Faltan fondos para abrir su museo

La célebre casa de Santos Lugares Las obras se hicieron con plata de la Provincia, pero no alcanzó. Y no les llegó ningún otro apoyo oficial.

Está casi todo listo. Falta restaurar el sótano de la casa de Santos Lugares, donde se refugiaba Ernesto Sábato “cuando la dictadura amenazaba”. Así lo recuerda su hijo Mario Sabato, que ayer difundió una carta que le escribió a su padre (ver De los funcionarios nacionales…), que murió en 2011. “Cuando teníamos que decirnos algo importante, mi padre y yo recurríamos a las cartas. Mi padre está vivo en el afecto de su pueblo, y tengo la esperanza de que sepa de esta carta que ahora le escribo”, explicó.

Casi todo listo, pero no tanto como para que la casa se inaugurase como museo el martes pasado, aniversario del nacimiento del autor. “El subsidio de 500.000 pesos del Instituto de Cultura de la Provincia de Buenos Aires y del municipio de Tres de Febrero tardó dos años –de 2011 a 2013– en hacerse efectivo y perdió valor adquisitivo”, explicó Mario en diálogo con Clarín. En sus palabras hay señalamientos: “El ex secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia, había dicho que vendría en marzo, pero no dijo de qué año y nunca vino”, dijo Mario, que agregó que no tuvo comunicación con la gestión de la actual ministra, Teresa Parodi. “El plan A es reunir los fondos y abrir el museo: falta equiparlo con seguridad, dinero para un mínimo de empleados, pantallas en las que mi padre irá narrando la casa”, dijo el cineasta. El plan B es abrir como está ahora y la fecha límite es a fines de septiembre, para conmemorar los 30 años del Nunca Más. Ni la Universidad de Tres de Febrero ni otras, señaló Sabato hijo, se interesaron en el archivo del autor. Por eso, dijo, “me estoy contactando con universidades norteamericanas, pero me gustaría dejar una puerta abierta a las nacionales y al Ministerio de Cultura para que reaccionen”.  Querido Papá: Entre tantas cosas, me enseñaste a asumir las responsabilidades. He hecho, y sigo haciendo, mucho para cumplir mi promesa de convertir la casa de Santos Lugares en un museo vivo, abierto a la comunidad. Pero no he logrado que lo inauguremos el 24 de junio, festejando tu cumpleaños con las puertas abiertas, para que entren todos los que quieran celebrarlo con nosotros. Es verdad que este junio no es propicio para inaugurar nuestro sueño. A los argentinos nos sacuden las pasiones del Mundial y nos agobian los temores por nuestro futuro, amenazado por los buitres. Pero también es cierto que todavía no estamos en condiciones de abrir el Museo y es justo que asuma mi responsabilidad, con vos y todos los que te quieren. Desde el principio nos acompañan el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires y la Municipalidad de Tres de Febrero. El Municipio hace todo lo que puede. El Instituto nos permitió restaurar gran parte de la Casa, y hoy está gestionando otro subsidio que nos ayude a terminar lo que falta y tener los recursos para equipar el Museo. Pero esto lleva su tiempo administrativo, más allá de la buena voluntad. Son las dos únicas instituciones gubernamentales que nos ayudan, y no fue un gran mérito mío conseguir su apoyo. De inmediato, y con gran entusiasmo, tomaron este sueño como propio. Tuvimos, seguimos teniendo, un fuerte y generoso apoyo de los medios de comunicación, de los canales de televisión, las radios y todos los diarios del país y muchos del exterior. Nos ayudan, nos siguen ayudando, para que crezca nuestro sueño de compartir tu legado, que no es mío, que es de todos. Con tanta y tan generosa difusión de lo que estamos haciendo, de nuestras necesidades y de la importancia de resguardar la memoria de tu ejemplo, debería haber sido fácil, para alguien más capaz que yo, conseguir el apoyo de las universidades de las que fuiste Doctor Emérito. Pero ni siquiera logré que la Universidad del distrito, que es poderosa y hace tantas cosas, se interesase. Se que debería ser una cuestión de Estado proteger y difundir el legado de alguien que tanto hizo por la cultura de nuestro país, que se jugó, a riesgo de su vida y a costa de su salud, por restaurar la justicia en un país arrasado. No ignoro que esto está por encima de banderías partidarias y de intereses fugaces. Lo que todos sabemos, es obligatorio que lo sepan también los circunstanciales funcionarios de la cultura nacional. Fue muy fácil para otros tener su apoyo. Yo no conseguí otra cosa que tres años de silencio. No quiero que caigas en esas depresiones que tanto nos agobiaban en casa. Quedate tranquilo (aunque me cuesta imaginarte tranquilo, aún después de muerto) porque lo vamos a lograr. Nos siguen miles de amigos, muchos han aportado lo que pudieron, todos nos alientan. Vamos a abrir el Museo, más temprano que tarde. Con lo que tengamos, aunque no sea lo suficiente. Con lo que nos pueda dar el municipio. Con el esplendor, que se merece, si la burocracia no se empeña en retardar, otra vez, el apoyo de la Provincia. Te repito, me repito: vamos a abrir el Museo. Y que nos alegre y nos de fuerzas esa canción que tanto nos gustaba, la que nos recuerda que no hay caminos, que se hace camino al andar. Marito  Fuente: 

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Diario Clarín 26/6/2014

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