Hace medio siglo, Alí se volvió el más campeón de todos

El aniversario es hoy. Pasaron 50 años desde la consagración, quizás más explosiva en la historia del boxeo moderno. Un morocho pintón y espigado, de 1,91 de estatura, de piernas veloces y lengua suelta, con aires de poeta, altanero, provocador, que había logrado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Roma, cuatro años antes, y que llegó al enfrentamiento con Sonny Liston, el campeón -ex convicto, manejado por la mafia- con apenas 19 peleas y sólo 22 años, y al que los expertos le pronosticaban una paliza inolvidable “que le cerraría su bocaza ”, se quedó con la corona de los peso pesados.

La pelea se realizó en el Convention Center de Miami el 25 de febrero de 1964. Sonny Liston, derrotado, no salió a combatir en el séptimo asalto luego de haber probado todas las irregularidades, como la de dejarse colocar en los guantes una sustancia para enceguecer a su rival. El joven , Cassius Marcellus Clay, esa misma noche pasó a llamarse Muhammad Alí de acuerdo con su conversión a la religión musulmana. Y comenzó su carrera incomparable cambiando la imagen de la categoría de los pesados con sus movimientos de bailarín y la precisión de sus descargas veloces. Lo noqueó en el primer asalto a Liston en la revancha. Y siguió con su invicto arrasando a todos sus rivales hasta 1967. Sin parecerse a ese chico tímido de Lousville, Kentucky, que una vez -a los 12 años- decidió aprender boxeo para buscar y darle escarmiento a los responsables del robo de su bicicleta. En pleno esplendor se negó a ir a la guerra de Vietnam, por razones religiosas, y perdió tres años preciosos de su carrera. Porque fue condenado a 5 años de prisión y 10.000 dólares de multa. Quedó libre bajo fianza y siguió con sus apelaciones hasta que en junio de 1971 la Corte Suprema falló a su favor. Pero antes sólo pudo conseguir su licencia para pelear con Jerry Quarry, y noquearlo, en Atlanta, en octubre del 70. Y poco más de un mes después, le ganó a Oscar Bonavena en el último asalto en el Madison de Nueva York, el 7 de diciembre. En marzo del 71 empezó la feroz trilogía de peleas contra Joe Frazier, campeón en su ausencia. Y perdió su invicto en la primera, en el mismo Madison, tras ser derribado en el último asalto. Hizo cuatro peleas en el 71 y seis en el 72 . Hasta que llegó su gran 1974. Primero se tomó revancha con Frazier al vencerlo por puntos. Esa noche en el Madison, Frank Sinatra fue fotógrafo para la revista Life y el escritor Norman Mailer escribió la crónica. Fue entonces en búsqueda del título mundial que ostentaba el gigante George Foreman, invicto en 40 peleas. Ocurrió en Kinshasa, capital de la entonces Zaire (hoy Congo). Y fue una fiesta de semanas. Consiguió tener a los africanos a su favor acusando a Foreman de ser un “un negro con alma de blanco”. Fiel a su estilo . Recostado contra las cuerdas aguantó el furioso asedio del campeón hasta noquearlo – como un torero – con una perfecta combinación en el octavo asalto. Le ganó la tercera a Frazier, en otro encuentro épico, en Filipnas, en 1975. Joe no salió para la última vuelta. Pero los dos terminaron hospitalizados. Tres veces campeón mundial. Ganó 22 peleas titulares. Se lo considera el más grande de todos los tiempos. Hoy tiene 72 años y desde 1984 sobrelleva el mal de Parkinson. Una triste paradoja. por Horacio Pagani Fuente: 

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Diario Clarín 25/2/2014

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