Federico Fellini, 20 años sin el forjador de sueños

Aunque cualquier momento es bueno para recordarle, coincidiendo con el 20 aniversario de su muerte y el 50 aniversario de uno de sus mayores hitos cinematográficos, Fellini, ocho y medio (1963), la editorial Taschen ha reeditado Federico Fellini. Filmografía completa (9,99 euros), un detallado repaso por la vida y obra del cineasta italiano, firmada por Paul Duncan -autor de 50 libros de cine para la editorial alemana- y Chris Wiegand.  

Como «uno de los maestros del relato cinematográfico» presentó a Fellini otra grande del cine italiano, Sofía Loren -con la que nunca llegó a trabajar, aunque estaba en el proyecto de su película nunca realizada, Il viaggio di G. Mastorna- cuando le entregó su quinto Oscar, el honorífico a toda su carrera. Fue un 29 de marzo de 1993, siete meses antes de morir; y Fellini viajó a Hollywood ya con su salud afectada. Fellini ya había recogido otros cuatro Oscar a mejor película de habla no inglesa -La strada (1954), Las noches de Cabiria (1957), Fellini, ocho y medio (1963) y Amacord (1973)-, covirtiéndose en el cineasta más premiado en esta categoría hasta ahora. Il maestro cosechó otras doce nominaciones a la estatuilla de Hollywood, incluida la primera nominación de un extranjero a mejor director por La dolce vita (1960); además de galardones del prestigio de la Palma de Oro de Cannes por esta misma cinta.  En sus 192 páginas, el libro de Taschen recoge todos estos éxitos, y también algún otro fracaso, desde las imágenes del Fellini niño en Rímini, a las de sus rodajes, con una interesante selección de citas del propio Fellini, áquel que también afirmaba que en su obra «todo y nada es autobiográfico», creando la confusión que tanto le gustaba generar en torno a su figura. Esa «contradicción andante» que suponía el cineasta es la que pretende analizar Federico Fellini. Filmografía completa.    Álter ego y musaPaul Duncan relata la carrera de Fellini de manera cronológica, arrancando con el Fellini que con 7 años visitó por primera vez el circo -algo que le marcaría para el resto de su vida- hasta sus primeros trabajos en el cine como guionista para Roberto Rossellini (Roma, ciudad abierta, 1945). En su debut como codirector junto a Alberto Lattuada, Luces de variedades (1950), ya apareció su esposa y musa, Giulietta Masina dando vida a la icónica Cabiria, y dos años después en la primera película que firmó en solitario, El jeque blanco (1952). Masina marcaría su trayectoria personal y su carrera cinematográfica, al igual que su álter ego, Marcello Mastroianni; aunque curiosamente no trabajaría con los dos cara a cara hasta su penúltima película, Ginger y Fred (1985). Sus «películas de redención» (La strada, Almas sin cociencia y Las noches de Cabiria), además de llevarle del neorrealismo al individualismo fantástico, le abrirían paso a convertirse en un director superestrella internacional con títulos tan míticos e imprescindibles en la historia del cine como La dolce vita (1960) y Fellini, ocho y medio (1962), con su doble Mastroianni en pantalla – la última, en cuyo título sumó el número de películas que había rodado hasta entonces sumando medio punto por las codirigidas, fue siempre su preferida-.  En las dos últimas décadas de su vida, Fellini firmaría títulos que contribuirían a forjar su leyenda como monstruo cinematográfico como, entre otros, Satiricón (1969), Amacord (1973), Ginger y Fred (1985) o Entrevista (1987), un homenaje a los estudios Cinecittà, en su 50 aniversario, y a sí mismo. La voz de la luna (1990) fue la última película de este «poeta y soñador, mago y showman, titiritero y cuentista», que «contó historias sobre pueblos y grandes ciudades, sobre don nadies y celebridades, pecadores y santos. Creó iconos tan queridos como Gelsomina o Cabiria, álter egos cinematográficos como Marcello Rubini y Guido Anselmi, y reimaginó figuras históricas, como Casanova. Encumbró al estrellato a Marcello Mastroianni, Anouk Aimée, Anita Ekberg y Guilietta Masina. Y todo mientras creaba con minuciosidad su propio mito, el cual, casi una década despúes de su muerte, permanece intacto». Así concluye Paul Duncan su repaso a la biografía de Fellini. Solo cabe actualizarla para precisar que su mito sigue «intacto» dos décadas después de su muerte.  Fuente: 

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www.rtve.es 31/10/2013

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