cámaras de fotos, pero los turistas también traen aliento, transpiración, polvo, pelo, hilos y caspa: son todos riesgos para las obras pictóricas no sólo de Miguel Angel sino también de Perugino y Botticelli, que tienen más de quinientos años. Según publicó El País, los sistemas de ventilación instalados en 1993 ya no daban abasto en 2010, pero Antonio Paolucci, director de los Museos Vaticanos, anunció que en octubre se inaugurará un nuevo sistema de climatización que controle la temperatura, el aire, la humedad y el polvo del ambiente. Para Paolucci, que había dicho que 2013 era el límite para instalar ese nuevo sistema de climatización, surge una ventaja: con esta innovación, podrán visitar la Capilla hasta 2.000 personas al mismo tiempo. Que tendrán que mirar más rápido, y que dejarán allí polvo y caspa y 16 euros por cabeza. Fuente: 

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Diario Clarín 30/6/2014

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