Investigan si un Chevy de la Armada se usó en el crimen de Elena Holmberg

El juez federal de Bahía Blanca Eduardo Tentoni pidió una copia del informe del servicio de inteligencia francés que dice que en el secuestro y posterior asesinato de Elena Holmberg se usó un Chevy perteneciente a la Armada.  Holmberg fue una diplomática de carrera destinada en París que, en 1978, fue secuestrada y asesinada en Buenos Aires antes de reunirse con el dictador Jorge Videla, a quien quería revelar una serie de reuniones secretas que el jefe de la Armada Emilio Massera había mantenido con el líder de Montoneros Mario Firmenich.

Además, la diplomática sabía mucho de las actividades ilegales del Centro Piloto que la Armada había montado en la Embajada argentina en la capital francesa. El asesinado de Holmberg, junto con el del ex embajador en Venezuela Héctor Hidalgo Solá y el publicista Marcelo Dupont, es uno de los misterios de los crímenes de la última dictadura. El pedido judicial le llegó al abogado Carlos Manfroni, autor del libro Montoneros, soldados de Massera , a quien el ex embajador de la dictadura en Francia Tomás Anchorena le dio detalles de esas reuniones con la cúpula de Montoneros y un informe de los servicios de inteligencia francés . El libro relata que Juan Güiraldes, sobrino de la diplomática, indicó que los testigos –el encargado del garaje y un vecino– contaron que, a las ocho de la noche del 20 de diciembre de 1978, Elena llegó a su departamento. “Después se supo que iba a tomar una ducha rápida antes de ir a la cena. A las 20.45 bajó a buscar su automóvil al garaje y allí fue interceptada por tres personas que iban en un Chevy, quienes la obligaron a subir y partieron con ella”. El informe de los servicios franceses, que Anchorena le entregó a Manfroni, dice que “ el Chevy era celeste , igual que uno que formaba parte de la flota de la ESMA y que estaba asignado al contralmirante Rubén Jacinto Chamorro”, por entonces director de la ESMA, donde funcionó el centro de detención clandestino más grande del país. Se trata de un dato clave “porque la General Motors no entregaba ese modelo en celeste, de acuerdo con el mismo informe”, que ahora se incorporará a la causa de Bahía Blanca. No obstante, Güiraldes asegura que “no era ése el color que vieron el encargado del garaje y el vecino, sino que el Chevy era blanco …” El informe de los servicios de inteligencia franceses “ guarda vinculación con el automotor marca Chevrolet Chevy modelo 1976 dominio C068218 (actual WUV869) perteneciente a la Armada Argentina –Legajo Reg. Secc. 0202 Cap. Fed. N° 020 RNA– que fuera secuestrado –con otros 43 Ford Falcon– en la inspección ocular realizada a la Base Naval Puerto Belgrano” el mes pasado, afirmó el juez Tentoni en su requerimiento al que accedió Clarín en exclusiva. Los Ford Falcon verde eran el vehículo más usado por los grupos de tareas de la Armada y el Ejército en la represión ilegal. En su libro, Manfroni recordó que “hace veintiún años, un semanario publicó la revelación de un suboficial que aseguró que Elena Holmberg había sido secuestrada e n ese Chevy ”. Además, el periodista y ex diputado nacional Miguel Bonasso ubica, en su libro Recuerdos de la muerte , al propio “Tigre” Acosta a bordo de un Chevy, rumbo a una entrevista con Massera …” Manfroni entrevistó a Massera en la cárcel y éste le confirmó que desde el primer día el Ejército sospechó que la Marina estaba detrás del secuestro de la diplomática. “– ¿Y ustedes hicieron algo por ellos? Porque por lo menos la familia Holmberg se movió dentro de las esferas del Ejército y no encontró eco? , le preguntó Manfroni al ex dictador. –Es que realmente era una cosa tabicada; eran feudos impenetrables en este tipo de cosas. ¡No había forma … no había forma! Salvo … no sé … una denuncia pública. sacar las cosas a la luz. Nadie estaba dispuesto a hacer eso porque era perjudicial para el propio Proceso”.  por Daniel Santoro  Fuente: 

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 Diario Clarín 15/4/2012

Informacion Adicional: 

 Un libro de valor testimonial – Por qué asesinaron a Elena Holmberg en 1978
22/2/2001

       La diplomática argentina Elena Holmberg fue secuestrada y asesinada por grupos operativos de la Escuela de Mecánica de la Armada, que cumplían órdenes del ex almirante Emilio Massera. Esta es la hipótesis del libro «Elena Holmberg. Historia de una infamia», escrito por sus hermanos, difundido en estos días, y que se convierte en otro testimonio de vital importancia sobre los años del último gobierno militar. Si bien señala que una «conjura de silencio» impidió conocer exactamente lo sucedido, la hipótesis, sostenida por primera vez con tanta contundencia, constituye la tesis central del libro, que reconstruye los pormenores del secuestro, el asesinato y la frustrante investigación que finalmente no arrojó culpables. Para fines de 1978, cuando Holmberg fue secuestrada en Buenos Aires, Massera sospechaba que había accedido a información que lo comprometía, plantea el libro. Sobre todo, su pertenencia a la entonces desconocida logia masónica Propaganda Due, que dirigía el «venerable» Licio Gelli, y sus relaciones con jefes montoneros en el exilio, de quienes presuntamente recibía dinero. A casi 25 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, el relato repasa uno de los crímenes más escandalosos cometidos durante la última dictadura militar. Holmberg, cuyo cuerpo apareció flotando en las aguas del río Luján, en el Tigre, el 23 de diciembre de 1978, había revistado como personal de la embajada argentina en París hasta pocas semanas antes de su secuestro. La capital francesa iba a ser su primer y último destino en el exterior, y desde allí había accedido a ciertas informaciones que la llevarían a la muerte. «Elena sabía todo sobre Massera, y la hipótesis del libro es que la mandó a matar él», dijo ayer a La Nación Eugenio Holmberg, uno de los seis hermanos de la diplomática, sobre quien recayó buena parte de las gestiones que la familia hizo para tratar de salvarla. En París, Holmberg había asistido a la formación del Centro Piloto, un organismo creado por los marinos de la ESMA, que con el pretexto de contrarrestar la «campaña antiargentina» y vigilar a los exiliados servía para fomentar el proyecto político personal del entonces almirante Massera. Durante la investigación judicial del asesinato, su superior en París, el embajador Tomás de Anchorena, admitió que «advertimos que los oficiales de Marina Vilardo y Yon (del Centro Piloto) se dedicaban más a servir los intereses políticos del almirante Massera que a cumplir los objetivos de información previstos», según puntualiza el libro. Esta situación había provocado fricciones entre los marinos y la diplomática, y por presión del jefe de la Armada, Holmberg fue trasladada a Buenos Aires a mediados de 1978. Para cuando regresó al país, Holmberg, de 47 años y con hermanos y tíos militares, entre ellos el ex presidente Alejandro Agustín Lanusse, ya sabía cosas que le costarían la vida. Holmberg fue secuestrada por dos hombres a las ocho de la noche del 20 de diciembre de 1978, a las puertas de un garaje de la calle Uruguay, entre Santa Fe y Marcelo T. de Alvear. Según sabrían luego sus hermanos de boca del jefe de la Policía Federal, el general Ojeda, «en este episodio se ven las manos de Chamorro (el almirante que dirigía la Escuela de Mecánica) y de los delincuentes de la ESMA, que se creen los dueños del país». Ese sería el primero de una serie de indicios que la familia Holmberg acumularía en los días siguientes al secuestro, y que incluirían elípticos comentarios como el del general Roberto Viola («la investigación no puede avanzar ante paredes que se levantan y factores que impiden ese avance») y una tajante opinión del ministro del Interior, Albano Harguindeguy, que luego diría no recordar: «Esto es cosa de ese negro hijo de p… de Massera». Según declararon en la causa por el asesinato Gregorio Dupont y Gustavo Urrutia, dos compañeros de Holmberg, la diplomática habría dejado saber que tenía una foto de Massera con Firmenich en París, presumiblemente durante un encuentro que ambos habían mantenido en el hotel Intercontinental de la capital francesa. Holmberg también habría estado al tanto de viajes clandestinos de Massera a Francia, Rumania e Italia, y de una misteriosa empresa que, en las afueras de París, tenía un ex dirigente de Udelpa, que habría servido para encubrir negocios del almirante. En «Historia de una infamia», los hermanos de Elena Holmberg vinculan el asesinato de la diplomática, además, con los crímenes de los periodistas Horacio Agulla y Fernández Pondal, y del embajador argentino en Venezuela Héctor Hidalgo Solá. Los dos periodistas y el diplomático sabían lo mismo que Holmberg: que el jefe de la Armada negociaba con los jefes montoneros, y que éstos le habrían dado 1.400.000 dólares para ayudar a financiar su afiebrado proyecto político. El libro, sin mención específica de autor ni de editorial, recorre el expediente de la causa, relata las gestiones familiares para dar primero con la secuestrada y luego para esclarecer su muerte, y termina con una apelación intimista: «Han pasado 20 años desde tu asesinato, y las insólitas consideraciones del general Viola sobre «la conjura de silencio», «las paredes y factores actuantes» y tantas otras excusas tan pueriles como inadmisibles han logrado impedir que se identifique a los autores de tu asesinato que, sin duda, son los mismos que perpetraron los crímenes de Hidalgo Solá, Agulla, Fernández Pondal, Dupont y tantos otros que quedaron en el anonimato». .  Por Jorge Camarasa 

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