Harriet Beecher Stowe (1811-1896)

Nació la novelista norteamericana más ilustre del siglo XIX, en la localidad de Lichfield, de Connecticut, y dio sus primeros pasos en Hartford. Su papá, Lyman Beecher, desempeñó el cargo eclesiástico de pastor con ideas calvinistas; la madre, Roxana Foote, la mantuvo sujeta a reglas severas.

Durante un tiempo vivieron en Boston, y en 1832 se mudaron a Cincinnati. Esta ciudad profesaba ideas abolicionistas de las que se hizo eco Harriet.

Lyman Beecher sería ahí mismo nominado presidente del Seminario Teológico de Lane, y la adolescente trabó amistad con grupos que consideraban a la esclavitud un desarraigo de lo humanitario, y empezó a escribir sus historias.

Habiendo fallecido Roxana, Harriet tendrá que obedecer a una madrastra de carácter más férreo aún que su difunta mamá.

No obstante, poco a poco ella irá liberándose del obsesivo calvinismo familiar mediante la escritura, donde expresará luminosos pensamientos piadosos y caritativos hacia los semejantes, especialmente los desvalidos apresados por la esclavitud.

En muchos de los trabajos literarios, esta escritora pone de manifiesto ideas contradictorias acerca de una convivencia que obliga a acatar y aceptar ciegamente sin derecho a réplica alguna.

En 1836 contraerá matrimonio con Calvin Stowe, mudándose a Brunswick, Maine; allí, el marido fue académico en el Bowdoin College. De tal profundamente consumado connubio nacieron siete hijitos. Madre primeriza, Harriet prodigó al hogar dos gemelas: Hattie y Eliza; volvió a embarazarse de un varón: Frederick Williams. Eran felices cuando asoló a la población una epidemia de cólera que les arrebató a Samuel Charles, desgracia que sumó al ánima de Harriet en silencio breve lapso.

Leer y escribir significaban para esta inteligente señora la manera de comprender historias y aventuras de los personajes descendientes de los inmigrantes y peregrinos de Brunswick.

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La autora colaborará en el periódico El Nacional, por entregas de episodios con acento afroamericano, que recopilados en tres tomos resultarán la famosísima novela titulada La cabaña del tío Tom, que en menos de cinco años vendió 500 mil ejemplares y, traducida a todos los idiomas, fue la obra más reconocida del mundo entero.

La temática de La cabaña del tío Tom recala en el drama sureño estadounidense en torno de la negritud: los dueños de latifundios compran personas traídas por piratas negreros y las venden en los mercados, mostrando las cualidades de fortaleza de cada individuo como los hacendados proceden con el ganado que valúan de acuerdo…

Es una novela de apariencia suave y para ser leída en las clases de las escuelas primarias, que provocará los temblores iniciales del movimiento abolicionista en EE.UU. Nos atreveremos a decir que varias generaciones la leyeron y se emocionaron con la tristeza de la nena negra de trencitas atadas con moños rojos, acicalada para darla al comprador, y con otras escenas que aunque parezcan fantasías fueron ciertas.

El año 1862, durante la guerra civil, Harriet Beecher Stowe se encontró con el presidente Abraham Lincoln, quien viéndola en un grupo entusiasta y tumultuoso, expresó: “¡Así que eras la pequeña mujer que escribió el libro y ha iniciado esta gran guerra!”. Pequeña porque, estaturalmente, la autora medía un metro cincuenta.

Vuelve a su mesa de trabajo y da a la estampa otras novelas: Una llave para la cabaña del tío Tom, Dred: relato del gran pantano y El cortejo del Ministro; artículos y narraciones de tonalidades campesinas o suburbanas; también algunos versos.

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Poco antes de la partida al más allá, publicó La perla de la isla Orr, La esquina de la chimenea y Tiranía, rosa y blanca. Los restos de esta ejemplar dama duermen en los campos de la Academia Philips, en Massachusetts.

por Aurora Venturini
 

Fuente: 

Diario Página/12 29/4/2011

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