Hitler: «¡La revolución nacional ha estallado!»

Hace hoy 90 años se producía el fallido golpe de Estados conocido como el «Putsch de Munich», germen del ascenso del fascismo al poder en Alemania 10 años después. «¿Dictadura Militar en Baviera?», se preguntaba ABC en una pequeña reseña escondida en la página 20 de su edición del 9 de noviembre de 1923. Nadie presagiaba aún que aquel golpe de Estado llevado a cabo por Hitler en Munich, conocido como el «Putsch de la Cervecería», supondría, a pesar del fracaso, el punto de partida del ascenso del líder nazi al poder 10 años después.

En primer lugar, porque los nueve meses que Hitler pasó en la prisión de Landsberg por este hecho, le sirvieron para escribir «Mein Kampf» (Mi lucha), el tratado en el que plasmó bien claras las ideas que desarrollaría después hasta llevar el horror a Europa. aalí estabanHitler con los acusados del putsch – Fotografía Diario ABC presentes desde el antisemitismo que provocó el Holocausto, hasta sus intenciones de expandir Alemania hacia el Este. Y en segundo lugar, porque aquella rebelión fallida llevó al líder nazi a alterar sus planes, convenciéndose de que la violencia no era el camino para alcanzar el poder, sino que debía utilizar los procedimientos de la democracia para destruir después a la democracia misma. El «Putsch de Munich» comenzó la tarde del 8 de noviembre, pocos meses después de que el corresponsal de ABC entrevistara en exclusiva a Hitler, aquel joven que «se convierte en un torrente de oratoria violenta, tempestuosa y atronadora […], con unas enormes ventanas en la nariz que parecen oler ya la sangre». Nadie imaginaba aún el peligro que suponía aquel pequeño partido dirigido por ese personaje nacido en el Imperio Austrohúngaro. Tenía 34 años cuando irrumpió en la Bürgerbräukeller, junto a un contingente de las SA. Esta organización paramilitar se había convertido en la encarnación de la voluntad nazi de alcanzar el poder por medio de la violencia. El líder del partido nazi, junto a Hermann Göring, Alfred Rosenberg y Rudolf Hess, llegaba a la famosa cervecería de Múnich cuando el gobernador de Baviera, Gustav von Kahr, pronunciaba un discurso delante de 3.000 personas. Cerca de 600 hombres bloquearon las salidas de la famosa cervecería fundada en 1885 y Hitler entró por la puerta delantera. Después disparó un tiro al techo y se subió de un salto sobre una silla, gritando: «¡La revolución nacional ha estallado!». Hitler se había inspirado para aquella acción en la marcha sobre Roma que había llevado a Mussolini al poder en Italia un año antes. Quería utilizar Múnich como base de su lucha contra el gobierno de la República de Weimar, proclamar un Estado rebelde en Baviera e iniciar después una guerra con la intención de avanzar hasta Berlín. Gobierno provisionalLos nazis declararon inmediatamente un gobierno provisional en Baviera. Los cuarteles de la Reichswehr y los de la policía eran ocupados e hicieron algunos rehenes entre los miembros del Gobierno bávaro. «Hitler declaró que la revolución nacional iba dirigida únicamente contra el Gobierno judío de Berlín», informaba ABC el día siguiente, cuando las fuerzas de Ernst Röhm, entre las que se encontraba Himmler, ocuparon el Ministerio de Defensa bávaro y se enfrentaron a las fuerzas gubernamentales. «La revolución había dado comienzo ya», insistía un Hitler que cometió el error de dejar en libertad a los tres hombres del Gobierno retenidos en Bürgerbräukeller. Les había dado su compromiso de apoyar el golpe de Estado, pero, tras ser liberados, dieron inmediatamente las órdenes a la Policía de acabar con la revuelta. La marcha de HitlerAnte esta situación, Hitler decidió marchar sobre Munich con el mariscal Ludendorff a la cabeza. El futuro «führer» estaba convencido de que no solo la Policía no dispararía contra estos veteranos de la Primera Guerra Mundial, sino que, además, se uniría a ellos.Pero no salió como él esperaba. Los 2.500 hombres que marcharon con Hitler hacia el ayuntamiento de Munich, primero; el Ministerio de Defensa, después, y la Odeonplatz, por último, se encontraron finalmente con las fuerzas policiales bloqueándoles el paso. En aquel instante, ambos grupos armados quedaron frente a frente durante unos segundos, hasta que, de repente, sonó un disparo y comenzó un importante tiroteo. Nunca quedó claro quién realizó el primer disparo, pero rápidamente se supo que el mismo Hitler y Göring resultaron heridos. Aunque el segundo consiguió huir, Hitler fue detenido. El golpe de Estado había fracasado. Parecía que todo había acabado, pero no era más que el principio de un camino en el que Hitler, desde el mismo juicio que le llevaría a la cárcel, se hizo un líder mundialmente famoso. por Israel Viana Fuente: 

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Diario ABC 8/11/2013

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