Falleció compañero del Che en viaje por motocicleta

El argentino Alberto Granados, el hombre que acompañó a Ernesto Che Guevara en su viaje por motocicleta en América Latina, falleció el sábado de muerte natural. Tenía 88 años.

La televisión estatal cubana informó que Granados «falleció repentinamente» en horas de la mañana (el sábado) el «entrañable amigo del Che», reportó una nota leída por el presentador del telediario de la televisión cubana.

«En su juventud Granados recorrió en motocicleta junto al Che el continente sudamericano en viaje legendario que dejó profundas huellas en ellos y fraguó una amistad que perduró más allá de los años. Su relación con el Che desde la temprana adolescencia de éste fue un ejemplo de sencillez y sincera amistad», agregó la información.

Granados nació el 8 de agosto de 1922, en Córdoba, era médico de formación y vivió en Cuba desde 1961.

Amigo de la infancia del Che, Granados lo acompañó en 1952 en un viaje en motocicleta por América Latina, que despertó la conciencia y convicción políticas del legendario guerrillero argentino.

De acuerdo a la «voluntad» de Granados, sus restos será cremados en la tarde del sábado en la capital cubana y sus cenizas serán esparcidas en Cuba, Argentina y Venezuela, precisó el reporte. 

 

 Murió Alberto Granado, el compañero del Che en su viaje en motocicleta
Fue a los 88 años y mientras dormía en su casa de Cuba, donde vivió tras el épico viaje.

Su corazón de 88 años dejó de latir mientras dormía en La Habana. Alberto Granado, el mejor amigo que tuvo Ernesto “Che” Guevara, el que en enero de 1952 invitó al futuro revolucionario a su viaje iniciático por Latinoamérica, “se nos fue para el silencio después de una noche de guarachear (bailar) de lo lindo”, contó a este diario con tono agridulce Susana Sanguinetti, su prima cordobesa de 70 años.

Leer también >>  El Prado, 362 días al año

“Deliecita (una de los tres hijos que tuvo Granado) me dejó el mensaje en el contestador: ‘Tía, no te aflijas, porque papá murió bien, muy tranquilito’. Después hablé con Delia, su mujer. Estaba triste pero entera, como siempre”. Susana es, a partir de allí, una catarata de recuerdos. “Mi madre lo amaba muchísimo porque cuando el Alberto nació, su mamá se enfermó feo y ella, que tenía 10 años, le amacaba la cuna con un pie mientras hacía los deberes en Hernando”, el pueblo del sur cordobés donde ambos nacieron.

Siempre con el artículo precediendo al nombre, como se estila en Córdoba, Susana recuerda al primo: “Mire, él pudo haberse quedado tranquilito en Venezuela, en el leprosario de Maiquetía donde le iba bien y donde se quedó cuando llegó en julio de 1952. Pero tenía cepa de revolucionario y prefirió irse junto al Ernesto (el Che) a trabajar en Cuba”.

Es entonces cuando la mujer respira profundo y refuerza lo que, siente, “debe” destacar en el día de su partida: “Todos en la familia sabemos que Alberto tenía ideas de justicia social que le fue inculcando al Ernestito antes de engancharlo para llevarlo a Ese viaje que era su sueño desde siempre. Ellos no pensaban la revolución de la misma manera, pero tenían claro que querían cambiar el mundo”.

La memoria allí se cruza con los diálogos que Clarín mantuvo con Alberto Granado en Córdoba y en La Habana: “Yo andaba loco por irme por Latinoamérica –memoraba orgulloso–, y cada dos por tres me metían en cana en alguna revuelta estudiantil. El Ernesto y el Tomás (su hermano) me llevaban comida a la comisaría. Eso hasta que un día lo pude convencer al Pelao (como también llamaba al Che) de que me acompañara”.

Leer también >>  Mayo, una revolución inconclusa

El resto es historia conocida: el viaje les cambió la vida a los dos y a tantísimas otras personas.

Alberto había nacido en Hernando, Córdoba, el 8 de agosto de 1922; y llegó a Cuba para quedarse el 23 de marzo de 1961. El propio Fidel Castro le encargó la fundación de la Universidad de Medicina en Santiago de Cuba y el desarrollo de la genética animal.

Susana se ríe cuando repite la anécdota que su primo le contó “muchas” veces. “Cada vez que le preguntaba cómo es Fidel, él me contaba lo mismo: ‘El tipo no duerme. Cuando estábamos haciendo esas vacas que daban como 400 litros de leche, el Fidel pasaba a la noche por la puerta de casa y me tocaba bocina y gritaba: ¿Qué estás haciendo, Granado? Y yo salía al balcón y le contestaba: ¿Y qué querés que haga? Estoy durmiendo. Me hacía bajar igual para conversar de los progresos. Eso era la revolución’”.

Casado con Delia en Venezuela, ambos tuvieron tres hijos: Alberto, que es profesor de historia; Delita, economista, y Roxana, deportóloga. Con ellos, sus parejas y sus cinco nietos, Alberto Granado vivía en una casa del barrio Miramar, en La Habana, a pocos metros de la casa donde vive, aún, Aleida Guevara March, la viuda de su amigo el Che.

Hasta allí llegué un día de enero de 1999. Cuando golpeé las manos en la vereda –porque Esa tarde al barrio le tocaba el “apagón” para ahorrar energía–, Granado salió al balcón para invitar a subir con su tonada cordobesa y socarrona.

Entre mates contó que el director Luis Puenzo le había regalado una computadora que estaba empeñado en aprender a usar. El trato fue claro: “Vos me enseñás a usar esta cosa, y yo te hablo de Ernesto”, dijo.

Leer también >>  Un desaparecido identificado en el Posadas

Tenía 77 años y la jovialidad de un treintañero. Inclinado sobre el teclado, y con sus dos dedos índices, luchaba con un entusiasmo admirable contra los “shift-F 10” de los sistemas de las PCs de entonces. En Granado, encorvado sobre la máquina, insultándola de vez en vez, aún estaba el recuerdo del Che. Restallante y vital en el tesón y la espalda de ese amigo suyo que nunca se rindió.

por María Platía

Fuente: 

Semana.com 5/3/2011
Diario Clarín 6/3/2011

Falleció compañero del Che en viaje por motocicleta
4.6 (91.38%) 480 voto[s]

Por favor, apóyanos compartiendo en tus redes sociales.

Deja un comentario

Cerrar menú