Hace 75 años se consumó el negociado de la Chade

El 29 de diciembre de 1936, 75 años atrás, se consumó, en la hoy Ciudad Autónoma de Buenos Aires, uno de los actos de corrupción más significativos de la historia argentina; uno de los que hicieron que los años 30 del siglo pasado sean conocidos como los de «La década infame»: la prórroga de los contratos eléctricos a favor de la firma Sofina.

Fue el famoso negociado de la CHADE (Compañía Hispano Argentina de Electricidad), el que junto con el posterior de los terrenos de El Palomar, comprados por el Estado nacional para asentar allí el Colegio Militar, constituyeron los escándalos más grandes ligados con la corrupción económica en la Argentina hasta la etapa iniciada en 1976 por el Proceso militar.

Sobre ellos fue que el periodista José Luis Torres se basó para calificar al período como «La década infame». El de los terrenos de El Palomar fue perpetrado por los militares conducidos, por entonces, por el ministro de Guerra, el general Basilio Pertiné, responsable máximo de la fraudulenta operación inmobiliaria. Pertiné fue abuelo de Inés, la esposa del expresidente Fernando de la Rúa; del almirante Basilio Pertiné, el aviador naval de «Los vuelos de la muerte»; y de Julio Pertiné, exdirectivo de Yacyretá que en su momento recibiera acusaciones de fraude contra el Ente Binacional.

El negociado de la CHADE, empresa que luego se denominó CADE (Compañía Argentina de Electricidad) y más tarde SEGBA (Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires), fraccionada y privatizada por Carlos Saúl Menem, fue votado en el entonces Concejo Deliberante de la

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                   Frente del Edificio Volta, donde funcionó la Chade

ciudad dominado por los radicales. El hecho mereció de parte del entonces presidente Agustín Pedro Justo el siguiente comentario: «Es el primer caso de un partido que se corrompe desde la oposición».

Cada concejal de la Unión Cívica Radical (UCR) y los demás que los acompañaron habían recibido un soborno por prorrogar la concesión de la CHADE a favor del grupo Sofina, de capitales del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, por 40 años. Algo que en el transcurso del debate en el entonces Concejo Deliberante fue denunciado por el legislador José Fernando Penelón, del Partido Concentración Obrera, escisión del Partido Comunista. Ese dinero sirvió luego para la construcción del edificio partidario de la calle Tucumán al 1600, actual comité porteño, según fue denunciado en su momento.

Siendo presidente el general Pedro Pablo Ramírez, en 1944, ordenó la investigación de los hechos, tarea que encargó al coronel Matías Rodríguez Conde, con quien colaboraron Juan Pablo Oliver y Juan Sábato. El «Informe Rodríguez Conde» fue lapidario, pero algún tiempo después desapareció.

En medio de los debates del Concejo Deliberante un joven dirigente radical correntino denunció los hechos y fue herido de bala. Algo menos de 22 años después, ese joven se convirtió en presidente de la Nación; se trataba de Arturo Frondizi. La dirigencia partidaria obstruyó en diferentes oportunidades la investigación de la participación radical en el negociado.

La violencia era parte intrínseca del régimen conservador de «La década infame». En 1935 el comisario Ramón Valdez Cora había asesinado en pleno recinto del Senado de la Nación al legislador santafesino Enzo Bordabehere (nacido en Paysandú, Uruguay), hombre de confianza de Lisandro Nicolás de la Torre. En ese momento se discutía en la Cámara alta el Tratado de Londres, más conocido como Pacto Roca-Runciman, otro de los grandes cuestionamientos incluidos en ese período. De la Torre, abrumado, se suicidó algo más de tres años después.

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En ese mismo 1936 del negociado de la CHADE, precisamente, la Argentina y el Reino Unido habían renovado el Tratado de Londres como de una consecuencia del acuerdo entre Manuel Malbrán y Anthony Eden, luego primer ministro de su país en la segunda posguerra mundial como sucesor de Winston Churchill, de quien había sido el hombre de mayor confianza. Cabe señalar que el Tratado de Londres de 1933 se había basado en el Acuerdo DAbernon, firmado con el Reino Unido durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen en 1929 y que quedó sin efecto a raíz del golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930.

No había sido un año feliz para la Argentina el de 1936, a pesar del Premio Nobel de la Paz otorgado al canciller Carlos Saavedra Lamas por su intervención para poner fin a la Guerra del Gran Chaco entre Bolivia y Paraguay y de la visita del presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt para participar en la Conferencia para la Consolidación de la Paz.

Ese año, entre muertos, heridos y detenidos hubo 2.000 víctimas de la represión durante un acto de la CGT en el marco de una huelga general y, claro está, se produjo el entierro de los supuestos restos de Carlos Gardel en el cementerio de la Chacarita, lo que motivó una de las concentraciones más grandes de la historia argentina. También fallecieron en 1936 la escultora tucumana Lola Mora; Jorge Brown, el mítico futbolista de Alumni; y el gaucho Segundo Ramírez, en San Antonio de Areco, en quien Ricardo Güiraldes se inspiró para su «Don Segundo Sombra». Claro que también, como contrapartida, el arquitecto Alberto Prebisch concluyó la construcción del Obelisco porteño y la delegación argentina obtuvo dos medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Berlín, desde los que Adolf Hitler pretendió mostrar al mundo la presunta superioridad del hombre alemán como exponente de la pureza aria, la etnia que hace unos 4.000 años se expandió desde Bactriana, en el actual Afganistán.

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(*) Periodista y profesor de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y de Historia Económica Argentina en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.

por Fernando del Corro, profesor de Historia y docente universitario.

Fuente: 

Diario Ambito Financiero 29/12/2011

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