Homenaje a los anarquistas

Los legisladores de Proyecto Sur homenajearán hoy a los trabajadores anarquistas de la FORA que murieron durante la represión en el centenario de la Revolución de Mayo.

El candidato a vicejefe, Jorge Selser, junto a los legisladores Fabio Basteiro y Rafel Gentili colocarán una placa en Parque Centenario. También participará el secretario general de la CTA Capital, Carlos Chile. Llevarán la consigna “un Bicentenario con justicia, equidad y educación”.
 

 

 

Fuente: 

Diario Página/12 27/5/2011

Informacion Adicional: 

El Gobierno, 68 años después, restituirá las esquelas de S. Di Giovanni
Devuelven las cartas de un anarquista – 26/7/1999

El miércoles próximo, el ministro del Interior, Carlos Corach, las entregaría a su compañera, Josefa América Scarfó.

Más de sesenta y ocho años pasaron ya para Josefa América Scarfó. Desde los 18, y hasta los 86 que ahora tiene, esta mujer esperó para recuperar lo que es suyo. Pero ahora el fin de su espera ya tiene fecha.

El miércoles próximo, a las 17, en el Salón de los Escudos del Ministerio del Interior, Carlos Corach pondrá en manos de Fina, como la conocen los suyos, las cartas y poemas de amor que le escribió el anarquista italiano Severino Di Giovanni, fusilado el 1º de febrero de 1931 por orden del entonces presidente argentino de facto, general José Félix Uriburu.

Será ése el feliz epílogo de lo que fue calificado como una verdadera historia de amor, tanto por los historiadores que se ocuparon de este caso testigo de la violencia de aquella conocida como «la década infame» como por el propio Corach, según confiaron sus allegados a La Nación .

América Scarfó se reencontrará con esas cartas que, desde el 30 de enero de 1931 hasta hace poco menos de dos semanas, estuvieron en poder de la Policía Federal.

Les perdió el rastro aquel día, cuando la policía allanó la quinta Ana María, de Burzaco -donde vivía junto con Di Giovanni-, y secuestró todo lo que encontró, incluidos poemas escritos por Severino, fotografías y hasta toda la ropa de la mujer.

Desde entonces, y tras un breve tiempo en el que el comisario Fernández Bazán -que realizó aquel operativo- las guardó con celo, las cartas de Severino a Fina estuvieron guardadas en el Museo de la Policía Federal.

Durante estos 68 años, aquellos ardientes y románticos apelativos, como mi dulce esperanza o mi pedacito de miel , y esas encendidas frases de amor como sé el ángel celestial que me acompañe en todas las horas tristes y alegres de ésta mi vida de insumiso y rebelde encontraron otros ojos que no fueron los de su exclusiva destinataria.

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Fina sólo tuvo la certeza de que sus cartas no habían desaparecido para siempre en 1970, cuando las copias de esas esquelas de amor fueron publicadas en el libro Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia , del periodista e historiador Osvaldo Bayer.

A partir de esas páginas, como lo hizo el 19 de agosto de 1928, volvió a emocionarse con la pasión de su amado, que entonces le juraba: Amiga mía. Tengo fiebre en todo mi cuerpo. Tu contacto me ha atestado de todas las dulzuras. Jamás como en estos larguísimos días he ido bebiendo a sorbos los elixires de la vida.

Antes viví las horas intranquilas de Tántalo y ahora, hoy, el hoy eterno que nos ha unido, vivo -sin saciarme- todos los sentidos armoniosos del amor tan caro a un Shelly y a una George Sand. Te dije, en aquel abrazo expansivo, cuánto te amaba y ahora quiero decirte cuánto te amaré…

El final de tanta espera
Hace seis semanas llegó a su recta final el operativo de restitución de las cartas de Severino. Allí llegó Fina, justamente, de la mano de Bayer.

Por una gestión del director del Archivo General de la Nación, Miguel Uriburu, Corach los recibió en la Casa de Gobierno. Entonces, Fina pidió formalmente al ministro que las cartas le fueran devueltas.

Una semana después, el pedido quedó a un paso de ser aceptado cuando Fina Scarfó se entrevistó con el jefe de la Policía Federal, Pablo Baltazar García, y éste le aseguró que sólo debía presentar una nota para que las cartas fueran liberadas.

Ahora, el montón de añejos papeles con las ardientes promesas de amor eterno escritas en italiano, en su mayoría, estará en manos de Corach hasta dentro de tres días.

Ecos del pasado
El 31 de enero de 1931, a las 10.30, fue el penúltimo encuentro entre Fina y Severino. Fue en la vieja Penitenciaría Nacional de Coronel Díaz y Las Heras. Allí, donde ahora hay una plaza, hace 68 años ocurría una tragedia que encerraba en sí la violencia, los ideales y el amor eterno.

Al día siguiente, La Nación relataba aquel encuentro en sus páginas: «Durante más de cinco minutos se abrazaron y lloraron, sin más testigos que la niña», que era Laura, la hija mayor de Di Giovanni, de 6 años.

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«Debiste matarte vos mismo para que mis ojos y los de tu hija no te vieran así, encadenado y con todo el aspecto de un criminal», fueron las últimas palabras que alguien escuchó decir a Fina Scarfó delante de Severino.

Para entonces, Di Giovanni había sido condenado a muerte, después de un juicio sumarísimo ante el Consejo Especial de Guerra. Al día siguiente, a las cinco y siete minutos, un piquete de ocho hombres fusiló a Severino. Era el fin de una leyenda.

Veinticuatro horas después, correría la misma suerte Paulino Scarfó, de 21 años, principal lugarteniente de Di Giovanni y el artífice del primer encuentro entre su hermana Fina y Severino, tres años antes.

Di Giovanni tenía treinta años cuando fue fusilado. Nacido en Chieti, Italia, el 17 de marzo de 1901, estuvo casado con Teresa Masculli, con quien tuvo cuatro hijos antes de separarse. Desde su llegada a la Argentina, en 1923, escapando del dictador fascista italiano Benito Mussolini, abrazó con fervor la causa anarquista y, principalmente, antifascista.

Devoto de la violencia como forma de lucha, cometió varios atentados explosivos: el del consulado de Italia, en 1928; las violentas represalias por la ejecución de los anarquistas italianos Sacco y Vanzetti, en Estados Unidos, cristalizadas en las bombas contra el monumento a Washington, en los bosques de Palermo, y las sucursales del National City Bank y del Banco de Boston, en 1927.

Tampoco faltaron los ataques al régimen de Uriburu, como las bombas que estallaron en la estación Once del subte y en dos trenes de los ferrocarriles Sur y Central Argentino, hechos añicos en 1930.

Cuando fue atrapado, a las 19.30 del 30 de enero de 1931, a la salida de una imprenta de Sarmiento y Callao, resistió a tiro limpio hasta el final. En el enfrentamiento murieron un policía y una niña de 13 años.

Fiel a la costumbre de la época, La Nación donó 1000 pesos fuertes para la familia de Antonio Ceferino García y de Domingo Dedico, otro policía caído al enfrentarse con el resto de la banda de Di Giovanni.

Era el final de Severino. Pero detrás de sus trágicos y espectaculares ataques, la pasión sin límites por su Fina se resistió a quedar en el olvido.

Fernando Rodríguez

Los gestores de la restitución
Se resisten a ser llamados los héroes de esta historia. Se empeñan en restar valor a su participación en ella. Pero, sin duda, el periodista Osvaldo Bayer y el director del Archivo General de la Nación, Miguel Unamuno, tuvieron un papel vital en la próxima restitución de las cartas de amor de Severino Di Giovanni a su amada Josefa América Scarfó, Fina, como él la llamaba.

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Ellos encajaron las últimas piezas de esta historia de amor, que lleva más de 68 años a la espera de un final feliz.

Fue Bayer, hace 29 años, quien dio a Fina la certeza de que las cartas escritas por su amado estaban guardadas en algún lugar. Lejos suyo, pero seguras, al fin.

«Eran 48 cartas de amor dedicadas a Fina, de una pureza notable, muy románticas, las más bellas que he leído en mi vida», recordó Bayer, que admitió que conoció a América Scarfó -que en dos oportunidades se había negado a atenderlo durante la preparación del libro-, justamente, a raíz del destino de las cartas.

Casi 29 años después, Fina decidió recuperar lo que era suyo: «Ella me llamó este año para decirme que quería tener esos originales y le dije que hiciéramos el trámite», relató Bayer a La Nación , desde Alemania.

El otro personaje clave en esta restitución es el director del Archivo General de la Nación, Miguel Unamuno, que también restó valor a su participación.

«Bayer me dijo que en el Museo de la Policía Federal estaban los poemas y cartas de amor que Di Giovanni escribió a su mujer. El creyó que, dado mi carácter de funcionario político, y por la confianza que Corach me dispensa, yo podía ser un buen canal en esta gestión. Un día, almorzando con el ministro, le planteé el reclamo de la señora Scarfó y, de inmediato, me aseguró que la atendería con gran placer», dijo Unamuno a La Nación .

Unamuno no fue testigo de ese encuentro. Pero recuerda de manera especial el significado que tuvo para Fina: «Nos dijo que su presencia frente a la Casa de Gobierno la había sobrecogido profundamente, porque el último recuerdo que tenía de ese lugar era el de febrero de 1931, cuando su madre, de rodillas en la explanada, pedía clemencia por su hijo Paulino Scarfó, que fue fusilado un día después que Di Giovanni».

 

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