Falleció Carlos Robacio, comandante del B.I.M. 5

Estuvo a cargo del batallón que siguió luchando en Malvinas, aún después de que la Argentina se rindiera. Los gurkas decían que este grupo se asemejaba a «demonios tirando».

El contraalmirante IM (Veterano Guerra de Malvinas, RE) Carlos Hugo Robacio falleció en la noche del domingo pasado, en el Hospital Español de nuestra ciudad.

Con el grado de capitán de fragata comandó a 800 soldados del BIM 5 y a 200 del Ejército Argentino durante los combates desarrollados en el Monte Tumbledown, Sapper Hill y Monte William. Allí se enfrentaron con los paracaidistas ingleses y con los gurkas. Estos patriotas combatieron hasta agotar la munición, pese a haber llegado la orden de rendición.

Con la muerte de Carlos Robacio desaparece otro de los grandes jefes que tuvo la Argentina en el campo de batalla y del honor, en la Guerra de Malvinas.

En junio del año pasado, en una entrevista, Robacio, expresó que las Malvinas «seguían calando cada vez más en el corazón».

«Todo veterano tiene una obligación: mantener encendida la vela, porque si nosotros no lo hacemos, los políticos nuestros ignoran el problema, y tiene solución».

Según decía, «héroes son los que quedaron allá. Nosotros regresamos, somos felices, pero volvimos por ellos. A nosotros nos mandaron a pelear, a luchar contra un enemigo que sabíamos superior, y el mérito de todos los que estuvieron en Malvinas es exactamente igual».

Robacio luchó en el momento más crítico y feroz del ataque británico. «A pesar de eso –recordaba– se registró un grado increíblemente ínfimo de bajas: 30 muertos y 105 heridos. Como contrapartida, les provocamos al enemigo el más alto número de muertos: aunque no lo reconocen oficialmente, en la zona donde peleó el BIM 5 los británicos perdieron 359 hombres, ¿de donde saco esa cifra? ellos mismos me la dijeron».

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Pese a la inferioridad numérica que presentaban los argentinos, para los estadounidenses –que condecoraron a Robacio años después– Inglaterra no hubiera ganado a no ser por el apoyo de ellos. Muchas vidas se perdieron o se sacrificaron… «Los gurkas jamás se habían enfrentado a demonios tirando», reconocería más tarde, el jefe de operaciones de ese país.

«Yo no soy ni bravo ni valiente ni nada por el estilo. Soy un hombre común. Tengo miedo cuando cruzo la calle. Pero en Malvinas no pude tener miedo. No pude tenerlo porque creo que Dios no me dejó tenerlo, y la preocupación por mis hombres, su entrega, obviamente no me podían permitir el privilegio de tener miedo».

En algunas de sus últimas declaraciones, Robacio contó que en ese entonces se pensaba que si perdían serían fusilados al regresar a nuestro país.

«Eso fue un poco lo que pasó con casi todos los veteranos que tuvieron que sufrir el rechazo social en su propio país. Ese es el dolor que dura, la cicatriz que todavía queda en muchos veteranos. Pero nosotros luchamos porque creemos en la Patria, y la Patria existe. Los pueblos que no luchan por sus cosas desaparecen de la faz de la Tierra».

Hoy a las 10 se realizará una misa de cuerpo presente en las instalaciones del Cementerio Parque de Paz y luego, sus restos serán trasladados nuevamente a Bonacorsi.

 

 

 

 
 

Fuente: 

Diario La Nueva Provincia 31/5/2011

Informacion Adicional: 

MALVINAS, 25 AÑOS DESPUES : ENTREVISTA A CARLOS ROBACIO (ALMIRANTE RETIRADO. EX JEFE DEL BIM 5) 14/6/2007

«Yo creo que las bajas de los ingleses triplican las nuestras»

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Los británicos, no demasiado propensos al elogio, no vacilan en señalar que las fuerzas argentinas más difíciles de enfrentar en Malvinas fueron las del Batallón de Infantería de Marina 5, a cargo del entonces capitán de fragata Carlos Robacio. Se enfrentaron a los ingleses en Tumbledown, una de las batallas finales, junto a la de Monte Longdon. Un cuarto de siglo después, en su casa de Bahía Blanca, Robacio evoca.

—Estábamos convencidos de que peleábamos por lo nuestro. Malvinas hoy no sólo es un sentimiento, fue una gesta y creo que es tal vez la única cosa que nos puede unir a todos los argentinos. Yo estuve hace muy poco en una reunión en Gran Bretaña con los comandantes que me atacaron. Empezamos a combatir el 13 de junio. El 13 a la tarde nos hacen un ataque con una compañía reforzada que la aniquilamos. Teníamos muy buen fuego preparado. Pero cometimos muchos errores, hacía casi doscientos años que no estábamos en guerra, por lo menos en guerras clásicas. El BIM 5 era la única unidad que estaba equipada, ambientada y adiestrada para estar en Malvinas. Pero yo me enamoré del Ejército (risas) porque mis camaradas, sin tener nada, pelearon muy duro. Es difícil entender las condiciones en las que peleamos en Malvinas. Por eso cuando regresamos no me importó que nos sacaran medio ocultos porque yo pensé que, al haber sido derrotados, y yo que era comandante, íbamos a ser fusilados. Tuve un batallón con gente de un valor encomiable. El comandante de los gurkhas me escribió para decirme que jamás pasaron tanto miedo como cuando atacaron Tumbledown. Los ingleses no pueden creer que yo tuviera conscriptos: «No, sus hombres eran veteranos. No podíamos sacarlos de los pozos», me dicen hoy. Por eso creo también que las bajas inglesas triplican a las argentinas. La munición que pensábamos nos iba a durar veinte días, se agotó en un día y medio de combate. Nuestra artillería tiró diecisiete mil proyectiles en dos días. Y todos los hombres que lucharon en Malvinas fueron muy valientes. No hay registros en todo el siglo XX de unidades que hayan sido bombardeadas durante cuarenta y cuatro días y en el terreno de combate por más de sesenta, sin haber sido relevadas.

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