John Lennon, ese escritor influido por James Joyce y Mark Twain

“En fin, que Dios te proteja desaprensivo lector, rnnn somblohle, mon frère ”, termina diciendo el profesor Jaime Rest en su “Inadvertencia preliminar a la primera edición en español” de In His Own Write, 31 textos breves, poesías e ilustraciones que destilan ironía, parodias y humor negro con los que John Lennon debutó en las librerías en 1964.

Esa primera edición en español se llamó En su tinta y vio la luz en Buenos Aires, en el 68, con traducción de Jaime Rest –el crítico literario que compartió con Borges la cátedra de literatura inglesa en la UBA entre 1956 y 1963– y de la mano de la editorial Bocarte. El prólogo, a cargo de Paul McCartney, ventilaba algunas perlitas de esa complicidad rival que John y Paul cultivaron con dedicación desde que se conocieron, a los 12 años: “Había escrito un poema para el periódico del colegio acerca de un ermitaño, que decía: ‘Si mi vida consiste en respirar, no oso osar en detenerme’. Esto me hizo considerar detenidamente: ‘¿Es profundo?’ Usaba anteojos, de modo que era posible; y aún sin ellos no había manera de averiguarlo”. In His Own Write salió a la calle el 23 de marzo de 1964 y vendió 50 mil ejemplares en un día, según la biografía de Lennon – John Lennon: The Life ­– de Philip Norman. “Es digno de atención para los que temen el empobrecimiento de la lengua inglesa y de la imaginación británica”, lo elogió el suplemento cultural de The Times. En Estados Unidos, donde se publicó al mismo tiempo con una tirada de 90 mil ejemplares a través de Simon & Schuster, Tom Wolfe, por entonces cronista de Book World, definió al Lennon escritor como “genio salvaje” y lo comparó con Mark Twain. En abril del ‘64 por primera vez en la historia del ranking musical de Billboard, los Beatles ocupaban el top five de las canciones más escuchadas. Lideraba “Can’t Buy Me Love” seguida por “Twist and Shout”, “She Loves You”, “I Want to Hold Your Hand” y “Please Please Me”. Dos meses después, John Winston Lennon, a los 24 años, se convertía en best-seller con el primero de los únicos dos libros que publicaría en su vida. La primera edición de In His Own Write, algunas de las ediciones extranjeras –se tradujo a diecisiete idiomas– y el resto de la obra literaria –un segundo libro de relatos y otros tres publicados luego de su muerte– del beatle de gafas que componía con McCartney la canción que todos querían bailar integran una muestra que se puede visitar hasta el 20 octubre en el Museo de la Música de Bologna, en Italia. Textos breves, poesías, escenas de obras de teatro, ilustraciones y algunos videos recitados de un beatle insospechado. Literary Lennon es una muestra que rescata el imaginario del chico que odiaba a Shakespeare, que amaba a Lewis Carroll y que había comenzado a escribir con el seudónimo Beatcomber para la revista Mersey Beat de su amigo Bill Harry. Una vez dijo: “Leyendo a Oscar Wilde, Dylan Thomas o Van Gogh reconocí aquel sufrimiento que ellos conocieron a causa de las visiones que tenían”. Un John fecundo en juegos de palabras, neologismos surgidos de onomatopeyas, parodias, ironías –“¿Qué he hecho yo para merecerme a mí mismo?”– y un denominador común: el devoto culto por el nonsense (sin sentido). La crítica vio en la ruptura lingüística de las páginas de Lennon la influencia de James Joyce, quien había muerto cuando John era apenas un bebé de tres meses. El admitió haberse interesado por el Finnegans Wake de Joyce luego de saber que los literatos que miraban con lupa su obra veían su influencia: “Compré todos los libros a los que dijeron que se parecía; uno sobre Edward Lear, Finnegans Wake, (Geoffrey) Chaucer, pero no pude ver el parecido con ninguno de ellos”, dijo John. El 24 de junio de 1965 Lennon publicó su segundo libro: A Spaniard in the Works, dieciocho párrafos entre poesías y relatos –entre ellos una parodia a “Blancanieves y los siete enanitos” y otra a “Sherlock Holmes”– y unos treinta dibujos realizados por el mismísimo John. En tres meses fue reeditado tres veces con un total de cien mil copias. “Es un sentimiento maravilloso hacer algo con éxito que no sea cantar”, celebraba Lennon. “Lennon tiene a través de la escritura la posibilidad de expresarse de un modo mucho más amplio –dice Antonio Taormina, profesor de la Universidad de Bologna, vicepresidente de la Escuela de Letras y Bienes Culturales y curador, junto con Enzo Gentile y Donatella Franzoni, de la muestra–. “Tanto es así que cuando deja de publicar libros cambia el modo de escribir canciones. Decide no publicar más para volcar esa creatividad en las letras de las canciones. Su producción más fecunda como autor de letras comienza cuando deja de publicar libros. Además, su relación con el mundo editorial no fue sencilla. Tenía un contrato para un tercer libro que debía publicarse en el ‘66 y nunca salió.” Ese tercer libro –relatos, diario de viajes, reflexiones y dibujos–, fue creciendo mientras Yoko Ono estaba embarazada de su hijo Sean. Después de la muerte de Lennon, que fue asesinado en la puerta del Dakota de Nueva York en 1980, el manuscrito estuvo desaparecido durante dos años. Cuando al fin fue recuperado, se publicó en 1986 con el título Skywriting by Word of Mouth y el largo subtítulo And Other Writings, Including The Ballad of John and Yoko. Para algunos, este texto constituye la única autobiografía de Lennon. La muestra confirma que la muerte de Lennon no impidió que sus escritos siguieran saliendo a la luz: en 1990 aparece Ai. Japan Through John Lennon’s Eyes, sobre su relación con Japón –país de origen de Yoko, su mujer– y, en 1999, Real Love: the Drawings for Sean, un libro que reúne dibujos infantiles dedicados a su hijo menor, que nació en 1975. “Nada de esto está destinado a tener sentido: basta con que resulte divertido”, escribió Paul McCartney en la primera edición de In His Own Write, seis años antes de darse cuenta de que ya no se divertían más juntos y de anunciar que los Beatles se callaban para siempre. por Marina Artusa Fuente: 

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Diario Clarín 29/9/2013

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