Hoy cumple cien años el primer auto argentino fabricado en serie

Lo creó el ingeniero Horacio Anasagasti. Quedan sólo dos de los 50 que fabricaron. Fue presentado en la Exposición Internacional del Centenario, en 1910. 

Hoy se conmemora el centenario de la creación del primer auto argentino fabricado en serie. Se trata del Anasagasti, un modelo creado por el ingeniero Horacio Anasagasti, que fue presentado en la Exposición Internacional del Centenario, en 1910.

Se construyeron 50 y en la actualidad sólo se conocen dos: uno está en el museo de la Fuerza Aérea, en El Palomar, y el otro es propiedad del Club de Automóviles Clásicos. “Yo los he buscado por todos lados y no he visto ni siquiera partes originales de Anasagasti. Por ahí, algún día aparece algún otro, pero lo veo difícil”, dice Guillermo Viacava, del Club de Automóviles Clásicos. Ese Anasagasti se exhibirá hoy en el acto de homenaje que se hará en el Automóvil Club Argentino, a las 19.30, en donde Viacava dará detalles de la restauración del modelo. Se trata de un modelo único, con detalles elegantes y de gran categoría.

Se restauraron las butacas, que son de cuero y con el capitoné de la época, y también los paragolpes y los estribos, que son de bronce.

El Anasagasti costaba entre 6.000 y 6.500 pesos, pero también se lo podía comprar en cuotas de 200 pesos. “Además de la crisis que generó la Primera Guerra, creo que el tema de la venta en cuotas fue una de las causas de la quiebra de la fábrica”, señala Viacava.

Anasagasti se recibió de ingeniero en la UBA a los 23 años, en 1902. En 1907 viajó a Italia para trabajar en la fábrica de automóviles Isotta Fraschini, y a su vuelta volvió con la idea de fabricar el primer automóvil argentino. Hasta ese momento se habían producido algunas unidades, pero se trataban de modelos únicos, fabricados de manera artesanal. Anasagasti sistematizó un modelo de producción más parecido a lo que conocemos actualmente y así consiguió fabricar alrededor de 50 unidades, entre 1910 y 1915, en una planta que estaba instalada en Libertador (por entonces Avenida Alvear) y Bulnes. Hasta 1910 se habían importado 4.850 autos. El gran mérito es que lo hizo de manera contemporánea con los grandes constructores europeos y americanos. Henry Ford, por ejemplo, lanzó el Ford T en 1908.

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En numerosas carreras, el Anasagasti demostró ser un auto confiable.

Por ejemplo, en 1913 participó en el Tour de Francia, una carrera de regularidad de 5.500 kilómetros en 12 días.

Viacava se ocupa personalmente de “atenderlo”. “Una vez por semana o a lo sumo cada quince días lo pongo en marcha y salgo a pasear. El auto anda perfecto, a 40 o 50 km/h sin problemas. La gente me pregunta de qué marca es o de qué país lo traje”, dice Viacava, que advierte que para manejarlo hay que acostumbrarse. Entre los detalles particulares, el Anasagasti tiene volante a la derecha (recién en 1945 se empezó a manejar en Argentina con el volante a la izquierda) y el pedal del acelerador está en el medio, entre el del freno y el del embrague. El motor es francés, de marca Ballot, y tiene 12 HP de potencia, una décima parte de lo que tienen los autos actuales. ¿Cuánto vale un Anasagasti hoy? “Nunca tuvimos una oferta, pero nunca le pusimos un precio. En realidad, no tiene precio”, concluye Viacava.

por Diego Geddes
 

Fuente: 

Diario Clarín 29/7/2010

Informacion Adicional: 

Quién fue Horacio Anasagasti:

Nació el 18 de julio de 1879 en el seno de una acaudalada familia de origen vasco, su abuelo arribó al Río de la Plata a principios del siglo XIX proveniente de San Sebastián donde había nacido y el padre, Narciso Anasagasti, casado con Dolores de La Serna era propietario de una estancia al sur del río Salado. Horacio Anasagasti fue uno de los precursores de la industrialización de la Argentina en los comienzos del siglo XX, pero además, un innovador tecnológico y un adelantado en materia de derechos laborales, ya que los obreros a su cargo trabajaban un máximo de ochos horas diarias, cuando esa conquista de los trabajadores aún no había sido alcanzada. Pero no solo eso, los empleados percibían los salarios más elevados de la época y gozaba durante su jornada laboral de considerables mejoras que hacían más confortable el trabajo diario.

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Ya desde su niñez, Anasagasti mostró interés por los primeros automóviles llegados al país en 1887. Estudió en el Colegio Nacional del cual egresó como bachiller para posteriormente seguir ingeniería en la Universidad de Buenos Aires, recibiéndose en 1902 a los 23 años. Al poco tiempo, emprende un viaje a Italia, precisamente a Milán, para perfeccionarse en la industria del automóvil. A su regreso al país crea la Sociedad Anasagasti, representante de marcas de automóviles y a una firma de neumáticos y otras de repuestos, además de fabricar piezas de repuestos de autos. Pero su meta del ingeniero Anasagasti era más ambiciosa. Disuelve la Sociedad y decide la fabricación de autos en series, convirtiéndose de este modo en el primer industrial que se aventura en ese emprendimiento en la Argentina de 1910.

 
Horacio Anasagasti.
El plan de Anasagasti era producir a partir de componentes importados y paulatinamente reemplazarlos, poco a poco y en la manera de lo posible, por insumos nacionales. El personal de la fábrica llegó a alcanzar a más de veinte personas, la mayoría inmigrantes europeos especializados. Hasta el cierre de la fabrica en 1915 salen unos 50 ejemplares, a pesar de las propuestas por parte de los obreros de continuar trabajando a riesgo de no cobrar sus sueldos. Algo que Anasagasti, fiel a sus principios no aceptó. Dos fueron las causas del cierre, el inicio de la Primera Guerra Mundial y por ende la dificultad de adquirir determinados repuestos y el fracaso del sistema de financiación para la adquisición de los autos, ya que muchos de los compradores dejaron de pagar las cuotas. “Los anasgasti”, salían a la venta con un valor de $6.000, cifra al parecer elevada para la época, pero se ofrecía una cómoda financiación de $200 en cuotas mensuales.

En la actualidad quedan dos exponentes, uno en la Fuerza Aérea del Palomar, donado por el propio ingeniero Anasagasti y en el Club del Automóvil de San Isidro. Es interesante puntualizar que algunos de estos autos fueron enviados por Anasagasti a participar en carreras importantes en Europas, como el Rally de Francia y la Boulegne Sur Mer- San Sebastián, entre otras, obteniendo memorables triunfos para sorpresas de las más prestigiosas marcas europeas. Se dice que los colores de los autos argentinos estaban pintados con los colores de la bandera nacional: celeste y blanco. En concreto, los tres primeros automóviles exportados al Viejo Mundo de producción argentina fueron embarcados en enero de 1912 desde el puerto de Buenos Aires y lo fueron con la finalidad de usarlos en las mencionadas competencias deportivas.

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El ingeniero Horacio Anasagasti, pionero del industrialismo y de la tecnología en la Argentina, fallece víctima de un paro cardíaco en la ciudad de Buenos Aires el 8 de abril de 1932 y sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta. Una calle del barrio porteño de Palermo lleva su nombre, y un tango, “Don Horacio”, obra de Rosendo Mendizábal y cuya partitura desconocemos por haberse perdido, le rinde homenaje a este argentino destacado y comprometido con el progreso de su país, porque además, Anasagasti estuvo vinculados a entidades hoy ya históricas. Fue unos de los fundadores e integrantes de la primera Comisión Directiva del Touring Club Argentino, año 1907. Fundador en el año 1908 del Aero Club Argentino como también de la Escuela de Aviación Militar y como si esto no fuera poco, al radicarse en una etapa de su vida en la ciudad de Bariloche, es uno de los impulsores para la creación del Parque Nacional Nahuel Huapi, por esa razón una calle y un lago del parque perdura su nombre.

Publicado en el Boletín Beti Aurrera N.º 88.

Fuente: Euskal news
 

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