HMS Hermes: de portaaviones en Malvinas, a hotel de lujo en la costa india

Cuando el portaaviones británico HMS Hermes, nave insignia de la “task force” inglesa en la guerra de las Malvinas -junto al “Invencible”-, regresó al puerto de Portsmouth, en el verano europeo de 1982 , las familiares de los soldados, los hijos, el pueblo, esperaron  durante hora su entrada triunfal, cantando “God save the Queen” -Dios salve a la Reina- y agitando banderas británicas.  Sus 1.700 tripulantes saludaban desde los puentes, los helicópteros Sea Kings lo sobrevolaban en formación, centenares de barcos y veleros lo recibían con triunfalismo, más 17 cañonazos de saludo militar. Ochenta minutos antes, la entonces primera ministra Margaret Thatcher había sido llevada con helicóptero a la embarcación para saludar a los soldados, que volvían después de tres meses y medio de batalla. Una de las imágenes más simbólicas de la guerra, con los Royals Marines y los sobrevivientes del HMS Sheffield en su interior, tras haber sido hundido por las fuerzas argentinas. Todos imaginaban que su destino sería un museo naval para recordar a Gran Bretaña su última guerra en el mar.

No ha sido el caso. EL HMS Hermes será un lujoso  hotel, con 500 habitaciones y un reciclado que costará 109 millones de dólares, flotando en la bahía de Bengala, en India, frente al estado de Andhra Pradesh. Se especula con que anclará en aguas internacionales, porque la idea es que pueda instalarse en él un casino. En India, los juegos y los casinos  están prohibidos. El viejo Hermes será completamente renovado con restaurantes, varias piletas de natación, salones para conferencias, nighclubs y discos. Un gran lujo. Como es un viejo portaaviones, los helicópteros con los huéspedes podrán aterrizar en él. Lo único que mantendrá intacto es el nombre y la nostalgia de su pasado guerrero. Probablemente alguien dé conferencias de sus conflictos y batallas, relate que a su llegada a Portsmouth los pilotos mostraban un pizarrón con los 46 aviones argentinos que perdieron a causa de los aviones Sea Harrier, con aterrizaje y despegue vertical, que salieron de su plataforma. Un conferenciante confirmará si fue cierto -o no- que los acciones de la Fuerza Aérea argentina finalmente lo tocaron o es parte del mito de la guerra. Si funcionaba con dos de las cuatro calderas e iba a mediana velocidad por sus averías, durante los 108 días que actuó en el combate anglo argentino. Si algo fue el Hermes, fue ser el primer objetivo de los aviones argentinos Mirage y los misiles Exocet franceses disparados desde los Super Etendart. El eje de la propaganda y la acción psicológica de un de un lado y del otro, y la base de los corresponsales británicos, que debían trabajar bajo censura de guerra, incluida los de la BBC. En realidad, iba a ser decomisado en 1981 por orden del Ministerio de Defensa, pero la guerra en las Malvinas le cambió el destino y fue la nave insignia. Partió tres días después de que las tropas argentinas llegaron a las islas. Llevaba 12 aviones de ataque Sea Harrier FRS1 y helicópteros Sea Kings. Pero durante el conflicto terminó con 16 aviones Sea Harrier, 10 Seak Kings y 10 Howker Siddeley, cuando la guerra forzó a redistribuir los aviones y helicópteros por hundimientos de barcos británicos y razones tácticas. Tras su paso por el Atlántico Sur, estuvo cuatro meses en reparaciones: modernizaron desde los sistemas de propulsión a sus sistemas eléctricos y su pintura. Hasta hizo un ejercicio para la OTAN en el Atlántico Norte y en el Mediterráneo. Gran Bretaña lo mantuvo en reserva hasta 1985 y en 1986 fue vendido a India, donde lo rebautizaron INS Viraat. Pocos saben que el almirante Jorge Anaya, entonces destinado en Londres y luego miembro de la Junta Militar, se inspiró en una visita al Hermes para empezar a pensar en la operación de la invasión de las Malvinas. El fue el ideólogo de esa invasión de 1982. Lo envió después al capitán Walter Allara, luego subsecretario de relaciones exteriores de la junta, a volver a visitarlo, poco antes de su regreso a Buenos Aires, para planificar la operación y tener más detalles del barco, sin contarle su  objetivo. por María Laura Avignolo – corresponsal de Clarín en París y Londres Fuente: 

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clarin.com 2/3/2016

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