Historia de un retrato

Una anécdota de Quinquela Martín, como parte de una muestra homenaje.

En 1960 lo invitaron a la casa del concejal Ravina. Allí estaba el retrato de Octavio Carbone, que Quinquela había pintado 50 años antes. Ahora se exhibe en el Museo Quinquela.

El retrato de Octavio Carbone – Diario Clarín

Fuente: 

Diario Clarín 6/4/2010

Informacion Adicional: 

Quién fue Benito Quinquela Martin:

Fue dejado el 20 de marzo de 1890 en la Casa de los Expósitos ubicada en Av. Montes de Oca 40, del porteño Barrio de Barracas, a 200 metros de la Estación Constitución. Las Hermanas de la Caridad, a cargo de los niños, calcularon que tenía tres semanas de vida y por lo tanto se considera que había nacido el 20 de marzo.

El 18 de noviembre de 1897 fue retirado por un matrimonio muy humilde que vivía en La Boca, en una típica casa de alquiler y donde había un pequeño despacho de carbón, era la calle Irala al 1100, entre Olavarría y Lamadrid, cerca de la Plaza Matheu. Se habían casado en 1890 y no habían tenido hijos. Entusiasmados por una vecina que ya había «retirado» tres niños expósitos, visitaron el asilo de Barracas eligiendo a éste niño de más de siete años.

Ella, Justina Molina, era una mujer pequeña, de rostro quemado por el sol y de rasgos indígenas. Nacida en Gualeguaychú, Entre Ríos, poseía una bondad extraordinaria y era muy trabajadora. |

Él, Manuel Chinchella era genovés, nacido en Nervi. Había llegado a la Argentina de pequeño y vivió muchos años en Olavarría, Provincia de Buenos Aires. Allí convivió con los paisanos, se «acriolló» y adoptó las costumbres camperas.

Recaló luego en la Boca del Riachuelo donde lo llamaban «el gaucho Olavarría» por los cuentos y anécdotas de su paso por allí. Un hombre de una fuerza hercúlea, trabajaba en el puerto descargando bolsas de carbón.

En marzo de 1898 Quinquela ingresó a la escuela primaria Nro. 4 – hoy «Benito Quinquela Martín»- de la calle Australia 1081, a tres cuadras de su casa, que era dirigida por el pedagogo y dramaturgo José J. Berruti, allí tuvo como maestra a Margarita Erlin, a quien siempre recordó con mucho cariño. Le enseñó a escribir, a sumar y restar, pero al terminar el segundo grado la situación económica de sus padres no era buena y debió abandonar las clases para trabajar. A la mañana limpiaba y atendía la carbonería y a la tarde hacía los repartos a domicilio de carbón y carbonilla.

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A los catoce años Quinquela trabaja descargando bolsas de carbón en el puerto. Cada bolsa o canasta pesaba entre 30 y 60 kilos, Benito con físico pequeño cargaba poco pero era veloz. Benito también realizaba reparto de carbón a domicilio. Era una época de grandes luchas sociales y la Boca, barrio de trabajadores, de gremios y sindicatos que agrupaban a los obreros según el rubro a que se dedicaran. Luchaban por ocho horas de trabajo durante seis días a la semana, porque todos lo hacían sin tener horario y en la mayoría de las fábricas había también viviendas donde dormían los empleados para que rindieran más.

Benito no era ajeno a esta situación y participó en la campaña electoral que llevó a Alfredo Palacios a ser el primer diputado socialista de América.

A los veinte años Benito ya había decidido que quería dedicarse al arte y no pensaba en otra cosa más que en pintar. Quería abandonar su trabajo en el puerto pero tampoco podía prescindir de esos magros ingresos monetarios, por eso intentaba vender a los dueños y capitanes de barcos una obra donde estos quedaran retratados. También se ofrecía a pintar retratos al óleo, pero las cosas no le resultaban fáciles, a Francisco Borrone se lo canjeó por un café con leche y a otro cliente, Octavio Carbone, por un par de zapatos.

Se enfermó de tuberculosis, por lo cual fue exceptuado de realizar el Servicio Militar obligatorio.

Pasó una temporada en la Provincia de Córdoba para la cura de su enfermedad y mientras solía acompañar a Walter de Navazio, precursor del posimpresionismo en la Argentina. Benito eligió paisajes agrestes y detenía su mirada en las aristas filosas de las rocas y en los campos resecos.

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Regresó de Córdoba curado y con la firme intención de no trabajar más en el puerto y dedicarse de lleno a la pintura. Realizó envíos al Salón Nacional pero durante años sus pinturas fueron rechazadas.

Una tarde fría de julio, mientras Benito pintaba en el puerto con su amigo Facio Hebecquer, se acercó a ellos Pío Collivadino, director de la Academia Nacional de Bellas Artes. Después de conversar unos instantes con Facio se interesó por la obra de Benito, quien lo invitó a ver más cuadros suyos.

Recordaba Quinquela: En la carbonería, saqué mis cuadros y los fuí poniendo ante don Pío. Don Pío los iba mirando, uno a uno, sin hacer comentarios. Yo lo miraba a él, con el alma en un hilo. Cuando terminó se volvió hacia mí y me dijo unas cuantas frases que cambiaron mi vida.

Me dijo que tenía una manera nueva de ver y pintar… que en mis obras había personalidad y vigor… que yo podía ser el pintor de la Boca».

En 1918, el Salón Nacional acepta por primera vez una obra suya. Y gana el Tercer Premio por su cuadro «Escena de Trabajo en La Boca».

Económicamente le va muy bien ya que logra vender 8 cuadros.

Posteriormente realizó exposiciones en el exterior como la de la Escola Nacional de Belas Artes, en Brasil. En 1925 prepara una muestra para presentar en París. En esta ciudad lo visita el escultor Emile- Antoine Bourdelle y dice acerca de Quinquela que «era el fundador de una nueva escuela de arte, de una nueva forma de manifestar los sentimientos».

En 1974 el Fondo Nacional de las Artes le otorga el gran premio a Benito en razón de su trayectoria.

Artista reconocido y premiado dice de él el director del Museo de Bellas Artes de la Boca, Dr. Guillermo de la Canal: «Quinquela Martin posee la intuitiva ciencia de interpretar la realidad. A trazos rápidos, con paleta a veces hiriente en su propósito de reflejar la culminación de la luz sobre el color, llega a transmitirnos sensaciones que hemos palpado, que experimentamos alguna vez convencidos de que no existe lenguaje lo suficientemente brioso para transmitirlas. Quinquela es el hombre que posee dicho lenguaje y de ahí sus marinas…».

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Benito Quinquela Martín murió el 28 de enero de 1977.

Quinquela tuvo y tiene finalmente aquello que buscó con afán toda su vida: la Gloria.

Fue el pintor de La Boca,

Aún hoy se conserva la casa Museo de Benito frente al Riachuelo donde se pueden ver sus pinturas. También fundó una escuela y un hospital odontológico que aún funciona.

Fuente: Quinquela Martín, edición de Ignacio Gutiérrez Zaldívar, Zurbarán Ediciones.

MUSEO QUINQUELA MARTIN – Pedro de Mendoza 1835 – La Boca

Funciona en los pisos superiores de la Escuela Don Pedro de Mendoza, en los terrenos cedidos por don Quinquela Martín. El museo cuenta con una colección formada por los grandes óleos del pintor y también de otros creadores nacionales del arte figurativo elegidos por el mismo Quinquela Martín, como las obras de Spilimbergo, Victorica, Lacámera, Sívori y Policastro, entre otros. Cuenta con doce salas de exposición, y en una de ellas se destacan los grandes mascarones de proa creados por el artista. Posee una importante terraza en la que se destacan importantes esculturas, y en el último piso se encuentra el atelier y la vivienda donde residía el gran pintor y la vista privilegiada del Riachuelo que le permitía observar los avatares de su cauce y la llegada y acontecimientos de los barcos que anclaban y zarpaban. Allí se conserva su pequeña habitación, reproducida exactamente como él vivía con sus objetos personales y la precaria decoración que demuestran la humildad con la que elegía vivir. También encontramos objetos, fotos y testimonios que permiten reconstruir gran parte de su vida.

 

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