Historias y leyendas en los ladrillos de un viejo hotel de barrio que revive

 La recuperación del Gran Hotel del Paso Molino dio paso a un centro cultural que ofrece cursos, visitas guiadas por el barrio y recreaciones históricas. El legendario edificio incluirá en breve una sala de teatro.

Durante 150 años, el Gran Hotel del Paso del Molino dio una vida al barrio que paulatinamente fue perdiendo. Por allí pasaban importantísimas figuras de la cultura, turistas y hombres de negocios, en una época que hoy se antoja como muy lejana.Sin embargo, tras varios años de decadencia y ruina, el edificio acaba de devolverle parte de esa vida al barrio. Es que, hace cuatro años, el  arquitecto Daniel Majic decidió comprar el ruinoso edificio para evitar su derrumbe, lo recicló y lo convirtió en un centro cultural. Y muchas de las historias que quedaron entre esas paredes están reviviendo.La situación no era fácil. Las dos tambaleantes plantas del inmueble eran una amenaza para los peatones y el apuntalamiento tradicional era inviable. Se optó por colocar cuatro contenedores de forma vertical, para proteger la fachada del edificio, lo que generó más de una polémica en la facultad de Arquitectura. El edificio de 1860, finalmente, se salvó.El hoy llamado Paseo del Hotel es un multiespacio de recreo y cultura. El edificio es un testimonio material de los cambios sociales, culturales y políticos desde 1860 a la fecha.  Fue construido para hospedaje, sobre la avenida Agraciada en el Paso del Molino, junto a la Posta de Diligencias que existía en ese entonces, sobre la margen derecha del arroyo Miguelete, donde tres años antes se había construido el primer puente de material para llegar al oeste de Montevideo.Hoy, el viejo hotel se está cargando de contenido, de varias actividades y disciplinas culturales como tango, candombe, guitarra, canto y murga, entre otros. En otra área del edificio hay una sala para audiovisuales para la previa de la visita guiada, donde se recibe información general del Paso Molino, de lo que fue, y de lo que es el barrio.Otro espacio está dedicado al monumento que se encuentra enfrente del hotel, La diligencia, de José Belloni. Mediante fotografías y textos se cuenta lo que fue ese medio de transporte para el Montevideo de aquella época. Porque la esquina donde está el Paseo del Hotel, Agraciada y Zufriategui, fue además la terminal de todos los medios de transporte colectivos según la época: la diligencia, el tranvía de caballitos, el tranway o el ferrocarril.El Paseo del hotel ofrece también Senderos del Miguelete una recorrida guiada por el arroyo donde se va descubriendo la flora y la fauna que existe en su entorno, y su historia. “Esto lo hacemos en coordinación con la gente del Museo de Historia Natural, que a su vez sirve de punto de partida para ese recorrido que se propone”, explicó Majic. Con esto se busca también resaltar los avances que se han hecho en la descontaminación de la cuenca del arroyo, que desentonaba con la naturaleza salvaje y esplendorosa del Prado.Hace 10 días el proyecto fue declarado de interés cultural, por el Fondo de Incentivo Cultural. Daniel Majic dijo que esto supone que la empresa que financie la sala de teatro para 80 personas que se prevé instalar en la parte alta del edificio va a recibir el 80% en retorno por la inversión y futuras exoneraciones impositivas. “Nosotros queremos que sea una sala de calidad, que no se distancie de las tradicionales del centro de la ciudad. Porque muchas veces vemos que las cosas que se hacen en la periferia no tienen el mismo nivel que las que se encuentran en el corazón de la ciudad. No queremos que la cultura se concentre. Si no, terminamos todos en los shopping o en sus alrededores”, argumentó Majic.Esperan que la idea sea bien recibida y  por eso están con “varios frentes abiertos”. Además, cuentan con el movimiento turístico que atrae La diligencia. Para los extranjeros o gente del interior del país que viene a Montevideo, el monumento de Belloni es una visita obligada. “Pretendemos que la gente que va allí cruce a nuestro edificio como parte del circuito turístico.  Por eso queremos contar también con algún local de comidas típicas uruguayas para ofrecer al extranjero y, por qué no, también al vecino montevideano”, dijo Daniel Majic. Los costos son, como siempre, el problema, y por eso es inevitable tercerizar alguna de estas áreas de servicios, para que “la falta de dinero no termine siendo responsable de una baja en la calidad de lo que ofrecemos”, apuntó. Otro de los atractivos del lugar, que aún se esta digitalizando, es un archivo de audio de cinco horas, donde los vecinos del barrio, que “se peleaban por hablar”, relatan historias, cuentos, anécdotas y leyendas del barrio Paso del Molino. “Tenemos muchos reconocimientos, algunos muy emotivos” como el del Ministerio de Educación y Cultura, o el de la Intendencia de Montevideo, comentó el arquitecto. “El tema es que a nivel privado en este país es muy difícil. Frases como “cuando esté terminado avisame o pasame el paquete de rentabilidad” te dejan el ánimo por el suelo. Pero seguimos adelante, es un riesgo que asumimos. Estamos embarcados en esto con mucho entusiasmo, no sé si por inconscientes o por valientes”, confesó Majic.El proyecto también busca colaborar en la construcción de una convivencia social más sana que la actual. Para ello se apela a la responsabilidad de los empresarios, ya que “no alcanza con hablar o demandar, hay que apoyar proyectos como este que buscan la integración social a nivel barrial”.El lugar está todavía en reconstrucción, pero ya se adivina qué es cada cosa. Saber que allí se alojaron Carlos Gardel o Jorge Luis Borges añade un atractivo especial. El mítico escritor contó alguna vez cómo se bañaba en el denominado arroyo “quitacalzones”, que no era otro que el arroyo Miguelete.También pasaron por allí la poetisa Delmira Agustini y un famoso general brasileño de la época, Osorio, que venía frecuentemente a reposar al hotel del Paso Molino para recuperarse de las heridas de la guerra de la Triple Alianza.Y cuentan también que en los pasillos del hotel hubo un asesinato que nunca fue aclarado. Porque el barrio tenía sus bemoles, Después de la época dorada pasó a ser un lugar arrabalero, de fondas, juegos clandestinos y duelos sangrientos. Todas historias que, con esta reapertura, vuelven a cobrar vida. por Andrés Ricciardulli Fuente: 

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 Diario El Observador 9/6/2012

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